Ejes y modelos en la etapa actual de la integracion economica regional en America Latina.

Autor:Briceño Ruiz, José
 
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Resumen

Este trabajo se propone revisar el escenario actual de la integración regional en América Latina. En este sentido, se argumenta que en la región existe actualmente una fragmentación de la integración económica en tres ejes: un eje de integración abierta, un eje revisionista y un eje anti-sistémico. En cada uno de estos ejes se han adoptado distintos modelos económicos de integración. Acudiendo a Max Weber proponemos la existencia de tres tipos ideales de modelos de integración económica: el regionalismo estratégico, el regionalismo productivo y el regionalismo social. En el trabajo se analizan las interacciones existentes entre los ejes y los modelos de integración existentes en la región latinoamericana.

PALABRAS CLAVE: integración económica, modelos, América Latina, ALBA, Mercosur, Alianza del Pacífico.

Abstract

This paper analyses the current scenario of regional economic integration in Latin America. Thus, we argue that a fragmentation of regional integration in three axes currently exists in Latin America: an open integration axis, a revisionist axis and an anti-systemic axis. In each of these axes, different models of regional integration have been adopted. By using Max Weber's idea on ideal types, we propose three models of regional integration: strategic regionalism, productive regionalism and social regionalism. In the paper, we examine interactions between the current axis and models of economic integration in Latin America.

KEYWORDS: economic integration, models, Latin America, ALBA, Mercosur, Pacific Alliance.

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Axes and models in the current scenario of regional economic integration in Latin America

La integración latinoamericana está en una nueva fase de su desarrollo en la que emergen nuevas realidades y se ha roto el consenso en cuanto al modelo de integración que existió en la década de 1990. La denominación de esta nueva etapa es aún objeto de discusión. Autores como José Antonio Sanahuja (2010), Pedro Da Motta Veiga y Sandra Ríos (2007), han acuñado la expresión >, para definir la sustitución del contenido de la agenda de la integración latinoamericana, que pasó de estar centrada en la liberalización del comercio y las inversiones para dar prioridad a objetivos políticos, sociales y productivos. No está claro si para los autores señalados el regionalismo post-liberal es una etapa del regionalismo latinoamericano o un modelo de integración, pero para ellos sí lo está que el periodo del regionalismo abierto concluyó. Pia Rigirozzi, en cambio, prefiere utilizar la expresión >, en el cual se propone realizar una ruptura con el discurso hegemónico durante la década de 1990, que asociaba el regionalismo a los procesos de globalización bajo inspiración de las ideas neoliberales. En ese marco, el regionalismo se percibía como una respuesta defensiva a esos procesos globales. Para Rigirozzi, el regionalismo que se desarrolla en América Latina en el decenio de 2000 intenta ir más allá de ser un mecanismo defensivo y en vez de ello sería más bien un espacio de contestación y resistencia para enfrentar el neo-liberalismo y la hegemonía estadounidense (Rigirozzi, 2010).

En este trabajo se acepta que la integración latinoamericana está viviendo una nueva fase, en la cual varios países han roto claramente con las premisas dominantes durante la etapa del regionalismo abierto. No es fácil indicar cuándo se inicia esta nueva fase, pero sí pueden señalarse algunos momentos críticos, como la firma del Consenso de Buenos Aires en octubre de 2003 por Luiz Ignacio Lula da Silva y Néstor Kirchner, el colapso de la negociación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en la Cumbre de la América realizada en Mar del Plata en noviembre de 2005 o la reunión Cumbre de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CASA), realizada en Cochabamba, realizada en diciembre de 2006, en la cual se planteó un amplio debate sobre el modelo de integración que condujo a la transformación de esa iniciativa de integración en la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR).

Al margen de cuál sea el momento inicial, es claro que el regionalismo latinoamericano atraviesa por un nuevo período, caracterizado por su complejidad, por contradictorios momentos de continuidad y de ruptura con el modelo económico hegemónico en la década de 1990. Igualmente, el nuevo momentum regionalista se define por una compleja agenda, que no se limita a la integración económica (que en el decenio de los noventa privilegió la promoción de zonas de libre comercio o uniones aduaneras), sino que comprende objetivos políticos, estratégicos, sociales, además de intentar ampliar la dimensión económica de la integración al incluir objetivos de carácter productivo.

En este trabajo se adopta el concepto de > como la categoría ontológica objeto de análisis. El regionalismo se define como un proceso de tipo asociativo en que se producen en ámbitos espaciales delimitados del sistema internacional, denominadas > o regiones internacionales. Varios aspectos definen estas regiones. En primer lugar, aunque el elemento de la contigüidad geográfica es una variable para delimitar el regionalismo, esta se suele interpretar de manera algo flexible. Así, las > es considerada una región, cuya base institucional es la Organización de los Estados Americanos (OEA). No obstante, no existe contigüidad entre todos los países de esta región y su delimitación espacial es más bien dada por la ideas de Western Hemisphere o Hemisferio Occidental, promovidas especialmente por Estados Unidos. Algo similar sucede con el Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC en sus siglas en inglés), > en la cual no existe contigüidad geográfica entre todos los países, sino que su ámbito espacial es definido por la noción espacial >. En segundo lugar, una > es socialmente construida. En este sentido, se coincide con Björn Hettne y Fredrik Söderbaum (2000: 38), quienes asevetan que >. Finalmente, el regionalismo es un proceso que tiene diversas manifestaciones e intensidades. Así, el regionalismo comprende iniciativas de integración económica, de cooperación económica, de integración política o cooperación o concertación política. La intensidad de esas modalidades es variable. Por ejemplo, la integración económica regional puede expresarse desde la forma básica de una zona de libre comercio hasta la unión monetaria, pero incluso puede ir mucho más allá de lo comercial y expresarse en estrategia de desarrollo productivo conjunto.

Con base en estas premisas, se examina el estadio actual del regionalismo latinoamericano. El trabajo se centra en una dimensión específica de este último: la integración económica regional. En este sentido, se argumenta que en la nueva etapa post-liberal-post-hegemónica del regionalismo latinoamericano se observa la existencia de varios ejes de integración regional, que expresan la adopción de distintos modelos económicos, lo que a su vez es resultado de complejos procesos políticos y económicos que están teniendo lugar en la región desde inicios de la primera década del nuevo milenio.

  1. Los EJES DE LA INTEGRACIÓN ECONÓMICA LATINOAMERICANA

Ciertamente, como bien señala Roberto Russell (2010), la década de 1990 fue un periodo particular en América Latina, pues hubo cierta homogeneidad sobre la conveniencia de una estrategia de desarrollo basada en el libre mercado y la apertura. Se debe relativizar un poco ese consenso, pues existieron > en cuanto a la forma de aplicar esa estrategia. No fue igual el proceso de reforma económica en la Argentina gobernada por Carlos Menem que en el Brasil de Fernando Henrique Cardoso. El consenso y las distintas velocidades existieron en los procesos de integración: aunque todos adoptaron el discurso del >, varió la forma en que este efectivamente se aplicó. Así, mientras en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se optó por un modelo de radical apertura acompañada por normas OMC plus para los temas vinculados con el comercio, en el Mercado Común del Sur (Mercosur), se excluyeron del acuerdo sectores considerados estratégicos y no se adoptaron normas OMC plus. No obstante estos matices, en términos generales en la mayoría de los esquemas regionales creados o relanzados en la década de 1990, el núcleo central de la estrategia de integración era la promoción del libre comercio y la búsqueda de la inserción internacional. Este era el modelo de integración hegemónico y era en torno a este modelo que existía cierta homogeneidad.

En la nueva etapa del regionalismo latinoamericano que se desarrolla a partir de 2003 no existe homogeneidad. En vez de ello se observa una heterogeneidad o fragmentación, expresada en la existencia de varios ejes de integración regional con modelos económicos marcadamente distintos. Puede señalarse que la evidencia histórica demuestra que en la fase del regionalismo abierto también existieron ejes. Así durante el primer lustro de la década de 1990 en el Cono Sur se pudo observar una fuerte regionalización de la interdependencia comercial en torno al Mercosur, al que se sumarían Bolivia y Chile como miembros asociados en 1996, mientras que la región andina se producía una reactivación de la integración andina en torno al dinámico núcleo Caracas-Bogotá (cf. Gutiérrez, 1999). Igualmente, México, Colombia y Venezuela intentaron crear un eje de integración en la Gran Cuenca del Caribe, mediante la creación del Grupo de los Tres (G-3), que se articularía con las iniciativas de cooperación e integración que se desarrollaban en América Central y el Caribe Insular (cf. Giacalone, 1999). No obstante, con sus matices y variantes todos esos ejes compartían un modelo de integración basado en la apertura comercial y la inserción internacional. El escenario actual es diferente, pues no se trata solo de que existen al menos tres ejes de integración, sino que estos proponen diversos modelos de integración, en algunos aspectos contradictorios.

En el presente trabajo se examinan estos distintos ejes de...

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