Drogas, alcohol y espacio público

Autor:Iván Garzón Vallejo
Cargo:Profesor Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, Universidad de La Sabana
Páginas:1-2
 
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La reciente sentencia de la Corte Constitucional C-235/19 –de la cual sólo conocemos el resumen de la misma vía comunicados, rueda de prensa y entrevistas– que declaró inexequible el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoativas en el espacio público, puso sobre la mesa nuevamente el interminable y apasionante tema de la relación entre la moral y el derecho.

Los problemas que abordó la Corte fueron básicamente dos. Primero, ¿el Legislador viola el derecho al libre desarrollo de la personalidad al prohibir de forma general, so pena de medidas de policía, el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoativas “en espacio público, lugares abiertos al público, o que siendo privados trasciendan a lo público como forma de proteger la tranquilidad y las relaciones respetuosas? Y segundo, ¿el Legislador viola el derecho al libre desarrollo de la personalidad al prohibir de forma general, so pena de medidas de policía, el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas “en parques [y en] el espacio público”, como forma de proteger el cuidado y la integridad de dicho espacio?

Ambos interrogantes demandaban un juicio de razonabilidad en el caso del primer problema, y de proporcionalidad, en el segundo. Al respecto, la Corte consideró que la prohibición amplia y genérica del Código Nacional de Policía no es razonable, pues el medio empleado para ello no es idóneo para ello. En este sentido, los magistrados consideraron que la prohibición incluye casos de consumo que no son problemáticos y que además, existen otras medidas de policía que pueden cumplir de modo menos lesivo para la libertad el fin buscado, esto es, la tranquilidad y las relaciones respetuosas.

Y en cuanto a la proporcionalidad del segundo problema, los magistrados advirtieron que no hay una relación de causalidad entre el consumo de bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas en general y la destrucción o el irrespeto a la integridad del espacio público. Por lo tanto, para la Corte, no se justifica dicha prohibición general. Así, una vez más, el libre desarrollo de la personalidad jugaba como As bajo la manga –una carta de triunfo como diría Dworkin– en este juego de ponderación de derechos fundamentales.

Yo estoy de acuerdo con la decisión de la Corte Constitucional porque creo que en una sociedad democrática y pluralista las restricciones a las libertades deben ser mínimas y deben estar muy bien justificadas, y esta parece no estarlo. También porque creo que en...

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