Una recuperación desigual para los mercados financieros. Reformar el sector financiero

RESUMEN

El último Informe sobre el Trabajo en el Mundo de la OIT también aborda la cuestión de la reforma del sector financiero, y el modo en que ésta puede beneficiar a todos en la economía real: empresas, trabajadores y sus familias. A pesar del enorme apoyo económico prestado a las instituciones financieras tras la crisis, el flujo de crédito necesario para sostener la recuperación no se ha materializado aún. Y, según informa Gary Humphreys, mayores problemas se ciernen en el horizonte.

 
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Para Jeegar Kakkad, economista jefe en EEF, órgano representativo de la industria del Reino Unido, asistir al lento desbloqueo del crédito bancario tras el estallido de la crisis ha resultado frustrante. “A pesar de todo lo que se ha dicho de conseguir que los bancos otorguen más préstamos, se han producido muy pocos cambios en cuanto a las condiciones o los importes de los créditos que se ofrecen desde 2008”, señala. EEF ha llevado a cabo un seguimiento trimestral de las condiciones crediticias ofrecidas a las empresas manufactureras desde el cuarto trimestre de 2007, y la última encuesta puso de relieve un escaso avance en lo que se refiere a una modificación significativa del entorno crediticio para los fabricantes.

Es una situación a la que ha de hacer frente numerosos países en el mundo desarrollado.

“El crédito comenzó a contraerse en las economías avanzadas en la segunda mitad de 2009”, refiere Ekkehard Ernst, economista jefe en la OIT. “Esta tendencia no se ha invertido aún, si bien ha comenzado a atenuarse desde principios de año.” Las economías emergentes no se han visto afectadas en la misma medida, según explica Ernst, en parte porque sus bancos mantenían menos vínculos con las entidades financieras de los Estados Unidos expuestas al mercado de hipotecas de alto riesgo, considerado comúnmente como el ojo del huracán que se desató en septiembre de 2008.

Dada la importancia de la actividad del sector privado en la recuperación económica mundial, el bloqueo de los préstamos constituye un problema significativo. “Los créditos bancarios son esenciales para engrasar las ruedas de la recuperación económica”, afirma Stephan Alambritis, portavoz jefe de la Federación de la Pequeña Empresa del Reino Unido, el mayor grupo de presión dedicado a la promoción y la protección de los intereses de los trabajadores autónomos y los propietarios de pequeñas empresas. “Si las empresas no pueden obtener préstamos, posponen sus inversiones, y la contratación de personal.”

No toda la culpa es de los bancos

En cualquier caso, puede que no toda la culpa sea de los bancos. “La contratación de créditos depende tanto de la demanda, como de la oferta”, señala Stephen Cecchetti, Asesor Económico y Jefe del Departamento Monetario y Económico del BIS, que apunta a la tendencia de consumidores y empresas a centrarse en liquidar las deudas, y no en acumular más en el período posterior a la crisis.

Comparte este punto de vista Prakash Kannan, economista del FMI, que publicó recientemente un estudio de 83 recesiones en 21 países desde 1970, y concluyó que las recesiones posteriores a crisis financieras se han caracterizado por un lento crecimiento del crédito, contrariamente a las recesiones “normales”, en las que la demanda tiende a despegar con mayor rapidez.

Los bancos también tratan de poner sus finanzas en orden, y se afanan por reparar sus balances, dañados tras la crisis, ya sea de manera voluntaria, u obligados por los reguladores.

Destaca en el terreno de la regulación la denominada Ley Dodd-Frank, concebida para reforzar los controles sobre el sector financiero, y aprobada en julio por el Congreso de los Estados Unidos. También se promulgaron recientemente nuevas normas en Suiza, donde el Comité de reguladores de la banca internacional de Basilea convino la aplicación de nuevos requisitos en materia de liquidez y capital, a los que se alude con la denominación de “Basel III”, el pasado mes de septiembre. De conformidad con Basel III, los bancos mundiales deberán disponer de unos recursos propios equivalentes, al menos, al 7% de sus activos ponderados en función del riesgo, frente al mero 2% actual.

Hasta la fecha, la respuesta a Basel III ha sido diversa, y entre los críticos más destacados figura Mervyn King, Gobernador del Banco de Inglaterra, que argumenta que tal regulación no resuelve el problema del riesgo sistémico vinculado a otros problemas como la falta de transparencia en los mercados interbancarios, o las garantías implícitas del gobierno a los bancos que se consideran demasiado grandes para quebrar. Desde otro punto de vista, ciertos banqueros han considerado con inquietud que Basel III ponga freno al crédito, una postura que respalda el Institute of International Finance (representante a los mayores bancos comerciales y de inversión del mundo), que recientemente informó de que dichas normas podrían reducir el crecimiento económico en un 0,5% anual en América, un 0,9% en el área del euro, y un 0,4% en Japón en un período de cinco años.

Escasos intentos de corregir los defectos del sistema

En cualquier caso, más allá de Dodd Frank y Basel III, cabe destacar el escaso número de intentos de corregir las deficiencias sistémicas expuestas en 2008. Por ejemplo, la reunión del G20 celebrada el pasado mes de junio en Toronto no pudo generar ninguna modalidad de regulación de mayor rigor, y opuso una resistencia activa al establecimiento de impuestos bancarios encaminado a lograr que el sector pague los costes de corrección de la crisis. La Comisión Europea, por su parte, se ha aventurado únicamente a elaborar propuestas relativas a un impuesto sobre la actividad bancaria que se utilizaría para financiar un fondo de reserva de estabilización, y para consolidar la supervisión de las actividades de los mercados financieros.

Entretanto, el FMI se ha limitado a abogar por una regulación más estricta. La resistencia a la reforma sigue siendo elevada. “Incluso en Europa, donde solemos ser más favorables a la regulación, las reformas se han limitado a asuntos secundarios como la legislación para limitar o gravar fiscalmente el pago de primas. En lo que respecta a las cuestiones fundamentales, como la prohibición de ciertos tipos de instrumentos financieros, la coordinación a escala europea ha sido, hasta la fecha, infructuosa”, señala Ernst, de la OIT.

Para Ernst, la falta de una respuesta coordinada ante la fragilidad evidente del sistema bancario mundial constituye un inmenso problema. “Las reformas de la regulación deben emprenderse a escala tanto nacional, como internacional, para evitar que los banqueros recurran al arbitraje reglamentario, es decir, a elegir cuidadosamente los regímenes con la reglamentación más permisiva”. La propia interconexión de los mercados exige algún tipo de marco regulador de ámbito mundial.

“El hecho de que un colapso originado en un pequeño subsector de la vivienda bastara para causar la perturbación del sistema financiero mundial en su conjunto debería constituir una llamada de atención para los banqueros y los responsables de regular la actividad bancaria”, señala Ernst, y argumenta que, sin un esfuerzo internacional concertado para tratar el riesgo sistémico, incluida la opacidad de las operaciones de mercado, y los incentivos a una excesiva asunción de riesgos por parte de los agentes financieros, seguiremos sufriendo el mismo tipo de crisis.

Un significativo problema de riesgo moral

Por otra parte, al rescatar a los bancos sin poner en marcha reformas profundas, se ha generado un importante problema de riesgo moral, puesto que el respaldo implícito a cargo de los gobiernos supone, sencillamente, que los bancos seguirán asumiendo riesgos.

“Ninguna de las propuestas de las que se discute actualmente es la panacea”, advierte Ernst.

Un impuesto sobre las actividades financieras podría atenuar parte del sobrecalentamiento del mercado, y los ingresos derivados de este tributo podrían utilizarse como elemento amortiguador de futuras crisis financieras, pero este tipo de medidas no comienzan a abordar los problemas de mayor calado.

Y se trata de problemas de gran profundidad, que atañen a la propia finalidad de los bancos y su lugar en la economía mundial. “Hemos de preguntarnos para qué están los bancos”, afirma Raymond Torres, Director del Instituto Internacional de Estudios Laborales. “Hablamos de que los beneficios de hoy se conviertan en las inversiones de mañana y los puestos de trabajo de pasado mañana, pero, en realidad, un gran porcentaje de los beneficios del sector bancario se mantiene dentro del sistema, y no deja de crecer.” De hecho, el porcentaje del sector financiero respecto al beneficio empresarial total ascendía al 42% antes de la crisis, por encima del 25% que aproximadamente se registraba a principios de la década de 1980.

Que los propios banqueros son conscientes de que un período de reflexión es conveniente quedó confirmado en un reciente discurso de Mervyn King, pronunciado ante una audiencia de financieros en una reunión en Nueva York organizada por The Economist. El Gobernador del Banco de Inglaterra afirmó que, de todas las maneras de organizar la actividad bancaria, “la peor es la que aplicamos actualmente”. Añadió que, con independencia del modo en que se decida colectivamente arreglar la situación, toda corrección deberá basarse en el principio de que “quien contamina, paga”, es decir, que los que se benefician de asumir riesgo, también deberán afrontar las consecuencias.