Derechos humanos.

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2001-27

DERECHOS HUMANOS.-Empleo de resoluciones de carácter no vinculante procedentes de organizaciones internacionales.-Invocación de convenios internacionales.

Tercero.-... Si bien es cierto que los textos internacionales clásicos en materia de Derechos Fundamentales, centran su atención en la tutela de las garantías esenciales del imputado frente al «ius punendi» del Estado, también lo es que en el momento actual, y sin menoscabo alguno de dichas garantías, la Normativa Internacional, asumida por España, se encamina a no desatender la posición jurídica de las víctimas, en un proceso penal que tiene precisamente por objeto el enjuiciamiento de hechos delictivos que han violentado su incolumidad, física, moral o material. Cabe citar como Textos Internacionales más relevantes en esta materia:

  1. Recomendación a los Estados miembros, aprobadas el día 28 de junio de 1985, dirigidas a mejorar la situación de la víctima en el Derecho y en el proceso penal; b) Resolución del Comité de Ministros del Consejo de Europa, adoptada en septiembre de 1997, sobre compensaciones a las víctimas de infracciones criminales; c) Convenio 116 del Consejo de Europa, de 24 de noviembre de 1983, sobre indemnización a las víctimas de delitos violentos; y d) Resolución 40/34, de 29 de noviembre de 1985, de la Asamblea General de la ONU, sobre declaración de los principios fundamentales de la Justicia para las víctimas de los delitos y de abuso de poder.

    [Sentencia TS (Sala de lo Penal) de 6 de julio de 2000. Ponente: Excmo. Sr. D. Cándido Conde-Pumpido Tourón.]

    F.: RAJ, 2000, núm. 5672. Page 376

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    TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS.-Sentencia de 4 de abril de 2000 en el asunto Witold Litwa c. Polonia.

    F.: Texto localizado en Internet («http://www.echr.coe.int»).

    Nota. 1. La razón por la que se trae a colación esta Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), no es otra sino la de mostrar el empleo por este órgano jurisdiccional de los criterios de interpretación de las normas convencionales previstos en el Convenio de Viena de 1969 sobre Derecho de los Tratados (arts. 31-33), dejando a un lado el estudio del derecho a la libertad y a la seguridad sobre el que gravita el fondo de la sentencia. Esta actividad del TEDH no es novedosa pues tiene su punto de partida en el caso Golder del año 1975 en el que tanto la Comisión como el propio TEDH emplearon el Convenio de Viena de manera profusa (el texto de la Sentencia puede consultarse en Tribunal Europeo de Derechos Humanos. 25 años de jurisprudencia 1959-1983, Cortes Generales, Madrid, 1985, pp. 259-269). Este recurso a las vías hermenéuticas del Convenio de Viena se suma a la práctica de otros tribunales internacionales, en particular, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas y el Tribunal Internacional de Justicia, que tuvimos la ocasión de poner de relieve en la pasada Crónica (REDI, vol. LII, 2000, pp. 457-461).

    2. En el presente caso, el Tribunal, al hilo de su razonamiento sobre la privación de libertad del recurrente, se ve en la tesitura de interpretar el término alcohólico inserto en el artículo 5.1 e) del Convenio europeo de protección para la protección de los derechos humanos y de las libertades fundamentales (en adelante, Convenio europeo) [sobre el citado artículo puede consultarse, entre otros, P. van Dijk y G.J.H van Hool, Theory and Practice of the European Convention on Human Rights, 2.a ed., Kluwer, Deventer-Boston, 1990, pp. 251-294, en particular, pp. 265-268], cuyo tenor literal es el siguiente:

    Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad. Nadie puede ser privado de su libertad, salvo en los casos siguientes y con arreglo al procedimiento establecido por la ley:

    (...)

    e) Si se trata del internamiento, conforme a derecho, de una persona susceptible de propagar una enfermedad contagiosa, de un enajenado, de un alcohólico, de un toxicómano o de un vagabundo

    (el énfasis es nuestro).

    3. El TEDH, conforme al art. 31 del Convenio de Viena de 1969, afirma que la labor interpretativa de un tratado es una operación única en la que se han de combinar diferentes elementos (párr. 58) (sobre la labor interpretativa del TEDH consúltese F. Otis, «The Original Canons of Interpretating of the European Court of Human Rights» en The European Convention for the Protection of Human Rights. International Protection versus National Restrictions, (ed. M. Delmas-Marty), Martinus Nijhoff Publishers, Dordrecht-Boston-Londres, 1992, pp. 283-318). Estos elementos son los que se desgranan de manera sucesiva a lo largo de los arts. 31 y 32 del citado texto convencional: en primer lugar, el proceso se ha de iniciar con un análisis de los términos objeto de discu-Page 377sión en su contexto (art.31.1), para seguir después con los elementos intrínsecos y extrínsecos (art. 31.2 y 3). Como gráficamente ha expuesto A. Remiro Brotóns, «se arranca, pues, del núcleo para avanzar a las cortezas medias y exterior del acuerdo» (vide. Derecho internacional público 2. Derecho de los tratados, Ed. Tecnos, Madrid, 1987, p. 173); todo ello con el propósito de que la interpretación produzca un «efecto útil» (vide. J.D. González Campos, L.I. Sánchez Rodríguez, P. Andrés Sáenz de Santa María, Curso de Derecho internacional público, 6.a ed., Civitas, Madrid, 1998, p. 302 ). El resultado a que conduce la llamada Regla general de interpretación puede requerir un esfuerzo ulterior, bien, porque la anterior vía ha concluido con un resultado ambiguo, oscuro, absurdo o irrazonable, bien para confirmar la interpretación a la que hemos llegado, por lo que el Convenio de Viena abre la posibilidad de recurrir a Medios de interpretación complementarios, en particular, los trabajos preparatorios del tratado y las circunstancias de su celebración (art. 32) [con carácter general sobre los criterios enunciados en el Convenio de Viena en materia de interpretación pueden consultarse en nuestra literatura científica más reciente C. Fernández de Casadevante Romaní, La Interpretación de las Normas Internacionales, Ed. Aranzadi, Madrid, 1996, pp. 79-102].

    4. Esta descripción sirve para mostrar el marco jurídico en el que el TEDH va a actuar para interpretar el vocablo alcohólico inserto en el citado artículo 5.1 e). Pues bien, el Tribunal lleva a cabo la tarea interpretativa del siguiente modo, confrontando la acepción vulgar y técnica del vocablo alcohólico. Para el TEDH, en la primera vertiente citada, el término es sinónimo de persona adicta al alcohol, y, a continuación, yuxtapone esta acepción al resto de categorías citadas en el propio precepto objeto de análisis, como son, las personas susceptibles de propagar una enfermedad contagiosa, enajenados, toxicómanos o vagabundos (párr. 60); en el marco del artículo 5.1 e) del Convenio europeo, todas estas personas pueden ser privadas de libertad por razones de política social o para recibir un tratamiento médico. Por tanto, el Tribunal sitúa el término en cuestión, en un primer momento, en su contexto, siguiendo, así, las pautas del artículo 33.1 del Convenio de Viena.

    5. Llegado a este punto, el TEDH da un paso más en su tarea interpretativa y se adentra en el objeto y propósito del artículo 5.1 e) del Convenio europeo para concretar el sujeto destinatario de la medida de privación de libertad, siguiendo así la senda marcada por el Convenio de Viena (acerca del objeto y fin como pauta interpretativa resulta interesante consultar A. Remiro Brotóns, Derecho internacional público 2. Derecho de los Tratados, Ed. Tecnos, Madrid, 1986, pp. 312-314 ). El Tribunal entiende que por alcohólico no debe entenderse sólo aquella persona que tiene un diagnóstico médico de alcoholismo rechazando de este modo la interpretación esgrimida por la parte recurrente, sino aquélla cuya conducta bajo influencia del alcohol supone una amenaza para el orden público o para sí mismo. El Tribunal afirma que no hay duda de los daños que el alcohol produce a la sociedad y que la persona que se encuentre en un estado de intoxicación representa un peligro para sí mismo y para los demás, con independencia de que sea o no adicto al alcohol; por esta razón interpreta que el artículo 5.1e) del Convenio europeo no impide a los Estados adoptar medidas de privación de libertad en relación con individuos que abusen del alcohol para limitar y evitar los posibles daños aunque no sean adictos al mismo (párr. 61 y 62). De esta manera, acudiendo al objeto y fin del artículo 5. 1. e) del Convenio europeo, el TEDH amplía la acepción inicial.

    6. Con este razonamiento el Tribunal podía dejar zanjada su labor de interpretación, pero no lo hizo así, sino que agotó todo el recorrido previsto en el Convenio de Viena hasta llegar, en último lugar, a los medios complementarios de interpretación. En Page 378 este sentido, el TEDH recurrió a los trabajos preparatorios de la Convención para confirmar su interpretación del vocablo alcoholismo recogiendo los comentarios tendentes a cubrir las medidas que los Estados pudiesen adoptar para combatir el alcoholismo y su justificación por razones de moralidad y orden público (párr. 63). Con este breve razonamiento el Tribunal finaliza su tarea apuntando que la detención del recurrente cae dentro de los límites del artículo 5.1e) del Convenio europeo.

    7. A nuestro juicio, esta nota sobre la labor interpretativa del TEDH sirve para evidenciar dos cuestiones: la primera, la consolidación de la vía teleológica o finalista de interpretación de las normas internacionales por el constante recurso a ella por parte de los Tribunales internacionales; y la segunda, la correcta aplicación que el TEDH hace de las pautas interpretativas previstas en el Convenio de Viena de 1969 sobre Derecho de los Tratados. Sólo nos resta dejar apuntado aquí la duda acerca de si tal interpretación finalista es la mejor posible desde la óptica de la protección de los Derechos Humanos -tarea sobre la que recaen los esfuerzos del TEDH-, porque el...

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