Delito encubierto en imagen descubierta

Autor:Saúl Rosas Rodríguez e Irma Cavazos Ortiz
Páginas:265-269
 
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A don Roberto Bergalli. Por su infatigable búsqueda de la razón y entrega desinteresada a sus discípulos, quienes hoy le rinden un sentido homenaje.

Nunca volverán los tiempos gloriosos en los que el ser humano, atento a su vida cotidiana, escuchaba desde su interior la radio. Medio que generaba en el receptor infinidad de imágenes de una realidad o irrealidad, a veces cruel, a veces pura, a veces ficticia. Sin embargo, se han ido los años de la imaginación a través de la palabra. Aquellas horas añoradas en las que sólo bastaba escuchar para ver y recrear. Hoy sólo vemos, pero somos incapaces de oír, y, cuanto menos, de escuchar.

En este primer lustro del siglo XXI, la mayoría de seres humanos es conciente, o inconscientemente víctimas de un alud de imágenes respecto de una realidad que, a veces pensamos, pueden no ser reales, pero que aturden, que enervan los sentidos con la contundencia de la información que traen detrás de ellas.

Así en México, desde hace más de una década, un conjunto de hechos deleznables se ha convertido en un fenómeno no solamente delictivo sino mediático. Se trata de las llamadas "Muertas de Juárez", el cual ha impactado los ámbitos político, religioso y social.

En gran medida la imagen y la percepción del fenómeno, que se presenta en la ciudad fronteriza, se debe a la utilización de los medios de comunicación que se han comportado no sólo como informadores de los sucesos, sino, se han convertido en jueces y verdugos, en un sistema de justicia que, como muchos otros, ha demostrado ser incapaz no sólo de controlar al fenómeno sino de entenderlo.

Hoy el lenguaje de los medios de comunicación está gobernado por las imágenes. Por el acontecer desmedido de sucesos violentos, que generan en el espectador una percepción magnificada de un suceso, de por sí deplorable, pero que lo convierten en algo imposible de contener. Lo anterior en parte se debe a la falta de información oficial, respecto del fenómeno, lo cual ha abierto el terreno para la especulación; y, los medios, han dado a conocer una realidad tangible y terrorífica a la cual no se le encuentran motivos y, menos aún, fines.

Las diversas explicaciones abarcan desde el homicidio pasional, pasando por la trata de blancas, las organizaciones de delincuencia organizada (narcotráfico); o bien, como obra de uno o varios asesinos seriales. Sin olvidar, por supuesto, la elaboración de lo que se ha llamado cine snuff. Todas éstas se han convertido en los hilos de investigación que, en lugar de desentrañar la problemática, la han hecho cada día más compleja.

Los medios a través de sus recursos (escrito o audiovisual) ofrecen un sin fin de testimonios, imágenes e información que viajan a todo el mundo. Generar imágenes audiovisuales es una tarea más allá de informar. Los medios tienen su propio lenguaje, sus códigos de emisión de mensajes a través de medios específicos. En la radio, por ejemplo se han limitado a ofrecer cifras y testimonios del fenómeno. Han permitido difundir las palabras de dolor y desesperación. Han transmitido el silencio de la impo-

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tencia y la impunidad a través de entrevistas inacabadas y siempre redundantes de las autoridades. Generado más expectativas que certezas.

En cuanto a la transmisión de imágenes, por todos los medios al alcance, se han generado iconos de pavor como medida de presión para aquellos que debieran ofrecer una solución al problema. Pero, ya no se trata de una presión social o política; se trata de quién o quiénes consumen los mensajes, de todos aquellos que, con sólo oprimir un botón, consumen las imágenes de la violencia misma. De la muerte que acecha y que pareciera que sólo ahí ronda para cobrar una víctima más.

Así paradójicamente de pronto, el caso de las Muertas de Juárez, es un conjunto de delitos encubierto, pero que se ha convertido en imagen descubierta, que ha envuelto no sólo al país, sino al mundo entero. El descubrimiento de cada mujer sin vida, es como el nuevo aliento para creer que sólo allá se quita la vida sin razón, se extingue la conciencia social y se remarca que el único habitante de este planeta que mata por placer...

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