La crisis del Canal de Beagle.

AutorChurch, Jon Marco

Resumen

En esta Navidad, se cumplen treinta años de la crisis del Canal de Beagle. La presente contribución reconstruye esta historia, desde sus comienzos en 1977 a la amenaza de guerra, la mediación vaticana y fundamentalmente la ratificación por Argentina del Tratado de Paz y Amistad, en 1984. Rechazando fáciles analogías con la guerra de las Malvinas, se refuta la reducción de la crisis a una maniobra populista de la Junta militar argentina, proponiendo la hipótesis de un bluff llamado por Chile con el concurso del Vaticano. Llegamos al tratado enlazando las dinámicas propias de la mediación con el contexto más amplio de la transición argentina y de la coyuntura económica. Esta reconstrucción se funda tanto en material publicado como en entrevistas inéditas.

PALABRAS CLAVE: Argentina, Chile, Beagle, crisis, negociaciones

The Beagle Channel crisis

Abstract

This Christmas we commemorate the thirtieth anniversary of the Beagle Channel crisis. This contribution reconstructs this piece of history, from its beginning in 1977 to the menace of war, the Vatican mediation and finally the ratification of the Treaty of Peace and Friendship by Argentina in 1984. Dismissing simplistic analogies with the Falklands War, the reduction of the crisis to a populist manoeuvre of the Argentine Military Junta is refuted and the hypothesis of a bluff called by Chile with the supporo of the Vatican is proposed. The treaty is approached intertwining the mediation's dynamics with the broader context of the Argentine transition and the economic conjuncture. This reconstruction is based on published material as well as on hitherto unpublished interviews.

KEY WORDS: Argentina, Chile, Beagle, crisis, negotiations

LOS COMIENZOS DE LA CRISIS

Lo peor vino en 1978, cuando Argentina pudo impunemente desconocer un laudo arbitral y amenazar una guerra. Fermandois, 1991: 445

De febrero de 1977 a enero de 1978

Desde comienzos de 1977, Chile y Argentina presintieron que el laudo arbitral sobre el Canal de Beagle --relativo a la soberanía de las Islas Picton, Lennox y Nueva-- sería favorable a Chile (1). El gobierno argentino anunció de inmediato que no aceptaría un laudo que entregase todas las islas a Chile. Sin embargo, los litigantes no tenían mucho de qué sorprenderse ya que varios estudios anteriores sobre el probable resultado de un arbitraje internacional eran favorables a Chile (Mares, 2001: 134).

El tribunal arbitral, presidido por el juez británico Gerald Fitzmaurice deliberó en febrero de 1977; la Reina pronunció el laudo en abril de ese año; y el 2 de mayo se comunico oficialmente la decisión a las partes (Lacoste, 2003: 418). El laudo decretaba lo siguiente: >. El 3 de mayo Argentina rechazó el laudo, declarando que: > (2).

Argentina no acusó al Reino Unido de otorgar preferencias a Chile durante los procedimientos ni después del laudo. En los años setenta, bajo el gobierno laborista, las relaciones entre Chile y el Reino Unido no estuvieron en tan buen pie como después de 1979, con Thatcher (3). A lo largo del procedimiento, Argentina atacó al Reino Unido alegando un supuesto deterioro de las relaciones bilaterales y propuso retirarse del arbitraje aduciendo que el árbitro se había convertido en una de las partes, e incluso propuso el retiro del Reino Unido por haber causado el empeoramiento de las relaciones bilaterales (Mares, 2001: 135). De acuerdo con esto, el Congreso argentino votó unánimemente en favor de suspender el proceso. Argentina aprovechó la ocasión para acusar al Reino Unido por la cuestión de las Islas Malvinas, ya que desde 1966 venía insistiendo en la descolonización de las islas. Las pretensiones argentinas recomenzaron en 1977 --cinco años antes de la ocupación de 1982-- hasta que los servicios británicos forzaron al gobierno a enviar una flotilla guerra a la zona (4). Debído a esta situación, Argentina acusó al Reino Unido de manipular el laudo, entre otras razones para desviar la atención de las Islas Malvinas al Canal de Beagle. En todo caso, es improbable que el gobierno británico tuviese esa intención. Según el Foreign and Commonwealth Office, al parecer la mayoría de los funcionarios simplemente ignoraban la existencia de las Malvinas y en los archivos nacionales británicos no se encontraron indicios de manipulación (Freedman, 2005).

¿Por qué Argentina rechazó el laudo? Infante (1984, 345-355) propuso dos explicaciones: la primera de ellas de carácter geopolítico, la segunda ética y política. Sin embargo, a nuestro juicio pueden identificarse varios factores más concretos que condujeron a esta decisión: el propio laudo, la defensa, la economía y la política interior.

Primero, en lo que se refiere al laudo, los argentinos consideraron que no era equilibrado, ya que dejaba todas las islas a Chile y por ende, como una decisión que atropellaba el llamado principio bioceánico de > (5), ya que permitía a Chile el acceso al Atlántico, y esto desafiaba el orgullo nacional argentino (Videla Cifuentes, 2008).

Segundo, en cuanto a la defensa, los argentinos percibieron el laudo como una amenaza estratégica y geopolítica, debido a que temían que en el futuro los chilenos, que consideraban >, intentaran acrecer sus pretensiones marítimas en el Atlántico y en la Antártica. Esto habría tenido efectos nefastos para sus intereses económicos en el área, por demás rica en pescado, minerales y petróleo (Garrett, 1985: 82-86).

En su libro Geopolítica, Pinochet (1974: 165) escribió: >. En este caso, considerando las > y la paridad teórica entre las dos armadas, el país más fuerte era Argentina. Si Chile hubiese conseguido la soberanía sobre las islas, la marina argentina --bajo el > almirante Massera-- lo habría impedido pese a las ventajas teóricas de la armada chilena en el Estrecho de Magallanes. Para la marina argentina, había que detener a los chilenos antes de que llegasen a la capital federal.

No cabe duda que la razón de existir de los militares es la guerra, por lo que los términos estratégicos y geopolíticos son de uso común (Infante, 1984: 345-350). Los años setenta fueron años de oro para el pensamiento geopolítico sudamericano (Pinochet Ugarte, 1974; Gomez Rueda, 1977; Child, 1979; Kelly-Child, 1988) y los militares del Cono Sur miraban sus relaciones recíprocas a través de un cristal geopolítico.

Tercero, por lo que toca a la dimensión económica, Garrett (1985, 82-84) comentaba:

Cada gobierno tenía mucho que ganar al mantener su posición. Argentina estimaba que el área del Canal de Beagle podía representar tres mil millones de dólares en pescado, minerales y petróleo; mientras que Chile esperaba satisfacer el 45% de su necesidades de petróleo ... una vez que se instalaran las plataformas perforadoras (6). A esto se agregaba también la cuestión del territorio antártico correspondiente, donde --si bien en las dos décadas precedentes las relaciones entre ambos países habían sido de relativa cooperación-- en los años setenta la mayoría de los países seguía especulando sobre los recursos minerales existentes bajo los hielos antárticos. El Tratado Antártico de 1959 había > toda disputa hasta 1991, cuando la mayoría de los países comenzaron a valorar sus pretensiones y pidieron la renegociación del tratado (Pinochet de la Barra, 1999; Guzmán, 2004). En 1977, Chile y Argentina se asentaban después de los golpes de Estado de 1973 y 1976, respectivamente. La mayoría de los países se estaban recuperando de la primera crisis petrolera mundial de 1973 y el mundo estaba al borde de una segunda crisis en 1978-1979. La razón por la cual ambos países buscaban recursos escasos como minerales y petróleo se explica por sí sola, no solo desde una perspectiva de seguridad nacional, sino también debido al riesgo de escasez por crisis --o bloqueos-- internacionales imprevisibles.

Cuarto, en lo respecta a la política interior, a menudo se ha partido de la base de que el gobierno militar argentino utilizó ambas crisis (Beagle y Malvinas) para mantener el apoyo popular, ya que ayudaban a formar un sentido de unidad nacional (Turolo, 1996). En Argentina, los militares alertaron a la población y promovieron una >. Por otra parte, en 1977 la economía evolucionaba en forma relativamente favorable, el proceso de reconstrucción nacional consiguió > el país, las masas populares ignoraban los excesos de la > y Argentina estaba en punto de ser anfitrión y de ganar la copa del mundo de fútbol. Por todas estas razones, la tesis populista no parece del todo adecuada para el caso argentino. Por el lado chileno, el régimen pinochetista no tenía nada que perder pintando a Argentina como agresor y convirtiéndola en chivo expiatorio. Sin embargo, ni Pinochet, ni las fuerzas armadas, ni la prensa lo hicieron, o de lo contrario lo hicieron dentro de un círculo muy pequeño, que no alarmó a la población (Tapia, 1997; Infante, 1984). Por estas razones, la tesis nacionalista tampoco parece aplicarse al caso de Chile.

Mientras que Argentina rechazó el laudo, Chile lo aceptó de inmediato. El 4 de mayo de 1977, Argentina propuso negociaciones bilaterales para resolver todos los diferendos fronterizos --no solo la cuestión del Canal de Beagle-- intentando llevar la disputa del nivel jurídico al político. Entre julio y octubre, los dos países realizaron negociaciones bilaterales en Santiago: el general Villegas, por Argentina y el jurista Phillipi, por Chile, encabezaron las delegaciones respectivas (Garrett, 1985: 93; Escudé-Cisneros, 1998-2003). Tras el fracaso de las negociaciones Villegas-Philippi, los esfuerzos bilaterales continuaron con una serie de misiones diplomáticas chilenas en Buenos Aires. El general Toro Dávila lideró la primera de ellas y el general Contreras (7) la segunda. El Almirante Torti condujo la primera misión argentina y propuso modificar el Tratado de 1881 y dejar todas las islas a Argentina (Infante, 1984: 343). La > era claramente favorable a Argentina y no podía ser el punto de partida para los negociadores. El hecho de...

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