El Convenio europeo de derechos humanos

Autor:Esther Barbé Izuel, Araceli Mangas Martín y Rafael Arenas García
Páginas:607-609
 
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Carrillo Salcedo, J. A.: El Convenio europeo de derechos humanos, Editorial Tecnos, Madrid, 2003, 157 pp.

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Un momento sin duda oportuno para comentar la última obra de nuestro autor, en un contexto biográfico y académico más amplio. En relación a la obra que hoy nos ocupa, su oportunidad viene justificada por el feliz cincuenta aniversario de la entrada en vigor del Convenio de Roma de 1950, fecha coincidente con la publicación de la misma. En cuanto a su autor, este mismo año de 2004 coincide precisamente con su jubilación burocrática como profesor universitario, tras un largo, fructífero e intenso cursus honorum académico y profesional que ha convertido a Juan Antonio Carrillo Salcedo, desde hace años, sin ditirambo alguno, en uno de los maestros españoles más respetados y admirados en nuestra disciplina a lo largo de varias generaciones.

No deja de ser curioso -y sintomático- que, por el momento, la última obra de nuestro autor se sitúe en las aparentes antípodas conceptuales y de perspectiva de las que partió. La primera edición de su Soberanía del Estado y Derecho Internacional, obra brillante y convulsiva que rompía la tradicional aproximación quietista de la doctrina española hacia un ordenamiento en mutación y desarrollo continuos, supuso un enfoque tan realista como inhabitual entre nosotros del derecho internacional público y de su objeto desde y por la soberanía estatal; pero no necesariamente para la soberanía o, al menos, no exclusivamente para la soberanía. Su última aportación en esta misma dirección, «Droit international et souveraineté des Etats», curso general profesado en la mítica (para mi generación y, espero, que para las actuales) Academia de La Haya en 1966, situaba como la primera limitación a la soberanía del Estado aportada por el derecho internacional contemporáneo los derechos humanos (pp. 64 y ss.). De modo que, apo-Page 608sentado todavía en la soberanía estatal como inevitable punto de partida (pero, obsérvese que la acentuación inicial durante la década de los sesenta la situaba en este concepto, mientras que en la década de los noventa se invertía la preferencia en beneficio del derecho internacional), nuestro autor tomaba nota de los amplios desarrollos habidos en los últimos cuarenta años en materia de protección internacional de los derechos fundamentales de las personas. Y su conclusión no puede ser más clara: soberanía y derechos humanos forman la cara y la cruz de una misma moneda; de...

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