El Convenio de Berna de 1886

Autor:Salvador Francisco Ruiz Medrano
Cargo del Autor:Doctor en Derecho Internacional Privado por la Universidad de Valencia, España, con especialidad en Propiedad Intelectual. Actualmente profesor de tiempo completo del Departamento de Gestión y Dirección de Empresas de la División de Ciencias Económico Administrativas de la Universidad de Guanajuato.
Páginas:103-113
 
ÍNDICE
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2.1. Introducción

El Convenio de Berna de 1886 se presenta como el tratado multilateral más antiguo, entendiéndose igualmente como el que confiere el mayor nivel de protección. Este tratado se desarrolló en etapas sucesivas, a través de revisiones periódicas, previstas por el mismo Convenio desde su origen y que se sucedieron cada veinte años aproximadamente. Así, el texto inicial del convenio se firmó en la ciudad de Berna el 10 de septiembre de 1886, fue completado en París el 4 de mayo de 1896, revisado en Berlín el 13 de noviembre de 1908, ampliado nuevamente en Berna el 20 de marzo de 1914, modificado de nuevo en Roma el 2 de junio de 1923 revisada posteriormente en Bruselas el 26 de junio de 1948, después en Estocolmo, el 14 de julio de 1967, más tarde en París, el 24 de julio de 1971, y últimamente modificado en 1979.139

Desde sus inicios, en el Acta originaria de 1886, el Convenio expresó su vocación universal al quedar abierto a la adhesión de todos los Estados sin efectuar discriminaciones de formas políticas ni

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ideológicas. Esto era el resultado de una iniciativa europea y, hasta ese momento, se trataba de un acto que sólo ligaba a países de Europa y su extensión más amplia a otros continentes, al menos en lo inmediato, sólo podía lograrse por medio de la llamada "cláusula colonial"140.

Las reglas que contiene el convenio de Berna revisten un carácter obligatorio: los países miembros no pueden derogarlas en sus territorios, salvo en algunos casos que admiten reservas. A título excepcional, ciertas disposiciones tienen un carácter facultativo que permite, en casos muy específicos, conceder el mínimo de protección exigida por el convenio141.

Igualmente, el Convenio se funda en tres principios básicos y contiene una serie de disposiciones que determinan la protección mínima que ha de conferirse, así como las disposiciones especiales para los países en desarrollo que quieran valerse de ellas. Los tres principios básicos son los siguientes:

1) Las obras originarias de uno de los Estados contratantes deberán ser objeto, en todos y cada uno de los demás Estados contratantes, de la misma protección que conceden a las obras de sus propios nacionales, es decir, el principio del "tracto nacional".

2) Dicha protección no deberá estar subordinada al cumplimiento de formalidad alguna, principio de la protección "automática", y,

3) Tal protección es independiente de la existencia de protección en el país de origen de la obra, principio de la "independencia" de la protección. Sin embargo, si un Estado contratante prevé un plazo más largo que el mínimo prescrito por el Convenio, y cesa la protección de la obra en el país de origen, la protección podrá negarse en cuanto haya cesado en el país de origen.

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El objeto de la protección es lo que se consideran obras protegidas en materia de propiedad intelectual y son obras literarias y artísticas que comprenden todo tipo de producciones dentro del campo literario y artístico que incluya las conferencias, alocuciones, sermones, folletos, obras dramáticas, musicales, de coreografía, composiciones musicales con o sin letra, obras cinematográficas o análogos, obras de arte, ilustraciones, mapas, planos, obras topográficas, dibujos, pinturas, grabados, obras fotográficas, etc. De igual forma, las personas protegidas por el derecho de autor serán los autores de cualquiera de los países de la Unión respecto de sus obras publicadas y las que publiquen en un futuro, y los autores de otros países de la Unión respecto de obras que hayan publicado en un país de la Unión por primera vez o al menos simultáneamente en un país de la Unión.

Finalmente y dentro de las generalidades se ha de señalar que la sede de la Unión se encuentra en Ginebra, y que es un sólo organismo el que gestiona este Convenio y el de París de 1883, relativo a la propiedad intelectual: La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), a la que posteriormente hablaremos al respecto

2.2. Evolución histórica del Convenio

Se puede señalar al Congreso literario internacional, presidido por Víctor Hugo en 1878 y realizado a instancias de la Société des Gens de Lettres, celebrado en París, como el antecedente más directo del Convenio de Berna, y ello en virtud de que en su transcurso se constituyó la Asociación Literaria Internacional (ALAI), que a partir de su fundación propugnó la realización de un tratado de carácter internacional, al que originariamente se llamó Convención Universal de protección de la propiedad literaria. Igualmente, y para lograr este fin, durante el Congreso de 1878 aprobó dos resoluciones propiciando la aplicación a las obras extranjeras del principio del trato nacional sin necesidad de acreditar el

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cumplimiento de otras formalidades que las exigidas por el país de origen de la obra.

La ALAI se volvió a reunir durante su congreso en Roma en 1882, en donde se planteó la creación de una Unión de la propiedad literaria, similar a la que se había creado en el caso de la Unión Postal. La proposición fue inmediatamente adoptada por unanimidad, pues se aunaban los intereses de los autores y los compositores, de los editores de libros y de obras musicales. Sin embargo, esta Unión no se concretó en Francia (donde nació la ALAI), ni en Italia (donde nació la idea), sino en Suiza, donde tuvo lugar el siguiente Congreso de la ALAI en 1883. En virtud de que se pensó que este último país era el más adecuado para discutir y establecer las bases para la creación de una Unión de propiedad literaria puesto que en él se venían celebrando importantes...

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