XLVII. La constitución de un parlamento global

Autor:José Manuel Aguilar de Ben
Páginas:179-181
 
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XLVII

LA CONSTITUCIÓN DE UN PARLAMENTO GLOBAL

Cuando se trata de pasar de una idea fuerza, a su realización, como tantas otras veces en la historia, y en la evolución civilizadora de la humanidad, lo mas importante es garantizar su éxito y evitar errores, –como los ocurridos en la Revolución Francesa por ejemplo, al denominar Asamblea Nacional a lo que pudo ser “Asamblea Ciudadana Francesa”–, es el método elegido.

Una vez que la idea fuerza es comprendida, asumida y deseada su realización, hay que definir el método, los métodos, y evaluar cual es el mejor camino para su realización.

Para la constitución de un parlamento global democrático, hay varias propuestas de grupos iniciados que llevan años diseñado cual debería ser la ruta a seguir. Algunos proponen el propio modelo seguido hacia la constitución del Parlamento Europeo de la Unión Europea, otros métodos más noveles y puros.

A medida que los organismos internacionales han ido asumiendo mayores responsabilidades en respuesta a la creciente globalización, cada vez tienen más presión ciudadana, en particular de movimientos alternativos, pero también de agentes interesados legítimamente, ante la falta de consistencia en sus decisiones con los procedimientos democráticos, el llamado déficit democrático.

Siguiendo el modelo evolutivo del Parlamento Europeo, se puede proponer un modelo de parlamento global que sea a la vez potencialmente transformador del actual sistema global y al mismo tiempo ajustado a la realidad política actual. Se trataría de un parlamento global con limitados, pero importantes poderes legislativos, que encuadren a toda la población mundial en edad de votar. Seria políticamente realista, si se sigue un proceso gradual, como el que se siguió en el Parlamento Europeo.


12.12.05

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Podrá ser inicialmente un parlamento global que incluya solamente a países progresistas, dispuestos a ser pioneros, embrionarios de un organismo democrático global. Así con una veintena de países, geográfica y económicamente diversos, podría lanzarse un tal proyecto. Al comienzo con poderes meramente consultivos, evitando que los gobiernos nacionales tuviese que someterse a sus decisiones. Para ello haría falta como ya es una realidad del activismo ciudadano internacional, que organizaciones del la sociedad civil bien estructuradas estuviesen empujando el proyecto. Como tal el caso con la campaña para el tratado antiminas y para la Corte Penal Internacional.

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