El conflicto del Sahara occidental en el contexto del nuevo orden internacional

AutorJ. Soroeta Liceras
Páginas491-497

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  1. Tras más de diez años de vida del Plan de Paz, el conflicto del Sahara Occidental atraviesa por uno de los momentos más delicados de su desgraciada historia. Si hasta fechas recientes los esfuerzos de las Naciones Unidas se habían encaminado hacia la aplicación del Plan de Paz, en marcha desde que el 6 de septiembre de 1991 entrara en vigor el alto el fuego, en los últimos meses dos nuevas propuestas de resolución del conflicto, denominadas tercera y cuarta vías, han venido a enturbiar la solución final del conflicto, y a poner en entredicho la labor y la imparcialidad de las Naciones Unidas.

    El tiempo se ha encargado de demostrar lo que, en contra de la evidencia, algunos trataban de negar, y es que las negociaciones que consiguieron desbloquear el proceso de identificación de las personas que tendrían derecho a ser incluidas en el censo para el referéndum, en el verano de 1997, que culminaron con los acuerdos de Houston, no fueron más que un espejismo, ya que formaban parte de una estrategia general de Marruecos, cuyo objetivo real no era otro que el de explotar hasta la última posibilidad que brindaba el Plan de Paz para dilatar en el tiempo la resolución del conflicto, pero sin perseguir en ningún momento que éste se resolviera por medio de la celebración de un referéndum en el que el pueblo saharaui ejerciera el derecho a su libre determinación. Para Marruecos, el Plan de Paz nunca ha tenido como objeto último la celebración del referéndum de autodeterminación; es y ha sido siempre un fin en sí mismo. Así, cuando a finales de 1999, el Secretario general de las Naciones Unidas hacía pública la finalización de la primera fase del proceso de identificación, lo que, en principio, debería ser una buena noticia, concluía su informe señalando con marcado pesimismo que, en realidad, el mismo no había hecho más que empezar, pues las apelaciones presentadas inmediatamente contra las listas de personas incluidas y excluidas del censo para el referéndum, que en un porcentaje superior al 96 por 100 eran patrocinadas por Marruecos, se elevaban a 131.000, lo que habría de ralentizar y dificultar aún más el proceso de identificación en su segunda fase.

  2. La postura del SG, tratando de mantener un salomónico e imposible equilibrio entre las dos partes en el conflicto, situando a ambas en un mismo plano, cuando una de ellas ocupa ilegalmente el territorio de la otra, y practica una política de terror violando sistemáti- Page 492camente los derechos humanos de sus habitantes, mientras que la otra soporta una cruel separación física entre quienes residen en los campamentos de refugiados sitos en la parte más inhóspita de la hammada argelina y quienes lo hacen desde 1975 en los territorios ocupados, sometidos a una dura represión, pone de relieve la preocupante y progresiva disminución del peso del Derecho internacional en la resolución del conflicto. Una somera mirada a los informes que desde su llegada a la Secretaría General viene presentando Kofi Annan al Consejo de Seguridad pone de relieve lo desafortunado de tal planteamiento. Abundan expresiones que atribuyen la culpa de la paralización del proceso a la ´gran animosidadª de las partes, o que tratan de explicarla con razones tan peregrinas como que ´ninguna de las partes está dispuesta a abandonar la idea de que el ganador se lleva todoª. Afirma incluso que la falta de cooperación de las partes radica ´en la naturaleza del referéndum solicitado en el plan de arreglo, puesto que va todo al ganadorª. øEs que cabe en un referéndum de autodeterminación que ´las dos partes se lleven algoª? øDesde cuándo debe buscarse una solución que beneficie a ambas partes, cuando una de ellas ocupa ilegalmente el territorio, y explota ilegalmente sus recursos naturales desde hace más de un cuarto de siglo, mientras que la otra no pretende más que ejercer un derecho que le reconocen las propias Naciones Unidas, como es el de la libre determinación?

  3. El SG acusa del fracaso del proceso a las dos partes por igual, pero esta equiparación es notoriamente injusta, como veremos en las líneas que siguen. Recordemos algunos de los hitos más importantes del proceso. El proceso de identificación se estancó en 1995, cuando el FP se negó a aceptar las modificaciones unilaterales del Plan de Arreglo propuestas por Pérez de Cuéllar, que incluían nuevos criterios de identificación, en virtud de los cuales podrían ser incluidas en el censo las denominadas ´Tribus del Norteª y ´Tribus costeras del Surª (H41, H61 y J51/52, en la nomenclatura del censo español de 1974), patrocinadas por Marruecos. Pese a ello, la paralización del proceso entre 1995 y 1997, tal y como reconoce el propio SG, se produjo ´sobre todo, porque el Gobierno de Marruecos no había querido reunirse con el FPª. En 1996, el SG señalaba que ´Marruecos dejó bien claro que la reunión prevista entre el FP y el Rey no tendría lugar en tanto no se reconociera la soberanía de Marruecos como requisito previo para el examen de cualquier propuestaª. Tratar de poner en práctica un Plan de Paz cuya aplicación requiere el acuerdo de las partes, cuando una de ellas mantiene semejantes planteamientos, carece de sentido; pero pretender equiparar la actitud de ambas es faltar a la verdad.

    Pese a ello, dando una vez más su brazo a torcer, el FP terminó por aceptar que los miembros de las citadas tribus pasaran por los diferentes centros de identificación. La seriedad con que la MINURSO procedió a la identificación de estas personas hizo que la práctica totalidad de las solicitudes presentadas fueran desestimadas, y quedaran excluidas del censo para el referéndum. Aunque el FP ha hecho propuestas concretas para proseguir con el proceso de apelaciones, en las que hace nuevas concesiones a Marruecos, Marruecos lo da por cerrado. El FP ha cedido una y otra vez ante los interminables obstáculos puestos por el Gobierno marroquí a lo largo de los...

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