Concepciones Sobre los Principios

Autor:Enrique Acosta Pumarejo
Páginas:10-25

Page 10

Como dijéramos, el vocablo “principios” se halla presente desde antiguo en el lenguaje del Derecho y de los juristas, si bien en los últimos tiempos su uso se ha incrementado muy notablemente, apareciendo nuevas perspectivas y problemas. Acaso lo único seguro es que los principios designa una clase o tipo de normas, pero a partir de aquí surgen las dificultades y la ambigüedad semántica.31 Empero, elaborar una disertación sobre ¿Qué son los Principios Generales del Derecho? es sin duda una tarea difícil y complicada, puesto que es un tema amplio y complejo. Bobbio indica que los Principios no constituyen una categoría simple y unitaria; es más con esta expresión se entienden cosas muy diversas. Son muchos los tratadistas que se han ocupado de ellos vertiendo opiniones y clasificaciones diversas, así se han afirmado por ejemplo que tales principios se identificaban con la justicia, con principios de Derecho natural, principios dictados por la razón, y reconocidos por el ordenamiento jurídico, reglas universales de razón para dar solución justa a los casos concretos, principios admitidos en la práctica, criterios supremos para integrar las lagunas, etc. Como ha señalado Prieto, ni el lenguaje del legislador, ni en el de los jueces, ni en la teoría del Derecho, existe un ejemplo mínimamente uniforme de la expresión principio, hasta el punto de que, recordando la terminología de Hart, aquí la “zona de penumbra” resulta más amplia que el “núcleo de certeza”.32 Prieto, por otra parte, nos da varios ejemplo, indicando que hay normas que suponen ser axiológicamente más fundamentales, a saber: “(la libertad o la justicia), las

Page 11

más generales o que inspiran amplios sectores del ordenamiento (la autonomía de la voluntad o el principio de culpabilidad), las que indican los fines de la acción estatal (el bienestar o el pleno empleo), las más vagas o que presentan indeterminado el supuesto de hecho de su aplicación (la igualdad), las que recogen algunos tópicos interpretativos (lo accesorio sigue a lo principal, argumento a fortiori), etc.”33 Sabemos, pues, que las fuentes del Derecho en los ordenamientos de tradición romanista son la ley, la costumbre y/o la analogía, y los principios generales del Derecho. De igual manera sabemos que estos últimos sólo serán de aplicación en defecto los primeros, según sean en el correspondiente ordenamiento jurídico. De aquí se deduce forzosamente una elemental, clara y fundamental conclusión, , sin perjuicio de que en ocasiones las diferentes Constituciones, leyes o las propias jurisprudencias, afirmen y admitan reconocer un principio, independiente de que lo llamen principio general, éstos, de los que hablan los Códigos civiles no pueden ser la ley, ni la costumbre, pues de serlos o en la medida en que lo sean ya no se podrían aplicarían en defecto de la ley, analogía, o la costumbre, toda vez que serian ley, analogía, o la costumbre.

Es perfectamente adecuado pensar que, en lo cuanto al planteamiento tradicional de los Códigos Civiles, se trata de unos enunciados “normativos tácitos” que no se conciben del mismo modo que la ley, la costumbre o la analogía. Es indubitable que no nos estamos refiriendo a leyes, ya que no constituyen ninguna criatura legislativa creada por el legislador, tampoco se trata de costumbres porque no son el reflejo de una conducta social, y mucho menos el producto del ejercicio analógico del jurista, del juez. Entonces ¿a qué nos referimos al decir principios generales de Derecho? La pregunta suscita perplejidad, al menos desde una concepción positivista del Derecho, pues sencillamente no cabe imaginar otra forma de producir normas que no sea la ley o la costumbre, o en su caso34, la analogía. Como indica el profesor Talavera: “Siempre ha resultado polémica esta doctrina puesto que, salvo que se afirme la existencia de realidades metafísicas y se comparta algún tipo iusnaturalismo, no cabe concebir otra forma de producir normas que no sea la ley (en un sentido amplio) o la costumbre (también la jurisprudencia)

Page 12

1.2. 1 ¿Los Principios como Actos?

Quizás es posible que los Principios Generales puedan verse o concebirse, como actos jurídico. En palabras de Austin, actos ilocutivo o ilocucionario35. Es poco controvertible aceptar que los Principios informan, hacen enunciados, plantean, dan órdenes, formulan preguntas, aconsejan a sus oyentes, en este caso, al jurista, al técnico jurídico ( abogados-fiscales), al legislador y/o al juez.. Sin intentar definir la expresión Principios Generales del Derecho (“acto ilocutivo” en el caso de Searle), es posible, que con el análisis de los Principios, se pueda tener éxito al proporcionar las bases para una definición.

Searle, asevera, (en la versión traducida al español) que en el español, (igual ha de ocurrir en cualquier lengua) algunos de sus verbos y frases verbales asociadas con actos ilocucionarios (en nuestro caso los Principios Generales del Derecho) son: enunciar, aseverar, describir, aconsejar, observar, comentar, mandar, ordenar, dar consentimiento, entre otros. Según Searle, es de interés e importancia en filosofía del lenguaje estudiar los actos de habla, o, como se les denomina algunas veces, actos de lenguaje o lingüísticos.36 Pero, ¿Qué importancia puede tener para el Derecho y para el estudio de los Principios Generales la lingüística, los actos de habla, de lenguaje? Nos parece que imprescindiblemente toda. El Derecho más que palabras es un lenguaje. Lenguaje que posee actos lingüísticos, que pueden, y están, tanto en las leyes, las costumbres, los reglamentos, la filosofía del Derecho, y en su caso, en la analogía, inclusive, en la boca muda del juez. El lenguaje del derecho además de decir algo, quiere decir algo.

Según Searle es esencial a cualquier espécimen de comunicación lingüística el que se incluya un acto lingüístico. Es esencial a cualquier espécimen jurídico el que se le incluya un acto jurídico. “La unidad de comunicación lingüística no es, como generalmente se ha supuesto, ni el símbolo ni la palabra ni la oración, ni tan siquiera la instancia del símbolo, palabra u oración, sino más bien lo que constituye la unidad

Page 13

básica de la comunicación lingüística es la producción de la instancia en la realización del acto de habla.37 Es decir, los Principios son más que leyes, que costumbres, que meras normas, o corolarios de normas o leyes, son otra clase de normas, diferentes, pues, como hemos mencionado, de no serlo, serian en efecto, cualquiera de los referidos actos. Al decir acto, jurídico no queremos decir o indicar una mera acción sino, la actuación de la presencia de un hecho en función del Derecho.

En fin, como se ha indicado los Principios son y están. De lo contrario no se hubiera dicho o escrito tanto a través de los años, Pero, nuevamente, qué son, o más bien qué se dice que son. De conformidad con la postura filosófica sostenida por diferentes autores, se ha apuntado a identificarlos con diversas nociones: con los principios fundamentales del que hacer de la legislación positiva, con el derecho natural, con la justicia, con reglas de equidad, entre otras. Existen diversas y variadas teorías elaboradas a través de la historia; la concepción Antigua, la Edad Media, Moderna, Contemporánea, y por qué no, Postmoderna. Independientemente de las nociones o perspectivas de los respectivos quehaceres del momento, los principios formulaban, ordenaban, aconsejaban; eran actos.

La vida de los principios está en su historia.38 Tomaremos como puntos referenciales las concepciones defendidas por las corrientes positivistas y iusnaturalista, toda vez, que son puntos extremos. Cabe hablar de iusnaturalismo y positivismo en tres sentidos diferentes: como ideología o punto de vista moral acerca de la mejor forma de organización política, como teoría explicativa del Derecho y, finalmente, como posición conceptual sobre el Derecho y sobre el modo de aproximarse a su conocimiento.39 En nuestro caso intentaremos una breve y cercana aproximación.

Page 14

1.2. 2 Los principios y el Iusnaturalismo

La historia del Derecho Natural es tan antigua como la del pensamiento occidental.40

Aunque la idea del derecho natural se remonte a la Edad Clásica y no haya dejado de tener valor durante la Edad Media, cuando se habla de “doctrina” o de “escuela” del derecho natural, sin otro agregado, o más brevemente, del término más reciente y todavía no aceptado en todas las lenguas europeas podemos referirnos a “iusnaturalismo”, (del latín ius, "derecho", y natura, "naturaleza").Se hace referencia al Renacimiento, al desarrollo y a la difusión que la antigua y recurrente idea del derecho natural tuvo durante la Edad Moderna en el período que corre entre el inicio del siglo XVII y el final del siglo XVIII.41 La escuela del derecho natural tuvo una fecha exacta de inicio. Fue con la obra de Hugo Grocio (1588-1625), De iure belli ac pacis42, publicada en 1625. Mas no tuvo una fecha final precisa, se estima que fue con la creación de las grandes codificaciones en especial la napoleónica que ésta llegó a su fin. De ahí se establecieron los cimientos para inclinarse más hacia las leyes establecidas, y, “por lo tanto, del modo de concebir el trabajo del jurista y la función de la ciencia jurídica, que toma el nombre de positivismo jurídico”.43 También el historicismo, en especial el jurídico, fue parte de su “deceso”. Si se quisiera señalar con precisión una fecha emblemática de este punto de llegada, se podría escoger el año de publicación del ensayo juvenil de Hegel, Ueber die wissenschftlichen...

Para continuar leyendo

Solicita tu prueba