Seguridad social para todos: combatir la pobreza mediante programas básicos de bienestar social

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Los Programas de Transferencia en Efectivo (Cash Transfer Programmes ó CTP, en sus siglas en inglés) se han hecho cada vez más populares durante los últimos años como herramienta para mitigar la pobreza, aumentar el consumo y promover el desarrollo humano. Aunque relativamente nuevos en el ámbito de la seguridad social, esos regímenes básicos de bienestar están presentes ahora en cerca de 30 países en desarrollo y llegan a más de 300 millones de beneficiarios que, de otro modo, no tendrían acceso a ningún tipo de protección social. La revista Trabajo analiza algunas de las cuestiones relativas a estos programas.

Para muchas personas del mundo en desarrollo, su trabajo es su única fuente de ingresos. Si no tienen trabajo, no tienen dinero para comida, medicinas ni educación. Dado que la mayor parte de su vida profesional, cuando no toda, se desarrolla en la economía informal, si pierden su trabajo pierden su combustible vital.

Pero incluso tener un trabajo no garantiza salir de la pobreza: hoy en día, más de 1,2 millones de trabajadores ganan menos de dos dólares al día, lo que significa que cuatro de cada diez trabajadores en el mundo son pobres. Los grupos vulnerables, como las mujeres, los niños y los mayores, se ven particular- mente afectados por este problema. Para ellos, los CTFs pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

Las transferencias condicionadas en efectivo (Conditional Cash Transfers, CTT) son una de las formas más destacadas de transferencias en efectivo. Según el Banco Mundial, "las CTTs dan dinero directamente a las familias pobres mediante un "contrato social" con los beneficiarios". En otras palabras, el Gobierno sólo transfiere el dinero si la familia satisface determinados criterios como, por ejemplo, enviar a los niños a la escuela con regularidad o llevarlos a centros de salud. Las CTTs son también regímenes de carácter no contributivo, lo que significa que no se exigen cotizaciones de las familias participantes.

Posiblemente, el programa CTTs más conocido -también el mayor del mundo- sea el de Bolsa Fa-milia en Brasil, que va por su sexto año. El objetivo Page 23 del programa es reducir la pobreza y la desigualdad proporcionando un nivel mínimo de ingresos a las familias extremadamente pobres e interrumpir la transmisión intergeneracional de la pobreza condicionando estas transferencias al cumplimiento de determinados requisitos (asistencia a la escuela, vacunas y visitas prenatales y posnatales). Se prevé que Bolsa Familia llegue a 12,4 millones de familias a finales de este año (una cuarta parte de la población del país) y ha supuesto un porcentaje significativo de la reciente e impresionante reducción de la desigualdad (20-25%) y de la extrema pobreza (16%) en Brasil.

Parecido a Bolsa Familia es el programa Oportunidades de México, que cubre a cinco millones de familias pobres. Al igual que su homólogo brasileño, el acceso a Oportunidades depende de que los padres (generalmente la madre) se aseguren de que sus hijos asisten a la escuela y visitan al médico con regularidad. Presentado en un primer momento, en 1997, con el nombre Progresa, el programa Oportunidades ha dado lugar a un aumento del 5 al 8% de asistencia escolar en niños y del 11 al 14% en niñas. Aunque el programa no se concibió específicamente para combatir el trabajo infantil, también ha resultado ser beneficioso en este aspecto. Como resultado directo de este programa, la probabilidad de que los niños de entre 8 y 17 años estén empleados se ha reducido entre un 10 y un 14 por ciento.

Pero no todas las transferencias en efectivo se orientan hacia los niños. El régimen de pensiones no contributivas de Sudáfrica se ha diseñado para reducir la pobreza en la vejez. Hasta la reciente introducción de los Becas de Ayuda a la Infancia (CSG, en sus siglas en inglés), este plan de pensiones fue la principal fuente de apoyo para las familias pobres de Sudáfrica. Un caso similar se observa en la vecina Namibia, donde cada ciudadano de más de 60 años tiene derecho a percibir una pensión de vejez. Este derecho es independiente del nivel de ingresos de la persona y de cualquier otra pensión que pueda percibir. La idea -también en Sudáfrica- es que todos disfruten de una pensión mínima una vez que lleguen a cierta edad.

Un aspecto recurrente de muchas transferencias en efectivo es que suelen tener un efecto positivo más allá de su conjunto de objetivos inicial. Por ejemplo, una pensión de vejez confiere una nueva posición social a una persona que, de otro modo, podría ser percibida como una carga económica en el seno de la familia. Así, los beneficiarios de pensiones de vejez son mantenidos y atendidos en la familia. Del mismo modo, las transferencias en efectivo se perciben como una herramienta importante para promover la igualdad de género, ya que contribuyen a conferir poder a las mujeres en el hogar y aumentan su autoestima. Las transferencias en efectivo también han resultado ser un medio eficaz de promover la participación democrática en otras áreas de la vida cívica. Otro de los programas de transferencia en efectivo de Brasil -Previdencia Rural- permite a los trabajadores rurales retirados pagar cuotas sindicales periódicas.

A pesar de haber demostrado su eficacia en la mitigación de la pobreza y la desigualdad social, las transferencias en efectivo no han sido inmunes a las críticas. Se ha criticado un aspecto en particular: la condicionalidad de las CTTs. Algunos expertos la han llamado "el tic parternalista", haciendo referencia a una tendencia básica por defecto de los funcionarios responsables de los programas a imponer condiciones adicionales a los posibles beneficiarios. De nuevo Sudáfrica nos sirve de ejemplo. Cuando los Fondos de Ayuda a la Infancia (CSG, en sus siglas en inglés) sólo se encontraban disponibles con condiciones, se estima que el 90% de los niños con derecho a subvención no la recibían. Una vez que se prescindió de las condiciones, la utilización de las prestaciones aumentó en un 58%.

Pero, en términos generales, las transferencias en efectivo han tenido efectos muy positivos sobre la pobreza, la salud y la nutrición, así como sobre la posición social de los beneficiarios, en particular de las mujeres. De todos modos, aún queda mucho camino por recorrer. Unos 5.300 millones de personas en el mundo (el 80% de la población mundial) no tienen acceso a ningún tipo de protección social. Las transferencias en efectivo están demostrando ser un primer paso adecuado para resolver este problema.