La ciencia de la política de John Stuart Mill

Autor:Frederick Rosen
Páginas:191 - 210

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    «... [N]o puede haber una Ciencia del Gobierno independiente. …Todas las cuestiones referentes a las tendencias de las formas de gobierno tienen que formar parte de la ciencia general de la sociedad, no de ninguna parte de ella que sea independiente» (CW VIII: 906)

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Para el que estudia la teoría política de J. S. Mill, este rechazo categórico de que el gobierno pueda ser el objeto de una ciencia independiente podría ser inquietante2. El historiadorPage 192del pensamiento político podría quedar consternado al descubrir que el estudio tradicional de las formas de gobierno, «desde Platón a Bentham», ya no parece relevante para la comprensión de la política o de la sociedad (véase CW VIII: 876n).

En el System of Logic (1843), Mill presentó una exposición altamente crítica del estado de la ciencia política de la época. Comparó el estudio de la política con el de la medicina «antes de que se comenzara a cultivar la fisiología y la historia natural como ramas del conocimiento general» (CW VIII: 875), y escribió:

Los que estudian la política de este modo intentaban estudiar la patología y la terapéutica del cuerpo social antes de haber puesto los cimientos necesarios en su fisiología; curar la enfermedad sin comprender las leyes de la salud. Y el resultado era tal y como siempre tiene que ser cuando la gente, incluso la que es hábil, intenta tratar las complejas cuestiones de una ciencia antes de que se hayan establecido sus verdades más simples y más elementales

(CW VIII: 876).

Mill criticó particularmente a aquellos que rehuían el estudio cuidadoso de las «secuencias universales» en política, pero emprendían el desarrollo de «preceptos universales» —basados en la aplicación de una forma de gobierno para todas las sociedades y para todas las épocas. Pensaba que esta forma de razonar conducía al descrédito del tema y tenía poco sentido, in-Page 193cluso en los términos de la analogía con la medicina. «Nadie piensa hoy que sea posible», escribió, «que un remedio pueda curar todas las enfermedades, o siquiera la misma enfermedad en todas las constituciones y hábitos corporales» (CW VIII: 877).

Mi objetivo en el presente ensayo es explorar algunos aspectos del acercamiento de Mill a la ciencia política y social, con un acento en el significado del carácter o «etología» de esta ciencia. Esta exploración viene seguida por una exposición de cómo aplicaba él los argumentos lógicos relativos al carácter a su concepción de «la mejor forma de gobierno en lo ideal» en las Considerations on Representative Government (1861). No es posible considerar aquí todos los aspectos de este tema. Estoy escribiendo en estos momentos una exposición más completa del contexto histórico del interés de Mill por la etología, con el título provisional de «J. S. Mill on Ethology». La importancia de Auguste Comte para el desarrollo de la ciencia política y social de Mill requerirá también un ensayo separado.

I

Muchos comentaristas se inclinan, como origen de su interés por este tema, por la impresión que produjo sobre Mill la crítica hecha por T. B. Macaulay, en 1829, del Essay on Government de James Mill y el debate subsiguiente, que tuvo lugar en aquel tiempo3. Finalmente, su propia posición se basó en el rechazo tanto del enfoque «químico» o experimental de Macaulay, como del método «geométrico» de lo que él llamaba «la escuela de Bentham» (véase CW VII: liv-lv; VIII: 879-94). En la Autobiography, Mill consideró claramente que su rechazo de ambas opiniones proporcionaba un contexto importante para los capítulos principales del libro VI de la Logic (CW I: 167-9).

Aunque es obvio que Mill estuvo influido por este debate, es posible que el debate en sí no hubiera suministrado los funda-Page 194mentos más profundos de su tratamiento de la política. Estos fundamentos se establecieron en el libro VI de la Logic, y los más importantes estaban relacionados con el carácter. En la teoría de Mill, el estudio del carácter se convirtió en la ciencia de la etología, que describió como sigue:

«De este modo se formó una ciencia, a la que yo propondría dar el nombre de Etología, o Ciencia del Carácter; de ethos, una palabra que corresponde más exactamente al término «carácter», como lo uso aquí, que ninguna otra palabra de la misma lengua. El nombre puede quizás aplicarse etimológicamente a la entera ciencia de nuestra naturaleza mental y moral; pero si empleamos, como resulta usual y conveniente, el nombre de Psicología para la ciencia de las leyes elementales de la mente, servirá Etología para la ciencia ulterior que determina el tipo de carácter que se produce de conformidad con aquellas leyes generales, por un conjunto cualquiera de circunstancias, físicas y morales. De acuerdo con esta definición, la Etología es la ciencia que se corresponde con el arte de la educación; en el sentido más amplio del término, incluyendo la formación del carácter nacional o colectivo, al igual que la del individual» (CW VIII: 869).

Consideremos brevemente diversos temas que han surgido en este pasaje. Primero, no hay duda de la relevante posición e importancia que Mill dio a la ciencia de la etología. Proclamó su importancia en numerosos pasajes: «esta ciencia de la etología puede ser llamada la Ciencia Exacta de la Naturaleza Humana…»; o la Etología es «el fundamento inmediato de la Ciencia Social» (CW VIII: 870, 907). Pero aunque tales afirmaciones establecían la relevancia de la etología, deberían yuxtaponerse al hecho de que, como lo admitió él, la etología, como ciencia, «está aún por crearse» (CW VIII: 872-3). Como señala Mill, «una ciencia de la Etología, basada en las leyes de la Psicología, es, por lo tanto, posible; aunque se haya hecho poco todavía, y ese poco de un modo no completamente sistemático, por formarla» (CW VIII: 873). Robson se refiere a Mill como posiblemente «el primer y único etólogo», sugiriendo no solo que Mill descubrió esta ciencia y le dio la posición más importante en su ciencia dePage 195la sociedad, sino también que nunca llegó a desarrollarla y que, aparentemente, tampoco nadie más lo hizo4.

En segundo lugar, Mill situó la etología en relación con la psicología, y la tarea de la psicología era establecer las leyes de la mente. La mente, para Mill, no era reducible a la materia y sus leyes podían descubrirse mediante la observación y los experimentos. Conectó la psicología con la teoría de la asociación desarrollada por su padre y perfeccionada en The Senses and the Intellect (1855) y The Emotions and the Will (1859), de Alexander Bain, y en The Principles of Psychology (1855), de Herbert Spencer (véase CW VIII: 853n). Si la psicología era «una ciencia de observación y experimentación», trató la etología como una ciencia deductiva. La etología seguía el rastro del funcionamiento de las leyes de la mente «en combinaciones complejas de circunstancias» (CW VIII: 870). «En otras palabras», escribió Mill, «la Etología, la ciencia deductiva, es un sistema de corolarios de la Psicología, la ciencia experimental» (CW VIII: 872). Al llegar a esta posición, Mill aportó una extensa crítica de la concepción de Bacon de los axiomata media, por medio de la argumentación de que esos valiosos principios podían establecerse por deducción, al igual que por inducción. Bacon se ha-Page 196bía equivocado, creía él, al mantener que la inducción procedía desde los principios inferiores a los intermedios y, desde ahí, a los más elevados, no dejando Bacon lugar para el descubrimiento de nuevos principios por deducción. Mill decía que Bacon incurrió en este error por no haber estado familiarizado con ciencias deductivas tales como la mecánica, la astronomía, la óptica y la acústica (CW VIII: 870-1).

En tercer lugar, la etología, proclamaba Mill, era la ciencia que se relacionaba con el arte de la educación. No se explicitaba con claridad cómo estaban relacionados la ciencia (la etología) y el arte (la educación), aunque Mill usó la distinción entre arte y ciencia para exponer algunos puntos importantes en la Logic. Por ejemplo, cuando criticó el llamado método «geométrico» de la «escuela de Bentham», se refirió al error fundamental de ellos al tratar un arte como si fuera una ciencia y creer que podría existir un arte deductivo (CW VIII: 889). Un error así, mantenía Mill, no se basaba en la ignorancia de la distinción entre ciencia y arte, sino supuestamente en la manera en que se empleaba esa distinción.

Para Bentham, el arte tenía prioridad ante la ciencia y determinaba qué ciencias o qué aspectos de una ciencia dada formarían el conocimiento que el arte pondría en acción5. El arte médico, por ejemplo, podía aprovechar numerosas ciencias, por ejemplo la anatomía, la fisiología, la biología, la química, la física, etc., pero solo aquellos aspectos de estas ciencias que sirvieran para el arte. De un modo similar, el arte de la política podría aprovechar numerosas ciencias y artes, desde la ética a laPage 197estadística, o desde la economía al derecho. Lo importante para el practicante del arte era identificar los fines a los que el arte habría de servir y, entonces, desarrollar las ciencias o aprovecharlas para avanzar en el arte. Por consiguiente, el arte y ciencia de la política aprovecharía toda una gama de otras artes y ciencias, y serviría a la felicidad humana mediante principios tomados de esas otras esferas.

Algunas veces Mill parece estar muy próximo a Bentham. También insistía en la estrecha conexión entre arte y ciencia, aunque parecía dar prioridad a la ciencia sobre el arte. Su crítica de «la escuela de Bentham» radicaba en parte en este punto. Mill se ocupó de la ciencia (y del uso de la inducción y la deducción) principalmente en la Logic, aunque no descuidó el arte, como resulta obvio en el breve, aunque importante, capítulo final de la Logic (CW VIII: 943 ss.). Como escribió Mill:

El arte se propone a sí mismo un fin a conseguir, define el fin y lo transfiere a la ciencia. La ciencia lo recibe...

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