El ciclo político-económico en Estados Unidos (1991-2004). De la nueva economía de Clinton a la economía de guerra de Bush *.

AutorGarc

Ante el actual proceso de debate pre-electoral en Estados Unidos, las cuestiones económicas adquieren especial relevancia. A pesar de que los dramáticos acontecimientos del 11-S y las repercusiones de la guerra en Irak forman parte de las prioridades temáticas en los discursos de los candidatos, no es menos cierto que los condicionantes y efectos económicos subyacen en las posiciones públicas de republicanos y demócratas. Se requiere, por tanto, una visión panorámica sobre el balance político-económico de una economía que, en el umbral del siglo XXI, remata un ciclo de crecimiento con un epílogo bélico de enorme incertidumbre. Los datos macroeconómicos reflejan una situación recesiva o, cuando menos, estancada, a pesar de los esfuerzos de la autoridad monetaria por mantener tipos de interés casi nulos a fin de incentivar la inversión estimular el empleo y el crecimiento el económico en un país herido por la daga del terrorismo. En esta primera parte del artículo se sintetizan los principales factores que contribuyeron a una expansión económica a lo largo del mandato de Clinton en una fase que se conoce como Nueva Economía, debido al avance tecnológico y productivo que significaron las tecnologías de la información y la comunicación para el proceso económico.

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PRIMERA PARTE

LA POLÍTICA ECONÓMICA EN EL GOBIERNO DE CLINTON

1.1. Logros y retos: larga onda de crecimiento

Durante los ocho años de expansión 1991-1998, el aumento del empleo situó la tasa de paro en el 4,3% de la población activa, el nivel más bajo de los últimos años. Sin embargo, la ocupación en las actividades manufactureras bajó levemente, debido a la baja actividad industrial consecuencia del incremento de las importaciones de las naciones asiáticas en crisis, cuyas monedas se depreciaron fuertemente.

Pese a la persistente reducción del desempleo, el presidente del sistema de la Reserva Federal, Alan Greespan, se resistía a elevar los tipos de interés basándose en que la onda de prosperidad, con escasa inflación, obedecía a circunstancias no monetarias, tales como masiva inmigración laboral con bajos salarios, tendencia alcista de las importaciones, precios muy reducidos, mejoras tecnológicas que impulsaron fuertes aumentos de la productividad, liberalización de los mercados y mayor competencia, etc., y otras causas que frenaron los brotes inflacionistas.

En esta bonanza del mayor mercado del mundo, el problema más temido era fundamentalmente exógeno, ya que el agravamiento de la crisis asiática podía reducir el ritmo del aumento del PIB estadounidense del 4,8% al 3,5%. Además, si los salarios aumentaban demasiado en caso de que la Reserva Federal subiera el precio del dinero, se encarecerían los créditos, con graves efectos a corto plazo, provocando el colapso de la bolsa de Nueva York, debilitando todavía más el yen.

Respecto de la postura de Alan Greenspan de no adoptar medidas para detener la presunta inflación latente, Paul Krugman atacó la decisión de retardar el alza de los intereses por dos razones: el desempleo se situaba por debajo de su nivel sostenible y por la burbuja financiera que significaba el enriquecimiento por las alzas de precios en los mercados, cuestiones que los análisis generalmente no tenían en cuenta.

Frente a quienes, como Krugman, eran partidarios de introducir ajustes para frenar la pérdida de dinamismo de la economía, los nuevos creyentes de la New Age señalaban que podría haberse entrado en una auténtica nueva era.

Los acontecimientos dieron un giro inesperado a todo el problema. La crisis asiática y los episodios rusos llegaron a contagiar negativamente los mercados financieros estadounidenses e incluso indujeron la desaceleración de la economía. Por esta razón, en septiembre-octubre de 1998, Greenspan en vez de subir los tipos de interés hizo lo contrario, en medio de toda clase de rumores sobre el deterioro de la economía estadounidense.

En los últimos años, Estados Unidos ha sido el mayor motor del crecimiento mundial. En efecto, los años noventa fueron el período de crecimiento más prolongado de la economía del país desde la Segunda Guerra Mundial, que se mantuvo durante 107 meses consecutivos, hasta febrero del 2001.

Los cuatro grandes retos de futuro para la economía estadounidenses son:

* Mantenimiento del ritmo de crecimiento de la productividad

Este reto plantea a su vez dos cuestiones. La primera, saber cómo van a reaccionar los agentes a medida que fuera desapareciendo el efecto sorpresa por el incremento de la productividad. Una vez asimilado este efecto, e incluso si se mantiene un alto ritmo de crecimiento de la productividad, sería lógico que la economía encontrase una válvula de escape en forma de mayor inflación o aumento del paro. La segunda cuestión: ¿puede mantenerse el ritmo actual de crecimiento de la productividad? Tradicionalmente, en Estados Unidos las recesiones han sido precedidas de bruscas caídas de la productividad. Sin embargo, parece que actualmente las empresas más afectadas por el freno de la demanda ya están reajustando sus plantillas. Así, mientras en la etapa de fuerte crecimiento crecía la productividad activa, ahora lo hacía la pasiva.

* Recuperación del ahorro privado que permite corregir el déficit externo

El crecimiento de Estados Unidos en los últimos años ha estado fuertemente basado en el consumo privado interno, que en 2000 se elevó al 68% del PIB. En la última década, las economías internas fueron reduciendo gradualmente su tasa de ahorro sobre la renta disponible, 10% hasta tasas negativas, con lo que por primera vez, en su conjunto, las economías internas de Estados Unidos registran cifras negativas en la tasa de ahorro.

Algunos economistas señalan que esta escasez de ahorro no es preocupante porque no ha frenado la inversión. El sector exterior ha compensado dicha escasez, contribuyendo así a financiar un sólido proceso inversor en una época de grandes cambios tecnológicos. Es cierto que el crecimiento de la economía habría sido superior si la inversión se hubiera financiado con recursos internos.

Por otro lado, mientras que aumentaban los precios de los activos financieros, la mayor riqueza financiera de las familias respaldaba la expansión del consumo privado. Esto tampoco debería ser preocupante, porque la mayor riqueza financiera genera mayor seguridad en las rentas futuras, para atender a la devolución de los préstamos contraídos.

El problema que plantea el endeudamiento de las economías internas es precisamente que la riqueza financiera no está realizada sino que se mantiene en forma de activos financieros sujetos a fluctuaciones. La fuerte caída de los mercados financieros podía frenar el consumo y poner fin a los 107 meses de crecimiento sostenido.

* Sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas

La política fiscal ha sido una de las mayores contribuciones al crecimiento del país en los últimos años, puesto que liberó recursos hacia sectores de alto potencial de crecimiento.

Entre 1992 y 2000 el gasto público se redujo de 22% al 18%. Este descenso se explica por la menor importancia relativa del gasto militar y por la contención en el pago de intereses.

En 1998, por primera vez desde la crisis del petróleo, se logró un superávit presupuestario. En 2000 este alcanzó a 2,4% de PIB y, de mantenerse esta tendencia, en 2015 se habría eliminado la deuda pública.

Ante esta situación, a principios de 2000 el Departamento del Tesoro formuló diversos planes de recompra de la deuda, que involucraban una caída e los intereses a largo plazo en la curva de tipos de interés de la deuda pública, pero los intereses de los bonos privados se mantuvieron. La progresiva reducción de la liquidez de los Bonos del Tesoro hizo que los inversores buscaran nuevos valores de referencia en otros mercados.

Pese a estos logros presupuestarios, hay aspectos que requieren mayor análisis, como la presión de la inflación sobre el gasto público. En efecto, buena parte del gasto en seguridad social se vincula con la evolución de la inflación, constatándose que en los últimos años el IPC aumentó más rápidamente que el deflactor del PIB, lo que generó un desfase entre el ritmo de crecimiento del gasto, que sigue de cerca la evolución del IPC, y el de los ingresos, más ligado a la evolución del PIB.

A largo plazo el factor más preocupante es la evolución demográfica prevista. Al igual que en el resto de las economías avanzadas, la población de Estados Unidos envejece progresivamente, lo que supondrá una presión sobre el gasto público en los sistemas de seguridad social y asistencia médica, que aumentarán del 6,1% actual al 11,2% del PIB.

Estimaciones publicadas últimamente señalan que los fondos de reserva de la seguridad social tendrá aportaciones negativas a partir del año 2016, hasta agotarse totalmente en 2038.

* Impacto de los mercados de valores sobre la economía

Conviene recalcar la importancia de los mercados de valores en la evolución económica de Estados Unidos a corto y mediano plazo. Actualmente la economía estadounidense es mucho más sensible a estos mercados, ya que el 40% del patrimonio de las economías internas está invertido en títulos del mercado organizado. Pese a los recientes vaivenes bursátiles no hay que olvidar que desde el punto de vista financiero, la economía esta saneada. La desintermediación financiera facilita la financiación propia frente a los recursos ajenos y contribuye así al rápido ajuste de las empresas que lo han iniciado, todo ello sin generar problemas para el sector bancario y sin provocar la temida contracción del crédito, típica del periodo de cambio de tendencia.

Los logros de la economía americana son:

* Hasta febrero del 2001 la economía americana ha crecido por 107 meses consecutivos. Desde 1993 hasta finales del 2000, la tasa anual media de crecimiento fue cercana al 4% y se elevó hasta 6% entre el segundo semestre de 1999 y mediados de 2000.

* El desempleo bajó a niveles mínimos, y hasta fines de 2000 la tasa de...

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