China y los paises en desarrollo: el caso de America Latina.

AutorGálvez, Liska

Resumen

El fenómeno chino en la región latinoamericana ha generado diversas evaluaciones que no corresponden con su actual realidad económica, política ni social; y es que la hoy segunda economía mundial sigue siendo un país en desarrollo que se ha escapado a las referencias convencionales de la economía. De igual forma ha sido también el proceso natural en el cual se han desarrollado las relaciones económicas entre China y la región y, si bien que sin referentes, su característica asimétrica resulta evidente. Es en el marco de expandir su comercio en ordena continuar con su crecimiento a lo interno que Latinoamérica ha llegado a ser foco de atención de la diplomacia china. Ante esta interacción entre China y los países en desarrollo, en este caso los de la región latinoamericana, todas las partes presentan grandes desafíos.

PALABRAS CLAVE: países en desarrollo, asimetría, Latinoamérica, diplomacia china, relaciones económicas,

Abstract

The Chinese phenomenon has generated countless evaluations within the Latin American region that do not correspond with China's current economic, political and social reality. Although the second largest world economy, China is still a developing country wherein its success has no conventional reference to date. The same can be said about the natural process of economic relations that have been slowly developing between China and Latin America. With the expectation of expanding trade in order to continue its domestic growth, Latin America has become a new focus in China's diplomacy. Given trade relations between China and developing countries, and the related growing asymmetrical trade issues, Latin American countries have their own set of challenges to confront in the future. The formulation of a regional strategy and the ability to materialize its political discourse with other countries in the region will thus be vital for the future outcome of trade relations between China and Latin America.

KEYWORDS: developing countries, asymmetrical, Latin America, Chinese diplomacy, economic relations.

China and developing countries: the case of Latin America

INTRODUCCIÓN

La particularidad del fenómeno chino ha retado los referentes convencionales de la economía, pero en la actual esfera internacional es imposible elaborar estudios de relaciones internacionales sin incluirlo. Y efectivamente China juega un papel relevante en el mundo actual debido a tres factores importantes: su actual papel y potencial económico, que la ha convertido en la segunda economía mundial, por tratarse de una variante de los modelos clásicos occidentales y por el desconocimiento que se tiene sobre su realidad social y política.

Si los cambios en la trayectoria de desarrollo interno de China son los que han impulsado el desarrollo de las relaciones comerciales sino-latinoamericanas, entonces la evaluación de dicha relación depende de una comprensión más profunda del fenómeno chino. La preocupación por sus desequilibrios económicos internos e internacionales y el papel que desempeña su economía hoy día y en el futuro son muchos de los temas que llaman a profundizar el fenómeno.

Pero una característica que escapa a la atención de muchos analistas es el hecho de que a pesar de este gran potencial económico y de haber llegado a ser la segunda economía mundial, China sigue siendo un país en desarrollo. Y este elemento juega un papel relevante tanto política como económicamente en las interacciones comerciales entre China, con su particular característica y el resto de los países en desarrollo.

El presente ensayo presenta una breve descripción de las relaciones económicas sino-latinoamericanas pero vistas desde un prisma más realista respecto de su política exterior y de su realidad socioeconómica y esto para comprender mejor el verdadero significado de lo que China representa para la región. Para ello se centrará la atención en primer lugar en la realidad económica, política y social china, se continuará con el valor que ha representado la región para su diplomacia económica y sus relaciones comerciales, para terminar con los desafíos que confrontan las actuales relaciones sinolatinoamericanas.

  1. EL FENÓMENO CHINO: REALIDAD SOCIAL, POLÍTICA Y ECONÓMICA

Para una mayor comprensión de la política exterior china y su relación con los países en desarrollo se hace necesario comprender la naturaleza de su sistema político, social y económico.

Con frecuencia se describe a China como >, hecho que dificulta el análisis de la compleja realidad de la China moderna. Si bien Mao Zedong fundó la República Popular China (RPC) basada en el marxismo-leninismo, la malograda economía forzó al Partido Comunista Chino (PCC) a abrirse al exterior. Fue entonces cuando Deng Xiaoping (1987) estableció la apertura económica que ha evolucionado hasta crear el Socialismo de Mercado, que no es más que una economía abierta al mercado (centralmente planificada, cuyo desempeño está distorsionado por la intervención gubernamental) donde se mantiene la estructura de control político característica de un país comunista.

Por una parte, con una intervención estatal en el mercado, el modelo chino no se ajusta a las políticas económicas occidentales de orden liberal que sostiene que el sistema de laissez faire será armonioso si el gobierno no interviene en el mercado y solo salvaguarda a las personas y a la propiedad. De hecho, en China son los empresarios los que utilizan al Estado- el 40% de propietarios de empresas privadas son miembros del PCC (Poch de Feliu, 2009: 600)- y es por esta relación que el Estado tiene hacia el capital, donde lo político está sobre lo económico, que China no es plenamente capitalista. Para China el sistema socialista y una economía de mercado no tienen por qué ser contradictorios: la planificación sobre el mercado puede desarrollar la producción social.

Por otra parte, China tampoco es socialista, pues si bien la alimentación es accesible a todos, no existe esa colectividad propia de los sistemas socialistas (Croll, 1998; White y Goodman, 1998). No existen ni educación, ni seguridad social, ni jubilación garantizadas. China posee un capitalismo en su máxima expresión, que se manifiesta por ejemplo en el suceso de Tian An Men en 1989, cuando los tanques trabajaron a favor del mercado. Lo que solo se vio como confrontación entre un Estado comunista brutal y un grupo de estudiantes que exigían libertad tenía también otra realidad: había además trabajadores que reclamaban por la creciente corrupción gubernamental y por la desigualdad económica, producto de la suspensión de la asistencia social, y los reclamantes no tenían interés alguno en adoptar ideas occidentales ni rechazar el sistema.

En relación con lo político, la ausencia de democracia en China es un tema que abre muchos debates. Aquí conviene observar las características socioeconómicas que definen la realidad china. En occidente la tradición política sustenta que el Estado de derecho no tiene significado sin la democracia. Pero hoy día se ve que hay países en que hay Estado de derecho sin democracia (Hong Kong) y democracias sin Estado de derecho (Rwanda). Las críticas a China deben recordar que la democracia occidental tomó un largo y doloroso proceso histórico y para otros ese > está muy lejos de serlo. Y segundo, hay que observar la realidad de la sociedad china. Si el comunismo se adoptó en China fue por la identificación del carácter práctico que su programa encontró en la sociedad y con ello su legitimación. Para una sociedad arrasada por décadas de crisis económicas y políticas, la meta económica y de estabilidad social primó sobre cualquier otro derecho político. Esto se observa en que pese a los desastres del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, Mao es considerado el inicio de la modernización china. La razón fue que Mao organizó por primera vez a los campesinos y con su apoyo obtuvo la victoria en 1949 -- que no fue revolución campesina-; realizó la reforma agraria, creó un Estado chino- más bien comunista- que llegaba a todas partes y en el que se crearon instituciones sociales.

Las teorías occidentales afirman que luego del liberalismo económico el ascenso de la sociedad civil china exigirá la democratización política. Este es un argumento anti-histórico que soslaya otra naturaleza de la sociedad: la lucha por conflictos de intereses. Inclusive para los propios analistas chinos, como el catedrático de la Universidad de Beijing, Pan Wei, > (Leonard: 84). Como menciona el periodista español Poch de Feliu: > (Poch de Feliu, 2009: 600). No es que se justifique al sistema, sino que es esta una realidad que la sociedad define y su forma de gobierno es consecuencia de la misma.

En China las personas poseen escasas inquietudes políticas. Quizá sea por un legado cultural confuciano que los chinos se quejan de la corrupción entre sus representantes inmediatos (1) (especialmente en cuadros medios y administraciones locales) pero no cuestionan la validez del sistema. Y es que tanto la sociedad como el Estado niegan el conflicto. No reconocen el conflicto como motor de la sociedad y por ello niegan la política como espacio para plantearlo. Y ocultan el conflicto por lo fragmentada de su sociedad, donde la ausencia de comunidad imposibilita los acuerdos comunitarios sociales (amparándose en las relaciones personales y de familia). Este estado de seminconsciencia, producto histórico, explica por qué a los chinos les interesa más la estabilidad que les permita seguir creciendo económicamente que los derechos políticos.

Es precisamente esta trialidad china lo que permite concluir que muy a pesar de ser la segunda economía mundial, el sistema chino presenta realidades políticas que no se corresponden con su estatus económico y lo diferencia tanto de los países en desarrollo como de los desarrollados.

Actualmente existe una amplia bibliografía que describe efectivamente los males de la mezcolanza capitalismo-socialismo-comunismo y la...

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