Voto Particular de Corte Interamericana de Derechos Humanos de 11 de Marzo de 2005. Caso Caesar Vs. Trinidad y Tobago. Serie C No. 123

PonenteCançado Trindade
Fecha de Resolución11 de Marzo de 2005
EmisorCorte Interamericana de Derechos Humanos
CasoCaesar Vs. Trinidad y Tobago
ActoFondo, Reparaciones y Costas
SolicitanteUruguay

VOTO RAZONADO DEL JUEZ A.A. CANÇADO TRINDADE

  1. He concurrido con mi voto en la adopción de la presente Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de C. versus T. y Tobago. Dada la relevancia legal de los temas tratados por la Corte en su decisión, así como los subyacentes al mismo y referentes al presente caso, me siento obligado a dejar constancia de mis reflexiones personales sobre los mismos como los fundamentos para mi posición sobre el tema. Me referiré, en el presente Voto Razonado, a los siguientes puntos que considero claves, no solo para lograr un mejor entendimiento de la decisión de la Corte en el presente case de Caesar, pero también para el manejo de futuros casos en que también puedan surgir dichos temas: a) la humanización de la ley de los tratados, como se ilustra por los desarrollos respecto a la interpretación de tratados, reservas a los tratados, denuncia de los tratados y la terminación y suspensión de la operación de los tratados; b) el estado de derecho internacional: no comparecencia ante un tribunal internacional y la obligación de cumplir con sus sentencias; y c) el creciente contenido material y alcance del jus cogens en el derecho internacional contemporáneo.

    1. La Humanización de la Ley de los Tratados.

  2. No es de sorprenderse que las consideraciones básicas de la humanidad rodean los dominios recientemente surgidos de las leyes internacionales, tales como el de la protección internacional de los derechos humanos. Pero la incidencia de esas consideraciones sobre las áreas más tradicionales del derecho internacional, que en el pasado eran abarcadas, casi invariablemente, desde el ángulo de la “voluntad” de los Estados, es indicativo de nuevos tiempos y una nueva mentalidad centrada más bien en los últimos destinatarios de las normas internacionales, los seres humanos.

  3. El derecho de los tratados merece una ilustración pertinente, revelando que ya no está más a merced de la “voluntad” de los Estados y que ella, también, reconoce ciertos valores comunes superiores que la comunidad internacional como un todo considera deben ser preservados. Algunos ejemplos pertinentes pueden ser encontrados en áreas del derecho de los tratados que se refieren a la interpretación de los tratados, reservas a los tratados, denuncia de tratados y terminación y suspensión de la operación de tratados. Sin embargo, yo revisaré cada uno de ellos brevemente antes de presentar mis observaciones de cierre sobre el tema.

  4. Consideraciones sobre la Interpretación de los Tratados.

    1. C.G..

  5. Cuando uno procede a interpretar los tratados de derechos humanos, así como otros tratados internacionales, uno se inclina a recurrir primero a las disposiciones establecidas en los artículos 31-33 de las dos Convenciones de Viena sobre el Derecho de los Tratados (de 1969 y 1986, respectivamente), y en particular a la combinación según el artículo 31 de los elementos del significado normal de los términos, el contexto y el objeto y fin de los tratados en cuestión[1]. Entonces es muy fácil encontrar que, en la práctica, mientras que en el derecho tradicional ha habido una marcada tendencia a buscar más bien una interpretación más restrictiva que le da la mayor precisión posible a las obligaciones de los Estados Partes, en el derecho internacional de los derechos humanos, de manera un poco distintiva, ha existido un énfasis claro y especial sobre el elemento del objeto y fin del tratado, con el fin de asegurar una protección efectiva (effet utile)[2] de los derechos garantizados.

  6. Mientras que en el derecho internacional general los elementos para la interpretación de los tratados evolucionó principalmente como lineamientos para el proceso de interpretación por los Estados Partes mismos, los tratados de derechos humanos, por su parte, han requerido una interpretación de sus disposiciones tomando en cuenta la naturaleza esencialmente objetiva de las obligaciones asumidas por los Estados Partes: dichas obligaciones buscan la protección de los derechos humanos y no el establecimiento de derechos subjetivos y recíprocos para los Estados Partes. De ahí, el especial énfasis en el elemento del objeto y fin de los tratados de derechos humanos, de lo cual la jurisprudencia de los dos Tribunales regionales de Derechos Humanos – el Interamericano y el Europeo – ofrecen un testimonio elocuente.

  7. La interpretación y aplicación de los tratados de derechos humanos ha sido guiada por las consideraciones de un interés general superior u ordre public que trasciende los intereses individuales de las Partes Contratantes. Tal como ha sido indicado por la jurisprudence constante de los dos tribunales internacionales de derechos humanos, esos tratados son diferentes a los tratados clásicos, incluyendo concesiones y compromisos recíprocamente restrictivos; los tratados de derechos humanos prescriben obligaciones de una naturaleza esencialmente objetiva, implementadas de manera colectiva por medios de supervisión propios[3]. La rica jurisprudencia sobre métodos de interpretación de los tratados de derechos humanos ha mejorado la protección del ser humano a nivel internacional y ha enriquecido el Derecho Internacional bajo el impacto del Derecho Internacional de Derechos Humanos.

  8. La convergente jurisprudencia en este sentido ha generado el entendimiento común, en los sistemas regionales (Europeo e Interamericano) de protección a los derechos humanos, que los tratados de derechos humanos están dotados de una naturaleza especial (como se distingue de los tratados multilaterales tradicionales); que los tratados de derechos humanos tienen un carácter normativo, de ordre public; que sus términos deben ser interpretados de manera autónoma; que en su aplicación uno debe asegurar una protección efectiva (effet utile) de los derechos garantizados; que las obligaciones ahí consagradas tienen una naturaleza objetiva y deben ser cumplidas por los Estados Partes, que tienen el deber adicional común de ejercitar la garantía colectiva de los derechos protegidos; y que las restricciones permisivas (limitaciones y derogaciones) al ejercicio de los derechos garantizados deben ser interpretados de manera restrictiva. El trabajo de los Tribunales Interamericanos y Europeos de Derechos Humanos sin duda ha contribuido a la creación de un ordre public internacional basado en el respeto por los derechos humanos en cualquier circunstancia[4].

  9. Tal y como he ponderado en mi Voto Razonado en el case de B. versus Guatemala (reparaciones, 1999) ante el Tribunal Interamericano de Derechos Humanos,

    "(...) así, en materia de tratados de derechos humanos, cabe tener siempre presente el carácter objetivo de las obligaciones que encierran, el sentido autónomo (en relación con el derecho interno de los Estados) de los términos de dichos tratados, la garantía colectiva subyacente a éstos, el amplio alcance de las obligaciones de protección y la interpretación restrictiva de las restricciones permisibles. Estos elementos convergen al sostener la integridad de los tratados de derechos humanos, al buscar la realización de su objeto y propósito, y, por consiguiente, al establecer límites al voluntarismo estatal. De todo esto se desprende una nueva visión de las relaciones entre el poder público y el ser humano, que se resume, en última instancia, en el reconocimiento de que el Estado existe para el ser humano, y no viceversa[5].”

  10. Otro aspecto a ser recordado aquí es el del significado autónomo de los términos de los tratados de derechos humanos (a diferencia de su significado por ejemplo en el derecho nacional). El punto, enfatizado por el Comité de Derechos Humanos (bajo el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las ONUA) en la adopción de sus puntos de vista en el caso de V.D. versus Canada (en 1982), ha sido tratado también por los dos Tribunales regionales – europeo e interamericano – de Derechos Humanos. La Corte Europea ha endosado la doctrina de la interpretación autónoma en sus sentencias, por ejemplo, en los casos de Ringeisen (1971), K. (1978) y Le Compte (1981 y 1983). Por su parte, la Corte Interamericana en su sexta Opinión Consultiva sobre La Expresión “Leyes” en el Artículo 30 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (1986), aclaró que la palabra “leyes” en el artículo 30 de la Convención Americana, a ser examinada no solo según el principio de legalidad, pero también con el de legitimidad, implica una norma jurídica de una naturaleza general, referida al “bienestar general”, que emana de los órganos legislativos establecidos de manera constitucional y elegidos democráticamente y elaborado según el procedimiento de creación de leyes establecido por las Constituciones de los Estados Partes.

  11. Además, la interpretación dinámica o evolutiva de las respectivas Convenciones de derechos humanos (la dimensión intertemporal) ha sido seguido tanto por la Corte Europea[6] como la Corte Interamericana[7], para cumplir con las cambiantes necesidades de protección del ser humano; en su décimo sexta y pionera Opinión Consultiva, sobre El Derecho a la Información sobre la Asistencia Consular en el Marco de las Garantías del Debido Proceso Legal (1999), que ha inspirado la jurisprudencia internacional in statu nascendi sobre el tema, la Corte Interamericana ha aclarado que, en su interpretación de las normas de la Convención Americana, se debe extender la protección en situaciones nuevas (tales como la referente a la observancia del derecho a información sobre asistencia consular) sobre la base de derechos preexistentes. La misma visión ha sido planteada por la Corte Interamericana en su posterior y progresista décimo octava Opinión Consultiva, sobre la Condición Jurídica y Derechos de los Migrantes Indocumentados (2003).

  12. Hay una jurisprudencia convergente de las dos Cortes de Derechos Humanos – y sin duda de otros órganos internacionales supervisores de derechos humanos – sobre este tema. Por lo tanto, la Corte Europea...

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