Buscar la Paz Cultivando la Justicia - Una historia fotográfica de la OIT

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Con motivo del 90º aniversario de la OIT, Trabajo pasa revista a su creación y su historia a través de fotografías de los principales acontecimientos, desde su inicio tras la Primera Guerra Mundial con la voluntad de crear una sociedad más justa y estable, hasta su posición actual de elemento central del sistema de las Naciones Unidas y su continua búsqueda de la justicia social y el trabajo decente para todos. Como testimonio de la magnitud y la variedad de trabajos de la OIT, estas imágenes ilustran algunos de los mayores retos que la Organización ha tenido que superar; muestran cómo ha evolucionado y se ha adaptado con el paso de los años para mantener su pertinencia e influencia ante los importantes cambios sociales y tecnológicos que se han ido sucediendo1.

Tras la Primera Guerra Mundial, se creó la Organización Internacional del Trabajo con el fin de instaurar la paz universal a través de la justicia social. La Comisión de Legislación Internacional del Trabajo, que aparece en la fotografía, estaba integrada por dos representantes de cada una de las grandes potencias de la época (Estados Unidos, Imperio Británico, Francia, Italia y Japón), así como por representantes de Bélgica, Cuba, Polonia y Checoslovaquia.

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El artículo 392 del Tratado de Versalles establece que: «La Oficina Internacional del Trabajo se establecerá en la sede de la Sociedad de las Naciones y formará parte del conjunto de las instituciones de la sociedad».

Por consiguiente, Ginebra, ya elegida como sede de la Sociedad de Naciones (SDN), se convirtió también en la sede de la Oficina Internacional del Trabajo.

La Constitución aborda los principios y finalidades de la organización del trabajo, las condiciones para la adhesión y los órganos ejecutivos y de control. «La estructura básica es simple», escribía David Morse, el Director General de la Oficina que más tiempo ocupó dicho puesto (1948-1972). «Los miembros de la OIT son Estados soberanos y se reúnen una vez al año en la Conferencia, a la que cada miembro tiene derecho a enviar una delegación tripartita integrada por cuatro delegados, dos en representación del gobierno y otros dos en representación, respectivamente, de los empleadores y los trabajadores del país. El Consejo de Administración tiene la responsabilidad general de coordinar las actividades de la organización en un programa global que puede adaptarse para tener en cuenta la evolución de las necesidades y las prioridades.

En tercer lugar, la Oficina Internacional del Trabajo, dotada de personal permanente, es dirigida por un Director General».

A pesar de tener una estructura simple, incluye innovaciones que eran sorprendentes en 1919 y todavía siguen siendo únicas hoy en día. En particular, la OIT brinda a los representantes de los empleadores y de los trabajadores el mismo estatuto que a los representantes de los gobiernos. En la Conferencia y en el Consejo de Administración, los delegados de los empleadores y los trabajadores se reúnen junto con los delegados gubernamentales y disfrutan de los mismos derechos. La OIT, única en este sentido entre las organizaciones internacionales, debe su vigor y vitalidad, y en gran medida su éxito, a la cooperación equilibrada entre los gobiernos, los empleadores y los sindicatos para la elaboración de las políticas y programas

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En las sesiones plenarias y las reuniones de comisión de la Conferencia anual del Trabajo, los delegados debaten los problemas a los que ha de hacer frente el mundo del trabajo. Los delegados pueden adoptar convenios y recomendaciones (que después han de ser ratificados por los Estados miembros y transpuestos a la legislación nacional) sobre esos temas y elegir a los miembros del Consejo de Administración. La primera sesión de la Conferencia, celebrada en Washington DC los días 29 de octubre a 29 de noviembre de 1919, contó con la presencia de 40 países y territorios, y adoptó el primer Convenio de la OIT, el Convenio (núm. 1) sobre las horas de trabajo (industria), que limita a 8 las horas de trabajo al día, y a 48 las horas semanales.

La petición francesa de organizar una Conferencia Internacional del Trabajo que abordase esencialmente las cuestiones marítimas condujo a la convocatoria de una segunda sesión de la Conferencia Internacional del Trabajo en 1920 centrada en los asuntos marítimos y, en lo sucesivo, siempre que fue necesario se convocaron sesiones marítimas de la Conferencia Internacional del Trabajo.

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Igual de importante que la sesión anual de la Conferencia Internacional del Trabajo es el Consejo de Administración de la Oficina, un consejo tripartito elegido por la Conferencia. El Consejo de Administración se encarga de controlar el trabajo de la Oficina Internacional del Trabajo, es decir, de la formación de comisiones especiales para examinar los gastos de la OIT. Cuando se creó, el Consejo de Administración estaba integrado por 12 miembros gubernamentales, 6 miembros empleadores y 6 miembros trabajadores. Hoy, el Consejo de Administración se ha ampliado a 28 miembros gubernamentales, 14 miembros empleadores y 14 miembros trabajadores, que reflejan el aumento de las adhesiones a la OIT. Desde la creación de la OIT, las principales potencias industriales se incluyen automáticamente entre los miembros gubernamentales del Consejo de Administración.

Las tres llaves representan la naturaleza tripartida de la OIT y hacen referencia a la colaboración entre gobiernos, empleadores y trabajadores para la elaboración del Derecho internacional del trabajo.

El tripartismo, principio fundador de la Organización, que fue formulado por vez primera por la Delegación británica de la Comisión de Legislación Internacional del Trabajo, permitió a la OIT ocuparse de los problemas «más reales para la mayoría de personas de todo el mundo». Las tres llaves simbólicas se utilizaron con ocasión de la ceremonia inaugural del nuevo edificio de la OIT el 6 de junio de 1926. Para construir y decorar la nueva Oficina, se contrató a más de 60 empresas y escultores.

Como secretaría permanente de la Organización, la Oficina Internacional del Trabajo elabora regularmente informes que, a menudo, se publican en varias lenguas, para uso de los Estados miembros y los interlocutores sociales (empleadores y trabajadores) de la OIT, así como de los investigadores y el público en general. Además de la publicación de informes sobre el trabajo, el artículo 396 del Tratado de Versalles encarga a la Oficina Internacional del Trabajo que, en el marco de su mandato, recabe y difunda «todas la información relativa al ajuste internacional de las condiciones de trabajo y de la industria». La OIT publica asimismo el acta de los trabajos de la sesión anual de la Conferencia Internacional del Trabajo y de las tres reuniones anuales del Consejo de Administración, así como la Revista Internacional del Trabajo, que se dedica a los problemas del mundo laboral.

Durante el decenio de 1920, la OIT comenzó a enviar e instalar corresponsales a las regiones de actividad más intensa para facilitar el desarrollo de sus operaciones en todo el mundo. Durante los primeros años, las funciones de los corresponsales eran comunicarse con los ministros locales de Trabajo y las organizaciones patronales y sindicales; responder a las demandas locales de información; organizar visitas; vender publicaciones; y mantener a la sede de Ginebra informada de la evolución de los temas laborales en la región. En nuestros días, el radio de acción de los funcionarios sobre el terreno y de los corresponsales nacionales se ha ampliado y hay oficinas en todo el planeta.

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Los primeros años de la OIT fueron fructíferos: la Conferencia Internacional del Trabajo adoptó convenios y recomendaciones de gran importancia, que fueron ratificados por los Estados miembros.

Como agradecimiento al trabajo realizado por la OIT, se le hicieron una serie de regalos. Uno de ellos fue el fresco mural «La dignidad del Trabajo» de Maurice Denis, en el que aparece Cristo dirigiéndose a trabajadores de hoy en día en un taller de Nazaret y que fue regalado a la OIT por la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos.

Este fresco, de seis por tres metros, diseñado para ser integrado en la estructura del edificio, fue pintado en la casa de Denis y trasladado a Ginebra para ser adherido a los muros y arcos del Centro William Rappard (que en la actualidad alberga a la OMC). Tras permanecer oculto durante decenios, fue redescubierto en 2007 por un grupo de voluntarios y amantes del arte de la OIT y la OMC, y ahora, se expone de nuevo con orgullo.

Albert Thomas, primer Director de la OIT, realizó frecuentes visitas a los Estados miembros para conversar sobre política social al más alto nivel con jefes de Estado y representantes de los gobiernos, con organizaciones de empleadores y dirigentes sindicales. En 1927, durante una misión oficial de dos meses en Escandinavia y los Estados bálticos, visitó una colonia de vacaciones en Letonia, en la que los hijos de trabajadores de Riga podían pasar un tiempo en el campo.

La primera Conferencia del Trabajo de los Estados de América se inauguró en Santiago de Chile el 2 de enero de 1936 como resultado de la propuesta del Gobierno chileno de acoger una Conferencia regional.

En ella participaron 21 Estados americanos miembros de la OIT, así como Costa Rica (representada por observadores). La Conferencia regional, que tuvo un éxito considerable, adoptó resoluciones relativas a los principios fundadores de la seguridad social y sobre los problemas de empleo y desempleo, y pidió que la Oficina emprendiera investigaciones sobre la inmigración y los problemas de los amerindios.

Aunque la Conferencia de Paz de París y el Tratado de Versalles se inspiraron en el Discurso de los «catorce puntos» del Presidente norteamericano Woodrow Wilson, el hecho de que el Senado norteamericano no ratificara el Tratado de Versalles significaba que Estados Unidos no era miembro de la Sociedad de Naciones y, por tanto, tampoco de la OIT. La llegada de la Gran Depresión en el decenio de 1930 suscitó en Estados Unidos un interés creciente por las obras públicas y los programas sociales. La OIT siguió alentando a Estados Unidos a participar en sus actividades. La designación de Frances Perkins como Ministra de Trabajo del Presidente Roosevelt acercó a Estados Unidos a la adhesión y, el 19 de junio de 1934, Estados Unidos, a pesar de no ser miembro de la Sociedad de Naciones, decidió adherirse a la OIT en virtud de la Resolución del Congreso SJ 131, finalmente firmada por el Presidente Roosevelt.

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En 1939, se creó un Comité de urgencia para sustituir al Consejo de Administración si estallaba la guerra. El Consejo Federal suizo había introducido una medida en virtud de la cual las organizaciones internacionales sólo dispondrían de 24 horas para abandonar Suiza en caso de conflicto armado.

Cuando los proyectos de trasladarse a Francia resultaron irrealizables, el Gobierno canadiense aceptó acoger a la Organización en la Universidad Mc Gill de Montreal. El personal que se consideró esencial para las principales actividades de la OIT fue trasladado allí. Tras un viaje de cinco días en tren y autobús a través de Francia hasta Lisboa, Portugal, tuvo que esperar un mes antes de poder embarcar hacia el nuevo lugar de trabajo en Montreal.

A pesar de las dificultades de la Guerra, la Oficina consiguió desempeñar sus misiones habituales.

El traslado le brindó además la oportunidad de consagrarse a la región latinoamericana, donde los programas de cooperación técnica registraron un súbito desarrollo y se convirtieron en parte integrante de las operaciones de la OIT.

Una misión de funcionarios en Chile a mediados de 1942 contribuyó a reorganizar el Sistema de Seguridad Social chileno y a preparar la Conferencia Americana sobre Seguridad Social, que debía reunirse en Santiago poco tiempo después ese mismo año. Los funcionarios visitaron también Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay, con la perspectiva de mejorar las estadísticas sobre el trabajo.

Durante esos años, la OIT fue capaz incluso de innovar en determinadas circunstancias: una consulta de cuatro días organizada en julio de 1943 reunió a expertos de la seguridad social para redactar una carta internacional de la seguridad social, principalmente centrada en el mantenimiento de las rentas y la asistencia médica.

La organización de las conferencias generales de Estados miembros era una tarea (y misión) difícil de realizar en tiempos de guerra, pero, a pesar de todo, pudieron celebrarse dos Conferencias. La primera, una Conferencia especial sin poderes ordinarios, se celebró en Nueva York y Washington DC en 1941. La segunda, la 26 sesión de la Conferencia Internacional del Trabajo, se organizó en Filadelfia, Pensilvania, en la primavera de 1944.

En el orden del día de la Conferencia de Filadelfia figuraban la indemnización de los trabajadores y las políticas sociales en los territorios coloniales, así como la apremiante cuestión de la reconstrucción tras la guerra. La OIT reafirmó sus principios fundadores en la Declaración de Filadelfia, en la que se resalta que el trabajo no es un bien material, que la libertad sindical es indispensable para un progreso sostenible y que la pobreza, allí donde exista, representa una amenaza para la prosperidad de todos. Esos principios debían garantizarse a través del pleno empleo, la formación profesional, unas remuneraciones justas, la negociación colectiva, la seguridad social y medidas que favorecieran la salud profesional y la protección maternal. Estos conceptos era extraordinariamente progresistas, pues debían aplicarse a todos, libres o dependientes; «interesaban a todo el mundo civilizado».

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Las comisiones profesionales, en las que empleadores y trabajadores se reúnen para debatir sobre los problemas y progresos en los distintos sectores profesionales, se instituyeron como concepto en la 91 sesión del Consejo de Administración, de diciembre de 1943. Sin embargo, hasta enero de 1945, no se aprobaron en los ámbitos siguientes: transporte interior, minas de carbón, siderurgia, metalurgia, textil, petróleo y profesiones de la construcción (incluidas las obras públicas). Más tarde, se añadieron comisiones para la industria química, las plantaciones y el trabajo asalariado. Tripartitas por naturaleza, las comisiones profesionales pronto formaron parte integrante de las actividades de la OIT.

El éxito de la primera Conferencia del Trabajo de los Estados de América de 1936 alentó a la OIT a introducir progresivamente las distintas conferencias regionales. Centradas en una región del mundo, las conferencias regionales permiten examinar en profundidad asuntos de interés para la región. La primera Conferencia regional de Asia se celebró en Nueva Delhi en 1947; en 1955, tuvo lugar en Ginebra la primera de Europa y, en 1960, la primera de África, en Lagos.

Con ocasión de la cuarta Conferencia del Trabajo de Asia, celebrada en Nueva Dehli los días 13 a 25 de noviembre de 1957, el Primer Ministro indio, J. Nehru, pronunció el discurso de apertura, en el que resaltó que «en un mundo ideal, todos deberían trabajar y ser a la vez productores y consumidores.

No obstante, en el estado actual de las cosas, ustedes han intentado abordarlas mediante la cooperación y pienso que éste es el modo más satisfactorio de hacerlo». Entre los temas específicos abordados por la Conferencia se incluyeron las profesiones artesanales y las condiciones de trabajo de los aparceros.

El Programa de asistencia técnica de la OIT se inició en 1949 y se prosiguió en 1950 con el Programa ampliado de asistencia técnica de las Naciones Unidas. Los programas de cooperación técnica y mejora de las capacidades de la OIT, que cumplen ahora su 60 aniversario, van dirigidos a países de todos los continentes y en todas las fases de desarrollo económico; ayudan a construir puentes entre la función de creador de normas de la Organización y la gente. Una densa red de oficinas en África, Asia, América Latina, Europa central y oriental y Oriente Medio aporta asesoramiento técnico sobre cuestiones políticas y asistencia para la elaboración y la aplicación de los programas de desarrollo. Los proyectos se ejecutan en estrecha cooperación entre los países beneficiarios, los donantes y la OIT, que mantiene una red de oficinas locales y regionales en todo el mundo. Durante el último decenio, se han invertido cada año un promedio 130 millones de dólares en proyectos de cooperación técnica.

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En ocasiones, se ratifican varios convenios al mismo tiempo, debido a una nueva adhesión o a una retirada seguida de una readmisión en la OIT. Así sucedió con la URSS: miembro de la OIT desde 1934, se retiró en 1940 y volvió a ser miembro tras la Segunda Guerra Mundial, el 26 de abril de 1956.

En 1960, la OIT creó el Instituto Internacional de Estudios Laborales (IIEL), un círculo de reflexión para la investigación avanzada sobre temas relacionados con el trabajo. El IIEL organiza investigaciones, debates y foros políticos y gestiona publicaciones; dispone de un programa anual de cursos de formación que se desarrolla en Ginebra justo antes de la edición anual de la Conferencia Internacional del Trabajo. Los cursos tienen por objetivo ayudar a los participantes a promover una política social activa en sus respectivos países. El Instituto alberga también el Proyecto del Centenario de la OIT, que explora la historia de las ideas, los métodos y los éxitos de la OIT.

El Centro Internacional de Formación de la OIT se creó en 1964. La idea de crear este Centro databa de 1961, cuando la OIT cooperó en la organización de la Exposición Internacional del Trabajo de Turín sobre el tema: «el trabajo humano como factor decisivo del progreso económico y social».

Cuando concluyó la exposición, el Gobierno italiano autorizó la reconversión del pabellón principal de la exposición en un centro internacional de formación técnica superior, destinado a quienes no dispusieran de ese tipo de formación en su país. El Centro de Turín ofrece formación profesional superior e imparte formaciones internas de alto nivel.

El empleo siempre ha sido una preocupación capital de la OIT y se ha convertido en un objetivo central de la estrategia de desarrollo promovida por el sistema de la ONU desde el decenio de 1960. En 1969, el Director General de la Oficina, David Morse, lanzó el Programa Mundial del Empleo (WEP), que estableció un importante programa de investigación y acción con el objetivo de crear empleo, en especial en los países en desarrollo.

En 1969, con motivo del 50 aniversario de su creación, la OIT recibió el Premio Nobel de la Paz por promover la justicia social y la paz entre las Naciones, un valor grabado en la piedra angular del edificio de la Oficina: «Si vis pacem, cole justitiam » (Si quieres la paz, cultiva la justicia).

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Cuando se fundó la OIT en 1919, los únicos Estados independientes del continente africano eran Etiopía, Liberia y la Unión de África del Sur.

Con la ola de descolonizaciones que siguió a la segunda guerra mundial, la OIT hubo de reconocer las nuevas responsabilidades que le conferían esos cambios y desarrollar nuevas técnicas y mecanismos.

Uno de esos avances fue la apertura de la primera Oficina sobre el terreno de África, en Lagos, Nigeria, en enero de 1959; más tarde, le siguieron otras oficinas, como la de Yaundé en Camerún.

Además de formular las normas internacionales del trabajo, la OIT debe comprobar que dicha legislación, una vez ratificada por los Estados miembros, sea correctamente aplicada. En 1926, se instituyó un sistema mediante el cual, cada año, los gobiernos de los Estados miembros presentan informes a la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios (ahora Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones) en los que indican las medidas que han adoptado, en términos de Derecho y en la práctica, para aplicar dichos convenios y supervisar su éxito. La Comisión, formada por un grupo de eminentes juristas designados por el Consejo de Administración, revisa los informes y elabora una lista de observaciones y peticiones directas basadas en el contenido de los mismos. Las observaciones se recogen en el informe anual de la Comisión, mientras que las peticiones directas se comunican a los gobiernos afectados. Hoy, la Comisión está integrada por 20 juristas.

En el decenio de 1960, como el edificio de la Oficina al borde del lago se había quedado pequeño, se decidió venderlo y construir una nueva sede, más grande, en Route des Morillons, en Grand Saconnex.

Tres arquitectos (Eugène Beaudoin, Alberto Camenzind y Pier Luigi Nervi) participaron en el proyecto del edificio, cuyo coste de construcción ascendió a 146 203 099 de francos suizos.

En la 67 sesión de la Conferencia Internacional del Trabajo de 1981, el delegado de los trabajadores polacos, Lech Walesa (del sindicato Solidaridad, que más tarde sería Presidente de Polonia), pronunció un discurso en el que celebraba la autogestión de los trabajadores, la justicia social y la independencia sindical. Su aparición provocó revuelo porque sólo un año antes había encabezado en los astilleros de Gdansk una huelga que había obligado a las autoridades polacas a firmar los Acuerdos de Gdansk. Dichos acuerdos otorgaban a los trabajadores el derecho a organizarse en sindicatos libres e independientes.

No obstante, la proclamación de la ley marcial en Polonia en diciembre de 1981 puso fin a la existencia abierta de los sindicatos, incluido Solidaridad, que entonces contaba 10 millones de afiliados.

En junio de 1982, los delegados trabajadores de Francia y Noruega presentaron una queja contra Polonia por inobservancia de los convenios de la OIT que había ratificado en materia de libertad de asociación y derecho a sindicarse. Se formó una Comisión de investigación, cuyo informe concluyó que Polonia incumplía varios convenios, y se propuso al Gobierno polaco y a los sindicatos que trabajaran juntos para resolver los problemas, pero Polonia notificó oficialmente su retirada de la OIT, medida que fue revocada más tarde. El sueño de los trabajadores polacos de un sindicato independiente y autogestionado se hizo realidad por fin en 1989, cuando Solidaridad recuperó su estatuto legal.

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A la Conferencia Internacional del Trabajo anual se suele invitar a altos dignatarios y Jefes de Estado para que hablen sobre los últimos acontecimientos en el mundo del trabajo en sus países y en el mundo. En 1982, la Conferencia tuvo el honor de contar con la presencia de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, un orador especialmente adecuado debido a su vida previa como trabajador manual y a su deseo de promover la dignidad del trabajo, como expresó en su encíclica Laborem exercens.

El 8 de junio de 1990, en una de sus primeras visitas a una organización internacional tras su puesta en libertad, Nelson Mandela intervino ante la 77ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo. Alabó a la OIT por su "enorme contribución" a la lucha por la democracia y la promoción de los principios democráticos, y añadió que las actividades de la Organización "son elementos importantes en el esfuerzo común de toda la humanidad para aislar y destruir con ello el sistema del apartheid".

En junio de 2007, Mandela recibió ex aequo el primer premio anual a la Investigación sobre Trabajo Decente de la OIT. Recordó su discurso de 1990 y dijo que la OIT continúa "la promoción de los valores que compartimos, los derechos que todos debemos respetar y el ideal de conseguir el progreso sólo a través de un diálogo genuino".

Desde su creación, la OIT se ha dedicado a formular normas internacionales del trabajo para proteger a niños y jóvenes. En 1992 puso en marcha el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) para centrarse de forma intensiva en esta plaga tan generalizada e intentar lograr el cambio a través de la educación, la vigilancia, las inspecciones de trabajo y las medidas de duración determinada para eliminar las peores formas de trabajo infantil.

El junio de 1998, la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo estableció una plataforma social para la economía global. La Declaración insta a los Estados miembros a que promuevan los Convenios fundamentales de la OIT relativos a la libertad sindical y la negociación colectiva, a la eliminación del trabajo forzoso, a la abolición del trabajo infantil y a la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación.

La Agenda de Trabajo Decente, que resume los objetivos de la OIT y guía sus actividades, recibió un importante respaldo de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización. Esta Comisión independiente, creada en 2002 por la OIT para estudiar el modo de ampliar el acceso a los beneficios de la globalización y para garantizar que la globalización contribuya a lograr sus objetivos sociales, estuvo copresidida por Benjamin William Mkapa, Presidente de Tanzania, y Tarja Halonen, Presidenta de Finlandia. El informe de la Comisión, publicado en 2004, identificaba 57 medidas para promover una globalización equitativa y argumentaba que el trabajo decente debería ser un objetivo global, integrado en las políticas tanto nacionales como internacionales. El informe tuvo una amplia difusión e influyó tanto en la formulación de políticas nacionales como en los debates mundiales.

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Desde 1976 se ha celebrado una reunión marítima aproximadamente una vez cada diez años. La 94ª reunión (marítima) de la Conferencia Internacional del Trabajo de 2006 se fijó como meta una tarea sin precedentes: adoptar un Convenio Internacional del Trabajo global que consolidara casi todos los convenios y recomendaciones de la OIT sobre el trabajo marítimo en vigor en ese momento (más de 60 textos) y estableció las condiciones para el trabajo decente en un sector marítimo cada vez más globalizado.

El Convenio entrará en vigor 12 meses después de la fecha en la que se hayan registrado ratificaciones de al menos 30 miembros con un porcentaje total del tonelaje bruto mundial de buques del 33%.

Con la aparición del VIH/SIDA a comienzos de la década de 1980, los centros de trabajo de todo el mundo se enfrentaron a un nuevo reto. Debido a que afecta a la mano de obra y a la productividad, y puesto que es una amenaza para los medios de vida de muchos trabajadores y de las personas que dependen de ellos, el VIH/SIDAes un problema de primer orden en el centro de trabajo. El Programa de la OIT sobre el VIH/SIDA y el mundo del trabajo ha elaborado un repertorio de recomendaciones prácticas con principios fundamentales firmes, entre los cuales destacan la prevención, la educación, la no discriminación de los trabajadores infectados, real o supuestamente, con VIH/SIDA, y la norma que estipula que la información sobre la eventual seropositividad de un candidato a un puesto de trabajo o de un empleado son confidenciales y no generarán prejuicios. Tras aceptar el repertorio de recomendaciones prácticas en 2001, la OIT se unió al Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA), para que la respuesta a este problema fuera más poderosa y cohesionada a través del sistema de las Naciones Unidas.

La igualdad de género es un elemento central de la Agenda de Trabajo Decente de la OIT. La Oficina de Cuestiones de Género de la OIT, volcada en la actualidad en una campaña para aumentar la sensibilidad en esta materia, lucha para garantizar que se capacite a las mujeres económicamente y que reciban el mismo trato en los mercados de trabajo y tengan igual acceso al trabajo decente. El anual Día Internacional de la Mujer ofrece un foro para el debate y las mejoras, y congrega a oradoras de gran importancia e interesantes. En 2009 se celebrará el 10 aniversario del Plan de acción de la OIT sobre igualdad de sexos y tendrá lugar un debate general en la Conferencia Internacional del Trabajo sobre "La igualdad de género: el corazón del Trabajo Decente".

Esta Declaración histórica, destinada a fortalecer la capacidad de promoción de la Agenda de Trabajo Decente de la OIT y a desarrollar una respuesta eficaz a los retos crecientes de la globalización se adoptó por consenso de los Estados miembros, los trabajadores y los empleadores presentes en la 97ª Conferencia Internacional del Trabajo en junio de 2008. La Declaración marca la renovación más importante de la Organización desde la adopción de la histórica Declaración de Filadelfia en 1944. En ella se subraya que los principios fundamentales de la libertad sindical y el derecho de negociación colectiva, la eliminación de toda forma de trabajo forzoso, la erradicación efectiva del trabajo infantil, y la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación, son los principios básicos de la Organización, y se pone de relieve la particular importancia de estos derechos como condiciones que hacen posible la realización de los cuatro objetivos estratégicos de la OIT: empleo, protección social, diálogo social y tripartismo, así como de los principios fundamentales y los derechos en el trabajo.

Una agenda que ocupará a la OIT hasta bien entrado su segundo centenario.

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[1] La versión original de esta presentación fotográfica, elaborada por Jaci Eisenberg en consulta con los Archivos históricos de la OIT, está disponible en www.ilo.org. Esta versión reducida para Trabajo ha sido realizada por Victoria Mortimer. Todas las fotos proceden, salvo indicación en contrario, de los Archivos fotográficos de la Oficina o del Departamento de Comunicación de la Oficina.