La > de Washington la guerra civil Española en los Estados Unidos.

Autor:Merino Morales, Juan Carlos
 
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The > of Washington. Spain/US diplomatic relations during the war

In the United States an avalanche of isolationism was over-whelming any prospect of inducing the American people to agree to a more vital share in world affairs. Congress, having disavowed the World Court, was seeking ways to legislate us out of possible involvement in the next war, which was becoming more and more inevitable.

Cordell Hull

LA NEUTRALIDAD COMO VÍA DIPLOMÁTICA

Los inicios

Después de la I Guerra Mundial, Estados Unidos desarrolló su economía y sociedad de tal forma que se terminó llamando a la década los felices años 20. Todo iba sobre ruedas: se producía, se consumía, aumentaban los salarios y parecía que aquel gran país no iba a encontrar fin a su crecimiento. Y así fue hasta la gran crisis del 29, que hizo que esa sociedad próspera que se sentía invencible e irreductible replantear muchas cosas. Los años de bonanza hicieron que los problemas o bien no se viesen o no se quisieran ver. Pero aquel > de finales de la década provocó no solo que un país cayera en la ruina, sino que empezaran a plantearse cuestiones que la prosperidad simplemente había dejado de lado. Y es que hasta dieciséis años después de la entrada de Estados Unidos en la >, no se empezaron a analizar seriamente las razones que movieron a Wilson a entrar en ella. Para ello se creó en el Senado el Special Committee on Investigation of the Munitions Industry, a cuyo cargo estaba el senador Nye, de ahí que se acabase llamando Comité Nye. Gerald P. Nye, senador por Dakota del Norte, se puso al frente del comité tras ser designado por la mayoría demócrata del Senado y contó con la colaboración de otros seis miembros entre los que estaban Homer T. Bone, Warren Barbour y Arthur H. Vanderberg. Además, como jefe de la investigación actuó Stephen Raushenbush.

El comité se creó tras la elaboración de numerosos informes que demostraban que, en buena medida, entró Estados Unidos en la I Guerra Mundial, debido a la presión ejercida en el gobierno para la industria armamentística estadounidense. Según datos del propio gobierno, en la guerra del 14 perecieron más de 53mil soldados. La creciente tensión que se vivía en Europa en la primera mitad de la década de los años treinta hizo que se buscara una legislación que mantuviera el tradicional aislacionismo de los Estados Unidos. El comité partía de la negativa rotunda de su presidente, el senador Nye a participar en cualquier guerra extranjera sin obviar, claro, el asunto armamentístico. Asimismo al comenzar la investigación advertía: >.

El comité estuvo trabajando dieciocho meses a partir del 4 de septiembre de 1934 tras pasar todo el verano analizando la documentación que tenían en un primer momento. En ese año y medio se celebraron noventa y tres audiencias y se interrogaron a más de 200 testigos, entre los que destacan personajes tan relevantes de la sociedad estadounidense como el banquero J.P. Morgan Jr. o Pierre du Pont de la General Motors. De esta forma la investigación se centró en la industria armamentística, las ofertas de contrato de las empresas armadoras de barcos, los beneficios generados por la I Guerra Mundial y los motivos reales por los que Estados Unidos entró en la >.

El comité contó con el apoyo del Presidente y del Secretario de Estado y puso énfasis en lo relacionado al tráfico de armas (1). Aunque la colaboración obtenida fue total, el comité fue un quebradero de cabeza para Cordell Hull. Debido a las quejas que recibió de otros países como Argentina o Gran Bretaña. En su labor, era habitual que el comité buscase contrastar contratos y acuerdos con otros países por lo que estos se sentían > y elevaban sus quejas a la Secretaría de Estado. En este sentido, cabría destacar la reunión que celebró con Nye a mediados de septiembre cuando le habló del peligro que tenían las investigaciones sobre las relaciones exteriores de los Estados Unidos. Además la opinión que el mismo Hull tenía sobre el comité, XXXXX de aislacionista, debido a que las pesquisas giraban en torno a la idea de que la paz que se quería alcanzar era para Estados Unidos. Una paz que podía conseguirse sin atender a los conflictos exteriores, y declarándose neutral en todas las disputas que pudieran surgir. Esta idea estaba muy presente en la clase política estadounidense y no encontró ninguna oposición en ningún estamento.

Las leyes de neutralidad tuvieron como función principal prohibir todo tipo de comercio de carácter armamentístico con cualquier país que participara en una guerra. En un primer momento el Presidente Roosevelt vio con buenos ojos esta normativa, ya que a finales del mes de agosto del año 1935, Italia se disponía a atacar Etiopía. Con la esencia de la ley, el mayor perjudicado en este sentido iba a ser Italia por ser un país superior, que tenía que transportar materiales y contingentes de guerra hacia el país africano y que tenía mayor capacidad adquisitiva. Un año más tarde, se prorrogó la ley en las mismas condiciones, que no se verían alteradas hasta el inicio de la guerra civil española (2).

18 DE JULIO EN FUENTERRABÍA, WASHINGTON Y LA MORAL

En plena campaña electoral se encontraba Franklin D. Roosevelt cuando le llegaron las primeras noticas del levantamiento armado que se estaba produciendo en España. Las noticias que le llegaban eran confusas en un primer momento. El Presidente no se preocupó en exceso y cedió toda la gestión del conflicto a Cordell Hull.

Desde un punto de vista político la posición aislacionista de los Estados Unidos estaba protegida por la legislación ya analizada. Ninguno de los miembros de la clase política estadounidense había reparado en la posibilidad de un enfrentamiento bélico dentro de un mismo país. Es así que cuando estalló la guerra civil española no había ningún impedimento legal para adquirir armas en el territorio estadounidense.

Ante esta situación el Departamento de Estado no quiso alejarse ni un milímetro de la línea de su política exterior. Durante los primeros días reinó la expectación y la cautela, esperando que el gobierno republicano pudiera encauzar la situación generada por los militares rebeldes aun yendo en contra de las informaciones que recibía el embajador Bowers desde Madrid. Cabe aclarar que en el momento en el que la guerra estalló, Bowers estaba de vacaciones con su familia en Guipúzcoa, y que a cargo de la embajada se quedó su segundo, Hallet Johnson, quien le informaba puntualmente de la situación que se vivía en la capital. En una de sus informaciones, el ayudante del embajador anunciaba que el gobierno republicano había optado por repartir armas entre la clase trabajadora (3). Pero esta no era la única información que recibía Bowers, ya que en un tono más agresivo su encargado de asuntos exteriores, Eric Wendelin, escribía que los comunistas y los socialistas estaban cometiendo actos de depredación (4).

La primera acción que ordenó Cordell Hull el 22 de julio fue la repatriación inmediata de los ciudadanos estadounidenses. Ésta se desarrolló sin ningún problema y junto con el progresivo restablecimiento del orden por parte del gobierno, se empezaron a barajar las distintas opciones que tenía el Departamento de Estado y el propio Roosevelt tenían encima de la mesa. En esta tarea participó de forma activa el embajador Bowers una vez estuvo instalado en San Juan de la Luz, y a través de un destructor, el Cayuga, fue recogiendo estadounidenses de diversos puertos del Cantábrico, como Bilbao o Gijón (5).

Mientras tanto Hull buscaba asesoramiento militar y lo encontró en el almirante William H. Stanley, jefe de las operaciones navales de la Marina de los Estados Unidos (6). De las reuniones que mantuvieron se sacó en claro que el reparto de armas al pueblo había sido un error, ya que no disponían de la formación militar necesaria y eso les hacía más débiles frente a los rebeldes, bien preparados en las largas campañas africanas.

Pero el terreno militar no era el punto que más preocupaba a la administración Roosevelt, sino los intereses económicos estadounidenses en España, especialmente sus dos grandes empresas de automoción, General Motors y Ford en PobleNou, cuyas factorías fueron expropiadas y colectivizadas, para guiar su producción a fines bélicos, aunque más tarde, al ir avanzando los rebeldes, acabaron por vender a estos sus productos (7).

Al mismo tiempo, en Washington Hull discutía con el subsecretario de Estado, William Phillips, sobre el papel que estaba teniendo Italia en los primeros momentos de la guerra. Las informaciones que manejaban eran que Mussolini estaba mandando material militar. Se valoraron las repercusiones que esta asistencia podía tener en la contienda española. Estas noticias se cruzaban con las que llegaban desde Moscú y la afinidad comunista que según ellos estaba tomando el gobierno del Frente Popular en Madrid, con la incursión de comunistas y radicales en los mandos gubernamentales. En este sentido, Phillips consideró las posibili dades de enviar armamento a un bando, a otro, a los dos o a ninguno (8).

El propio Phillips era el mayor aliado que tenía el gobierno republicano en los Estados Unidos y fue el que defendió un mayor compromiso con los leales y la posible ayuda a estos (9). El problema con el que se encontró era la tradición aislacionista de los estadounidenses y el miedo a entrar en una nueva guerra que se desarrollaba a más de cinco mil kilómetros. Pero la pequeña resistencia que podía representar Phillips se desvaneció cuando cesó de sus funciones en el Departamento de Estado a finales de agosto, cuando se le nombró embajador en Italia.

En ese momento el Senado presionaba al Presidente para que proclamase la neutralidad de los Estados Unidos en la guerra civil española. Ideológicamente Franklin D. Roosevelt simpatizaba con el gobierno republicano, pero a la hora de valorar el enfrentamiento desde un punto de vista político, la posible victoria rebelde del general Franco no le suponía ningún problema, y para...

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