Algunas consideraciones sobre las formas de autoría y participación en los delitos sexuales como crímenes de lesa humanidad. La importancia de los presupuestos subjetivos como criterio delimitador de la responsabilidad penal

AutorSilvia Mendoza Calderón
Cargo del AutorProfesora Contratada Doctora de Derecho penal, Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Páginas363-409

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I Introducción

El “Informe de la Secretaría General de Naciones Unidas”, del 13 de enero de 20121, sobre violencia sexual en conflictos armados, habría destacado entre otros hechos, que en el período comprendido entre diciembre de 2010 y noviembre de 2011, en algunos países como Colombia, la Corte Constitucional habría reconocido que la violencia sexual contra la mujer sería una práctica habitual, extendida, sistemática, por parte de todos los grupos armados ilegales enfrentados; que en Côte d’Ivoire durante la crisis que siguió a las elecciones se habría producido un aumento del número

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de casos de violación individual y en grupo, cometidos contra civiles; y que en la República Democrática del Congo, se produjeron violaciones masivas perpetradas contra la población por grupos armados o elementos de las Fuerzas Armadas (FARDC), ya fuera por su presunta colaboración con el “enemigo” o como instrumento para ejercer control económico o político sobre la población.

La violencia sexual relacionada con los conflictos armados según Naciones Unidas se referiría a incidentes o pautas de violencia sexual que se producen en situaciones de conflicto, incluidas situaciones de enfrentamiento político y que guardan una relación directa o indirecta con el propio conflicto (ya sea temporal, geográfica o causal). Aparte del carácter internacional de los supuestos crímenes, que, dependiendo de las circunstancias, constituirían crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad, actos de genocidio u otras violaciones manifiestas de los derechos humanos, se considera que la relación con el conflicto se evidenciaría teniendo en cuenta el perfil y las motivaciones del autor, el perfil de la víctima, el clima de impunidad o la situación de colapso en que se encuentre el Estado en cuestión, las dimensiones transfronterizas o el hecho de que violen lo dispuesto en un acuerdo de cesación del fuego2.

En torno a la realización de crímenes contra la humanidad, aunque durante “el Proyecto de Código de Crímenes contra la Paz y la Seguridad de 1996”3se habían incluido los delitos de violación, abuso sexual y pros-titución forzada, no sería hasta la aparición del Estatuto de Roma cuando finalmente se amplió el catálogo de delitos sexuales previéndose expresamente la esclavitud sexual, el embarazo forzado, la esterilización forzada y cualquier otra violencia sexual de gravedad comparable, ante la variedad de atroces comportamientos a los que habían tenido que enfrentarse los Tribunales Penales Internacionales ad hoc para la antigua Yugoslavia y Ruanda4, siempre que esta serie de delitos se cometiesen dentro de su obligado elemento contextual5.

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En Derecho penal internacional, a pesar del avance que habría significado considerar que estos comportamientos afectan principalmente al bien jurídico libertad sexual de la persona y no solamente al honor u honestidad de las mujeres6, en relación a su interpretación y aplicación habría que destacar que el primer obstáculo consistiría en determinar el auténtico alcance del delito de violación como crimen de lesa humanidad. En este tema, los órganos judiciales habrían partido de la multiplicidad de definiciones legales existentes en los diferentes sistemas penales nacionales, con la intención de hallar pautas interpretativas comunes para delimitar la conducta de violación, y de ello, se habría derivado que el concepto de violación a nivel penal internacional incluiría, tanto supuestos que podrían ser valorados en los distintos ordenes penales nacionales bien como agresión sexual o bien, como abuso sexual.

En segundo lugar, otra cuestión eminentemente conflictiva en este campo ha sido el examen del grado de autoría o participación de los diferentes responsables, ya que precisamente, la delimitación de quién puede ser considerado autor o partícipe en un delito sexual ha sido una de las más controvertidas por parte de la jurisprudencia de los diferentes Estados, y a ello, en el entorno del Derecho penal internacional, debe añadírsele los diferentes criterios de imputación subjetiva que son mantenidos en el Estatuto de Roma.

En el presente estudio se pretende ofrecer una primera aproximación a la doctrina emanada de las últimas decisiones de la Corte Penal Internacional tanto respecto a la delimitación del delito de violación como crimen de lesa humanidad como en relación a la atribución de responsabilidad penal a los principales dirigentes militares o políticos que ordenan, consienten o prolongan la comisión de delitos sexuales en un contexto de ataque generalizado o sistemático contra la población civil. En las diferentes resoluciones examinadas se han aplicado, según los casos, distintas formas de

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intervención: desde autoría directa individual, coautoría, autoría mediata, hasta supuestos valorados bajo la forma denominada “coautoría mediata”.

Por otra parte, en esta materia habría que partir de la problemática que plantea la tradicional consideración de algunos delitos sexuales como “delitos de propia mano” y de la importancia que cobraría el correspondiente análisis del elemento subjetivo (mens rea) en los delitos sexuales como crímenes de lesa humanidad, para evitar casos en los que pudiera aplicarse en última instancia, una responsabilidad del “coautor mediato” que sin valorar adecuadamente los presupuestos subjetivos, raye en una responsabilidad objetiva por el resultado.

II La violencia sexual como crimen contra la humanidad. Su interpretación por la corte penal internacional

El artículo 7 del Estatuto de Roma, por el que se crea la Corte Penal Internacional, establece, que por crimen contra la humanidad, debe entenderse la comisión de una serie de delitos expresamente recogidos en el tipo cuando se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil, con conocimiento de dicho ataque7. Entre esta serie de delitos en el apartado g) de dicho precepto, se contiene la comisión de actos de violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, estelirización forzada, o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable a las anteriores como crimen contra la humanidad8.

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1. El concepto de violación desde el Derecho Penal Internacional

El Informe de la Comisión de Expertos para la Antigua Yugoslavia de Naciones Unidas, de 27 de mayo de 1994 consideró la complejidad de hallar una definición exhaustiva de qué debía entenderse por violación, entendiendo que se trataría de un crimen violento de naturaleza sexual en contra de la persona, pudiendo aplicarse también tal concepto a otras formas de violencia sexual cuando los hechos se realizaran bajo coacción o trato forzado, incluyéndose la mutilación sexual9.

Siguiendo a Kittichaisaree, puede afirmarse que se han producido en los tribunales penales internacionales ad hoc dos corrientes jurisprudenciales en torno a la definición del delito de violación, sosteniéndose bien la existencia de un marco conceptual genérico o bien por el contrario, desarrollándose una definición detallada de las partes del cuerpo implicadas en dichos hechos10.

En el denominado caso “Akayesu”, el Tribunal Penal Internacional de Ruanda siguió la primera de las interpretaciones, valorando al delito de violación como una forma de agresión, cuyos elementos centrales no podían ser recogidos en una descripción mecánica de los objetos y partes del cuerpo involucrados. La violación se definió como “una invasión física de naturaleza sexual, cometida sobre una persona bajo circunstancias coercitivas” implicase o no, la cópula sexual. Incluso se estimó que esta coerción podía ser inherente en ciertas situaciones, como los supuestos en los cuales la víctima se hallaba envuelta en un conflicto armado11.

En cambio, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia en caso “Furundzija” prefirió una aproximación más tradicional, partiendo de “una descripción mecánica de objetos y partes del cuerpo” para definir al delito de violación. En este supuesto, se precisó la violación como “introducción sexual en una cavidad corporal de la víctima, mediante coacción, fuerza o amenaza del uso de la fuerza, contra la víctima o una tercera persona”12.

Continuando con esta última tendencia, en el denominado caso “Foca” el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia consideró que partiendo del obligado respeto al principio Bestimmtheitsgrundsatz, o nullum

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crimen sine lege stricta del examen de los esenciales aspectos comunes del delito en los principales sistemas penales del mundo, se derivaría que el actus reus del crimen de violación13coincidiría con el enfoque mantenido en la definición “Furundžija”14, pero no obstante, se debían incluir además de los supuestos realizados bajo violencia o intimidación, aquellos casos en los que no existiera participación voluntaria...

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