Atención a personas mayores en Alemania: ¿quién cuidará de nosotros?

Autor:Hans von Rohland
Páginas:46-49
 
CONTENIDO
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¿quién cuidará de nosotros?
Alemania ha decidido abordar con antelación suciente los retos que plantea el envejecimiento
de su sociedad mediante la implantación de un sistema obligatorio de seguros para cuidados
de larga duración. Sin embargo, su sistema de pensiones de jubilación sigue sometido a
enorme tensión.
Por Hans von Rohland
ATENCIÓN A PERSONAS
MAYORES en Alemania:
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En abril de 2018, falleció a la edad de 112 años la
persona que por entonces se consideraba la más anciana
de Alemania.
La Sra. Edelgard Huber von Gersdor nació en
Turingia en 1905. El 7 de diciembre de 2017 había
celebrado su 112º cumpleaños con su familia e invitados
de honor, y respondió pacientemente a las preguntas de los
periodistas. Vivió las épocas del Imperio y de la República
© Universität Siegen
de Weimar, el período nazi, la República Federal y
la reunicación de Alemania.
A lo largo de los dos últimos años de su larga
vida precisó asistencia ininterrumpida. La anciana
iba en silla de ruedas, apenas podía ver y tenía
dicultades para oír. Pese a ello, realizó ejercicios
musculares a diario y se interesó por la situación
mundial hasta su fallecimiento.
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servicios de asistencia nanciados a través del citado
seguro, un 56% más que en 2005. Pero cada vez tienen que
pagar más al sistema. Al implantarse el seguro en 1995,
las deducciones salariales eran únicamente del 1%. A
comienzos de 2019, ese porcentaje aumentó en 0,5 puntos
porcentuales, y actualmente las deducciones salariales se
elevan al 3,05%. Aun así son insucientes, y con frecuencia
los familiares tienen que contribuir a sufragar los costos de
los servicios de atención.
Las reformas adoptadas en los dos últimos decenios han
tenido por objeto reducir costos mediante la prestación de
servicios de cuidados a las personas mayores en su hogar
por más tiempo. Ello parece dar buenos resultados; casi
tres cuartas partes de los más de 3 millones de personas
que precisan atención reciben servicios de cuidados en su
propio hogar.
Sin embargo, para algunas personas eso no es viable.
“Las personas con demencia precisan atención
ininterrumpida durante 24 horas al día, y ese servicio es
muy difícil prestarlo en su hogar”, señala la Sra. Angelika
Pfeerer*, que reside en una pequeña ciudad del sur de
Alemania. Madre de dos hijos, cuida también de su madre
de 87 años, con la ayuda ocasional de vecinos y de los
servicios sociales. Después de varios años viviendo una
situación compleja, y a raíz del empeoramiento del estado
de su madre, tomó la difícil decisión de enviarla a un
hogar de ancianos. “Habría tenido que dejar mi trabaj o
para poder cuidar a mi madre en casa”, señala.
Con objeto de ayudar a personas como la Sra. Pfeerer,
Alemania ha implantado recientemente un nuevo plan
social, consistente en el derecho a baja para ocuparse del
cuidado familiar. Sus beneciarios pueden dejar su trabajo,
de forma total o parcial, durante un período máximo de
seis meses. Los trabajadores a tiempo parcial también
pueden solicitar una baja para prestar ese tipo de cuidados
por un período máximo de 24 meses.
En su vecindario, una pareja de médicos jubilados de
alrededor de ochenta años encontró otro tipo de solución.
Cuando su salud decayó gravemente contrataron a dos
trabajadoras de Hungría para que cuidaran de ellos en
turnos de 12 horas. Puesto que gran parte del trabajo de
prestación de cuidados en el hogar se realiza de manera
informal, la cuestión relativa al tipo de protección de
la que pueden gozar estos trabajadores (por ejemplo,
Es difícil recabar información sobre personas
centenarias en Alemania. No obstante, cabe esperar que
dicho país siga la tendencia de Japón. Hace cincuenta años,
en Japón había únicamente 327 personas centenarias; en
2017 contaba con 67 824, la mayor proporción mundial
por habitante.
Japón es mencionado asiduamente por p olíticos y
académicos europeos como ejemplo de la crisis social y
demográca que las próximas generaciones podrían tener
que afrontar en el “viejo continente”.
En países como Alemania y Japón, el efecto de la
disminución de la población, conjugado con la repercusión
de la prolongación de la esperanza de vida, está dando
lugar a una presión generalizada para que los gobiernos
aborden un problema de índole social y nanciera que
constituye una “bomba de relojería”. Entre las cuestiones
que han de afrontarse cabe destacar la disminución de la
mano de obra, la necesidad de trabajadores migrantes en la
economía del cuidado, la posibilidad de utilizar la robótica
como medio de apoyo a los cuidadores humanos o para
sustituirlos, y el aumento de la demanda de servicios
sociales, en particular atención sanitaria y pensiones.
Según el Ministerio de Sanidad de Alemania, la
cantidad de ancianos alemanes que precisan atención
aumentará de 3,30 millones en 2017 a 4,07 millones en
2030, y alcanzará un máximo de 5,32 millones en 2050.
Alemania es uno de los pocos países, además de Japón
y la República de Corea, que ofrece un seguro social para
cuidados de larga duración a sus ciudadanos de edad
avanzada; no obstante, ¿es una prestación sostenible a
largo plazo?
MÁS EXHAUSTIVO Y MÁS CARO
Alemania implantó en 1995 un sistema de seguro global
obligatorio para cuidados de larga duración, destinado
a personas que no pudieran vivir de forma autónoma
durante más de seis meses. Se estableció un régimen
nacional de seguros para cuidados nanciado mediante
deducciones salariales a partes iguales por el empleador y
las cotizaciones personales.
Desde que se estableció ese fondo, la inversión en la
prestación de cuidados de larga duración ha aumentado
sustancialmente. En 2015, los ciudadanos alemanes
gastaron alrededor de 28 000 millones de euros en
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amparados en disposiciones jurídicas sobre horario de
trabajo y obtención de protección social) ha sido objeto de
un amplio debate en Alemania.
FALTA DE CUIDADORES
El debate anteriormente citado obedece en gran medida
a las dicultades que tiene Alemania, entre otros países, a
raíz de la gran escasez de cuidadores.
En Alemania existen más de 13 600 centros de cuidados
que emplean a más de un millón de personas. Según el
Organismo Federal de Empleo, dicho país necesita 15 000
enfermeras geriátricas capacitadas y 8500 auxiliares para
garantizar la prestación de cuidados en el hogar a personas
de edad avanzada. Ello se debe a un motivo muy elocuente:
únicamente hay 21 candidatos por cada 100 vacantes.
La reforma emprendida hace hincapié en la
modernización y en la calidad de los programas de
capacitación, así como en las condiciones de trabajo,
incluido el aumento salarial de los cuidadores.
Otra forma de subsanar las deciencias de los servicios
de prestación de cuidados es atraer a más trabajadores
extranjeros. Sarita Karki, de Nepal, es una de ellas. Trabaja
en la residencia de ancianos a la que Angelika Pfeerer
llevó a su madre.
“Vivo en Alemania desde 2014. Una amiga me propuso
buscar aquí trabajo. En 2015 realicé una pasantía en una
residencia de ancianos. Me gustó mucho el trabajo, así
que comencé en ella mi capacitación profesional”, señala.
Según la Sra. Karki, fue difícil aprender el idioma, pero
arma que siempre le agradó su trabajo. “Ese sigue siendo
el caso actualmente. Mis colegas dicen que nadie acude al
trabajo más motivado que yo”.
El trabajo de prestación de cuidados era algo
completamente nuevo para la Sra. Karki. Según arma, en
Nepal no hay residencias de ancianos porque “las personas
de edad avanzada permanecen en casa con su familia”.
Ella trabajaba para una empresa de logística en Nepal.
“Nunca hubiera imaginado que terminaría trabajando de
cuidadora, o en Alemania, aunque estoy satisfecha con mi
decisión”, arma.
La cantidad de profesionales extranjeros en el sector de
la enfermería en Alemania casi se ha multiplicado por dos
desde 2013, según el Gobierno Federal. En 2017, 128 000
profesionales extranjeros en el sector de la enfermería se
ocupaban del cuidado de enfermos y ancianos, frente a los
74 000 profesionales que había en 2013.
Además de la contratación de profesionales extranjeros,
cabe la posibilidad de recurrir a robots. El robot “Pepper”,
de 1,20 metros de altura, se presentó en una feria de tres
días de duración en Hanover, dedicada a los ser vicios
de atención de personas de edad avanzada. Dicho
robot podría utilizarse en breve en asilos alemanes para
entretener a sus residentes con música y actuaciones, o
impartir clases de gimnasia diarias.
El robot fue diseñado en Francia y programado
por informáticos de la Universidad de Siegen y de la
Fachhochschule Kiel (Universidad de Ciencias Aplicadas
de Kiel) en 2018, durante el Año cientíco alemán
dedicado al futuro del trabajo. Robots como Pepper han
suscitado el debate sobre su utilización en el sector de
la enfermería en Alemania. En Japón, Pepper y otros
robots similares de aspecto humano pueden adquirirse
en el mercado para entretener a personas mayores en
residencias mediante programas de tai chi o concursos.
No obstante, el grado de escepticismo sigue siendo
muy elevado. Al preguntar a la Sra. Pfeerer si le
gustaría que a su madre la atendieran robots, responde
rotundamente que “los robots no pueden re emplazar al
ser humano”.
* El nombre ha sido cambiado para garantizar el anonimato
© Universität Siegen
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© ILO Bangladesh
PRESTACIÓN DE CUIDADOS DE LARGA DURACIÓN EN EL MUNDO
Según el último Informe mundial de la OIT sobre la
protección social, en todo el mundo existe un décit de
servicios de prestación de cuidados de larga duración.
Trescientos millones de personas, es decir, casi la
mitad de la población mundial de 65 años o más, viven
en países sin derecho a ese tipo de cuidados. A escala
mundial, únicamente el 5,6% de las personas de edad
avanzada viven en países en los que los cuidados de
larga duración constituyen un derecho universal. Sin
embargo, el 46,3% de las personas mayores viven en
países en los que existe una gran deciencia de ese
tipo de cuidados, y en los que el acceso gratuito a los
mismos está sujeto a la disponibilidad de recursos
propios, de ahí que la mayoría de la población no pueda
recibir ningún tipo de cuidados de larga duración.
Por otro lado, la escasez de mano de obra puede
dicultar el acceso a servicios de prestación de
cuidados de larga duración. Según la OIT, existe un
décit de aproximadamente 13,6 millones trabajadores
capacitados para prestar ese tipo de cuidados. A escala
mundial, ese décit hace que la cantidad de personas
de edad avanzada que pueden beneciarse de esos
cuidados disminuya en un 50,1%.
Aun en países con derechos universales implantados,
por ejemplo, Alemania y Japón, las personas de edad
avanzada deben contribuir sustancialmente a sufragar
el costo de los servicios de prestación de cuidados
de larga duración. En Alemania, dichas personas
contribuyen directamente, en promedio, al 25% de ese
costo. En Japón, la contribución oscila entre el 10 y
el 100%, en función de la situación de cada persona.
También en los casos en los que las personas de edad
avanzada tienen derecho a recibir cuidados de larga
duración, la falta de nanciación pública para garantizar
servicios de calidad puede privar de esos cuidados a
una gran parte de la población de edad avanzada.
Según la publicación de la OIT “Care work and care jobs
for the future of decent work (“Atención comunitaria y
servicios profesionales de prestación cuidados en aras
del futuro del trabajo decente”), 2 100 millones de
personas precisaron cuidados en 2015, incluidos 1 900
millones de niños menores de 15 años y 200 millones
de personas de edad avanzada. Para 2030, se prevé
que esa cifra se eleve a 2 300 millones de personas,
a raíz de un aumento de 200 millones de personas de
edad avanzada y niños.
© Marcel Crozet/OIT