Informe: La crisis asiática dista mucho de tocar fondo y se prevé un aumento de la pobreza y del paro.

Páginas:6-9
RESUMEN

Según un reciente informe de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) (1), el castigo que la crisis financiera inflige a las naciones asiáticas continuará incrementándose durante 1998, debido, en buena medida, a la falta de unas respuestas políticas adecuadas. Se precisan nuevas iniciativas para paliar los desastrosos efectos sociales del creciente desempleo

 
CONTENIDO

La crisis financiera que azota el continente asiático parece poder resumirse en tres palabras: sufrimiento, sufrimiento y más sufrimiento. Millones de desempleados en los países más afectados; despidos generalizados en los sectores de la construcción, los servicios financieros y la industria manufacturera; generalización del subempleo; contracción drástica de las rentas de los que todavía tienen trabajo. Y lo más trágico, según prevé el informe, la acusada tendencia hacia la reducción de la pobreza observada en estos países en los últimos 20 años, experimentará una inflexión.

Esa lúgubre imagen de la crisis financiera asiática se dibuja en un reciente informe de la OIT titulado "Efecto social de la crisis financiera asiática" preparado para la reunión tripartita de alto nivel sobre respuestas sociales a la crisis financiera en los países del Este y el Sudeste asiáticos, celebrada en Bangkok los días 22 al 24 de abril.

La OIT advierte que "la conjunción de un tremendo e imprevisto sufrimiento social, de una parte, y la falta de asistencia colectiva, de otra, constituye un fértil caldo de cultivo del malestar social".

Para empeorar las cosas, el efecto de estos fenómenos aumentará por la "ausencia de un sistema significativo de seguridad social". La inmensa mayoría de los trabajadores desplazados tienen muy pocas perspectivas de recibir algún tipo de ayuda y habrán de buscarse la vida como puedan. La OIT advierte que "esta conjunción de un tremendo e imprevisto sufrimiento social, de una parte, y la falta de asistencia colectiva, de otra, constituye un fértil caldo de cultivo del malestar social".

El interés se centra en Indonesia, Tailandia

y la República de Corea

El informe de la OIT, basado en los últimos datos conocidos, se centra primordialmente en Indonesia, Tailandia y la República de Corea. Aunque el informe sirvió de documento de trabajo para los gobiernos, sindicatos y organizaciones empresariales asistentes a la reciente conferencia de Bangkok, su mensaje no ha perdido actualidad. A continuación un resumen por países de los resultados del informe:

Indonesia: La tasa de paro prevista para Indonesia en 1998 oscila entre el 8 y el 10 por ciento - esto es, de 7,9 a 9,2 millones de trabajadores - en función de la tasa de incremento del PIB estimada para el año (entre un crecimiento cero y una contracción del 5 por ciento). Esta cifra contrasta con la tasa de desempleo del 5 por ciento registrada en 1996.

A pesar de sus grandes progresos en la reducción de los niveles de pobreza, en 1996 había en Indonesia 22 millones de personas viviendo por debajo de la línea oficialmente establecida de la pobreza. Esta cifra se incrementará sensiblemente a medida que la crisis actual se desarrolle. La inflación y el aumento desproporcionado del precio de los alimentos y artículos de primera necesidad contribuirán a exacerbar la pobreza. En el informe se asegura que "el típico mecanismo de una elevada inflación de los precios de la alimentación, conducente a un aumento de los niveles de pobreza absoluta, parece haber hecho su aparición. Resulta ilustrativo al respecto que la cantidad de arroz que puede comprarse con el salario mínimo diario (5.800 rupias) se redujo de 6,28 kilos en enero de 1997 a 4,76 kilos a finales de diciembre de ese año".

República de Corea: El desempleo aumenta rápidamente en la República de Corea, donde el número de parados aumentó, de 451.000 (2,3 por ciento) en octubre de 1997, a un nivel sin precedentes de 1.240.000 (4,7 por ciento) en febrero de 1998. Los más afectados son los recién graduados y los jóvenes que buscan su primer empleo. Según el informe, "en el último trimestre de 1997, la tasa de paro juvenil se situaba en el 7,4 por ciento para el grupo de edad de 20 a 24 años y en el 11,8 por ciento para el grupo de 15 a 19 años". No se prevé una inflexión de la situación en el futuro cercano. El Ministerio de Trabajo ha revisado recientemente sus previsiones y estima ahora que el número de desempleados rebasará el millón y medio entre marzo y mayo, y que la tasa de desempleo ajustada estacionalmente alcanzará una nueva cota del 7 por ciento."

Al mismo tiempo, los salarios reales, que habían experimentado un acusado incremento durante los últimos 30 años en la república de Corea, se redujeron en un 2,3 por ciento en el último trimestre de 1997. El ingreso real de los núcleos familiares en valores constantes experimentó su primera contracción desde el tercer trimestre de 1981 al reducirse en un 4,4 por ciento,

Tailandia: La situación de pleno empleo existente en Tailandia antes de la crisis tenía su reflejo en la presencia creciente de inmigrantes extranjeros. Sin embargo, a finales de 1997 se estimó que el número de desempleados ascendería a 1.170.000, esto es, alrededor del 3,4 por ciento de la población activa. "Las actuales previsiones del Gobierno son de un incremento del desempleo hasta situarse justo por debajo de los dos millones a finales de 1998, para un porcentaje del 5,6. No obstante, es posible que estas previsiones resulten excesivamente optimistas, dado que se basan en una estimación de crecimiento cero. En efecto, las autoridades tailandesas prevén actualmente una tasa de crecimiento negativa mínima del 3,5 por ciento en 1998.

A pesar de que las previsiones de inflación se sitúan en un 15 por ciento para 1998, muchas empresas han reducido los salarios nominales. Así, los ingresos mensuales de los altos directivos del muy castigado sector financiero se han reducido entre el 10 y el 30 por ciento, al tiempo que se han congelado los salarios de los trabajadores de los niveles inferiores. En otros sectores, la reducción de los salarios y de las gratificaciones anuales - que tradicionalmente han constituido un elemento importante de la remuneración global - "han sido la respuesta común a la coyuntura económica".

Mujeres y migrantes

Su posición desigual en el mercado de trabajo y su concentración en las modalidades más precarias del trabajo asalariado han supuesto para la mujer una mayor vulnerabilidad a la crisis que azota la región. Aunque no existen datos fiables, todo indica que los despidos por razón del sexo son práctica común. La discriminación laboral de la mujer suele llevar aparejada una menor cobertura social, allí donde existe, y menor indemnización por despido. Además, las mujeres afrontan serias dificultades para acceder a créditos y a los programas de promoción en el empleo.

La perspectiva de los trabajadores extranjeros es igualmente sombría. La escasez de mano de obra en las economías de los "tigres" del Sudeste asiático hizo que su número aumentase, de alrededor de un millón en 1980, a 6,5 millones a mediados de 1997. Muchos de estos trabajadores carecen de documentación y están expuestos a ser detenidos y repatriados en cualquier momento. Sin embargo, es improbable que las medidas represivas, por sí solas, contribuyan a cortar el flujo de migrantes clandestinos. Según el informe, "se prevé que el tráfico de trabajadores migrantes clandestinos se incremente" como resultado del aumento de la presión migratoria en los países más afectados.

Una respuesta inadecuada

Frente a la profunda crisis y a pesar de los esfuerzos por controlar sus costes sociales, según el documento de la OIT, "la impresión global es que, hasta ahora, la respuesta ha sido inadecuada".

Aunque se han adoptado medidas para contener el número de despidos y salvar empresas viables con problemas temporales de liquidez a través de la "cooperación activa entre trabajadores y empleadores", aquéllas han influido escasamente en el desarrollo de los acontecimientos. Según el informe, en la República de Corea "los sindicatos de empresa no han podido, en general, negociar soluciones alternativas a los despidos ni mitigar los costes sociales de los mismos", a pesar de los "indicios de que la mayoría de los sindicalistas habrían estado dispuestos a aceptar la reubicación dentro de la empresa o una reducción de salarios si los dueños de los chaebol hubiesen realizado sinceros esfuerzos por reestructurar sus explotaciones y evitar los despidos".

En Tailandia, el bajo nivel de organización en el lugar de trabajo implica que, incluso si la negociación colectiva hubiese servido para encontrar alternativas a los despidos, se habría aplicado a una exigua minoría de la población activa". Por su parte, en Indonesia, los sindicatos "han quedado tan debilitados por la pérdida de afiliación provocada por los despidos" que, siempre según el informe, algunos no han sido capaces de controlar el porcentaje de despidos que han afectado a sus propios afiliados.

Aparte de Corea, donde se están ejecutando diversos programas de fomento del empleo, las medidas de ayuda a los trabajadores desplazados se han limitado en gran parte a los proyectos de obras públicas intensivos en el uso de mano de obra, similares a los antiguos programas de mitigación de la pobreza, que se desarrollaban principalmente en las zonas rurales. "La cuestión fundamental en la crisis actual es saber si estos programas se pueden desarrollar en la medida suficiente y con la rapidez precisa para llegar a una vasta mayoría de personas que puede necesitar ayuda".

En el informe se indica que "el nivel limitado de protección social existente en muchos de los países de la región, especialmente en Indonesia y Tailandia, refleja la política socioeconómica dominante. Durante el período de crecimiento económico sostenido que precedió a la crisis se solía creer que la mitigación de la pobreza sería una consecuencia directa del crecimiento económico. En general, el desarrollo de unos sistemas de protección social basados en la redistribución y la solidaridad no ha constituido un objetivo prioritario. "El ahorro familiar e individual sigue constituyendo la red de seguridad, y la función del Estado a este respecto es relativamente secundaria."

"El ahorro familiar e individual sigue constituyendo la red de seguridad, y la función del Estado a este respecto es relativamente secundaria".

La importancia del diálogo social en la búsqueda de soluciones prácticas y en la desactivación de las mechas del "polvorín social" varía sensiblemente entre los diversos países incluidos en el informe de la OIT. Ciertamente, Corea es el país en que la evolución de unas instituciones vigorosas dentro de la sociedad civil se ha acentuado más en los últimos años". La Comisión Tripartita coreana, creada el 15 de enero por representantes del Gobierno y de las organizaciones sindicales y empresariales, y el Acuerdo Social Tripartito, suscrito el 9 de febrero "se han convertido en ingrediente básicos del desarrollo de unas políticas económicas y sociales diseñadas para contener los costes sociales de la crisis financiera".

Según el informe, han contribuido a esta evolución factores como "la consolidación de la democracia política y civil, reflejada en el triunfo de Kim Dae-Jung, líder de la oposición, en las elecciones presidenciales del pasado mes de diciembre, y el considerable peso político y social del movimiento sindical, evidenciado por las huelgas generales convocadas a principios de 1997".

Por el contrario, en Tailandia, "el nivel de organización sindical es sumamente bajo. Los 245.000 afiliados sindicales en todo el país representan únicamente el 3,5 por ciento de los 7 millones de trabajadores industriales del país, que, a su vez, constituyen únicamente la quinta parte de los 34 millones de personas que constituyen la población activa del país. En las circunstancias actuales, la función que la negociación colectiva podría desempeñar en la reducción negociada de los efectos sociales de la crisis sería meramente simbólica".

Aunque en Indonesia existen estructuras tripartitas, sus antecedentes no avalan, según el informe, "capacidad alguna para afrontar de forma eficaz los graves problemas sociales y laborales generados por la actual crisis financiera".

En el informe se aprecia que en la raíz del problema subyacen las continuas restricciones a la libertad de sindicación. Ni Corea ni Tailandia habían ratificado el Convenio de la OIT sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación (núm. 87), si bien los acontecimientos políticos recientes han inducido a Indonesia a ratificar este convenio.

Lecciones para el futuro

Según el informe de la OIT, la superación de la crisis y del actual nivel de malestar social pasa por aplicar una política dúplice. La primera medida consiste en promover la recuperación económica mediante la introducción de reformas estructurales. Se precisa una serie de medidas técnicas de corrección de diversas disfunciones de los sistemas financieros de los países afectados. Entre las cuestiones que deben abordarse, el informe subraya "la necesidad de aplicar unos instrumentos eficaces de control del nivel de exposición a la deuda externa de los agentes económicos privados, de poner unos límites prudentes a los coeficientes de endeudamiento de las empresas y de desalentar la inversión improductiva y especulativa."

Según el informe, estas medidas son "absolutamente necesarias, aunque en modo alguno suficientes. La crisis ha sido provocada, no solo por la debilidad de las estructuras formales, sino también por la mediatización política del funcionamiento de los mercados. A menos que se controle este último fenómeno, ninguna reforma de los mecanismos reguladores e institucionales rendirá demasiados frutos."

Para reducir el riesgo de futuras crisis, es preciso priorizar la vigorización de las políticas de empleo. Los despidos generalizados de estos últimos meses muestran que una elevada tasa de creación de puestos de trabajo vale muy poco si no se genera empleo sostenible. Como se señala en el informe, "buena parte de los puestos de trabajo perdidos desde el inicio de la crisis correspondían a las actividades vinculadas a unos sectores financiero y de la construcción sobredimensionados."

El desarrollo de los medios de supervisar la reestructuración de las empresas y de facilitar la reubicación de los trabajadores despedidos requerirá un considerable esfuerzo, que supondrá vigorizar la labor de investigación y de análisis de políticas de los ministerios de trabajo, además del establecimiento de una estrecha relación de colaboración entre esos ministerios y los económicos. Habrá que contar con personal cualificado - actualmente escaso - en la elaboración y administración de una política dinámica de trabajo, así como en el diseño y ejecución de unos programas de creación directa de empleo para desempleados y subempleados.

Protección social

Sin embargo, como se apunta en el informe "no es posible separar la búsqueda de soluciones económicas para la crisis del tratamiento de sus consecuencias sociales". Como la época de las altas tasas de crecimiento seguras ha pasado, "se debe perseguir un nivel sustancialmente más elevado de protección social. Del mismo modo que la gran depresión de la década de 1930 forjó un nuevo contrato social en muchos países industrializados, la actual crisis asiática debe inducir la creación de un modelo de desarrollo con una mayor orientación social".

En el informe de la OIT se definen varias áreas que merecen especial atención:

Seguro de desempleo - Este esquema permite "distribuir los costes de mitigar de forma equitativa entre todas las empresas las consecuencias sociales de una crisis, protegiendo así a los más afectados sin distorsionar la competencia entre las empresas. En el informe se asegura que "la experiencia indica que es posible financiar un sistema adecuado de seguro de desempleo mediante una tasa de cotización total de alrededor del 2 por ciento del ingreso del asegurado (...), abonable en partes iguales por las empresas y los trabajadores" y se asegura que "el cobro de las cotizaciones puede iniciarse enseguida".

Garantías de la indemnización por despido - Aunque no es el sistema ideal de protección social de los desempleados, la indemnización por despido es práctica habitual en muchos de los países afectados. El problema reside en que algunas empresas no la abonan. La solución podrá provenir, en parte, de una política represiva más eficaz y, en parte también, del establecimiento de un sistema de garantía de las indemnizaciones por despido que, como el vigente en la República de Corea, se podría combinar con una garantía del pago de los salarios atrasados en caso de quiebra de la empresa". En el informe se sugiere que el sistema "se financiaría con una modesta aportación de la empresa".

Red de seguridad social - Por importante que sea, el seguro de desempleo significa muy poco para quienes buscan su primer empleo, para los trabajadores autónomos y para quienes trabajan en el sector informal. Debe existir una red de seguridad que asegure a las personas incluidas en esas categorías la cobertura de sus necesidades básicas y el sustento de quienes de ellas dependen". Sin embargo, el desarrollo de unos esquemas de asistencia social como el que existe, por ejemplo, en Hong Kong, llevaría años. Esto, sin embargo, no debe servir de pretexto para no hacer nada." Una posibilidad consiste en "ofrecer trabajo en las obras públicas a cambio de un salario de subsistencia." En el informe se reconoce que, si bien ésta es una solución simplista, "es probable que, a corto plazo, sea la única red de seguridad viable en la mayoría de los países azotados por la crisis".

Asistencia sanitaria - "Es preciso ampliar los servicios, universalizar efectivamente el acceso a los mismos, lograr que sean más baratos para el usuario y, para los pobres, obviar costes del servicio." En la política sanitaria deben incluirse medidas "que limiten el grado en que los prestadores de la asistencia sanitaria pueden aprovecharse de una coyuntura inflacionaria y que promuevan la ampliación de la cobertura sanitaria a los trabajadores despedidos".

Pensión mínima - La crisis ha puesto de relieve la débil protección aportada por el ahorro personal. En efecto, muchos han perdido todo lo que tenían al derrumbarse los mercados de valores y quebrar las instituciones financieras, al tiempo que "sólo se han salvado de la devaluación y la inflación los muy ricos y los mejor relacionados." Aunque todos reconocen la dificultad de desarrollar un sistema de seguridad social que abone prestaciones periódicas, las tendencias demográficas hacia un envejecimiento progresivo de la población hacen que "los países que no se esfuercen ahora por introducir un sistema de pensiones van a experimentar serios problemas el siglo próximo. El problema se puede abordar creando "una pensión mínima básica" (...) financiada con los presupuestos generales. Por razones financieras, "la admisión en el sistema se debe basar, tanto en la edad, como en los ingresos. En el documento se añade que el límite de edad tendría que ser bastante elevado - por ejemplo, por encima de los 70 años - y que el límite de los ingresos tendría que ser bastante modesto - superior a la línea de la pobreza, pero no mucho - con el objeto de garantizar un nivel de subsistencia a las personas que no pueden obtenerlo por otros medios."

Sector informal - Los millones de trabajadores del sector informal disfrutan de escasa o nula protección social. Se les puede ayudar, bien implantando un sistema universal de pensiones, bien "buscando medios alternativos de financiar la asistencia sanitaria que reciben". Aunque no existen soluciones fáciles ni rápidas, "los gobiernos decididos a avanzar en esta dirección pueden lograrlo si abordan el problema simultáneamente en ambos sentidos, esto es, colaborando en la creación de amplios esquemas de seguros mutuos, al tiempo que incrementan progresivamente la cobertura del seguro obligatorio y mejoran la eficacia de su aplicación.

Grupos vulnerables - En los programas y políticas destinados a mitigar los efectos de la crisis "se deben tomar en consideración las necesidades específicas de los grupos más vulnerables, como los niños y mujeres trabajadores y los migrantes". En el informe se examinan medidas concretas aplicables a cada grupo.

Normas internacionales de trabajo - La ratificación de los siete convenios fundamentales de la OIT relativos al trabajo forzoso, el trabajo infantil, la discriminación y la libertad de sindicación constituiría, indudablemente, una medida positiva." Particular importancia reviste el Convenio sobre la liberta sindical y la protección del derecho de sindicación (núm. 87). El diálogo social preciso para conjurar el peligro de intranquilidad social precisa la existencia de "unos sindicatos libres, potentes y representativos que defiendan los intereses de los trabajadores y se constituyan en interlocutores válidos de los empleadores, las organizaciones empresariales y los gobiernos. El informe lamenta que "sin embargo, la realidad es que, en los tres países más afectados por la crisis - como en otras naciones de la región - estas condiciones no existen".

* * * * *

(1) Efecto social de la crisis financiera asiática. Informe técnico para ser debatido en la Reunión tripartita de alto nivel sobre respuestas sociales a la crisis financiera en los países del Este y el Sudeste asiáticos, Bangkok, 22-24 de abril de 1998. Oficina Regional de la OIT para Asia y el Pacífico, Bangkok, ISBN 92-2-111093-1.

El texto se encuentra en Internet: http://www.ilo.org/public/english/60empfor/cdart/pub.htm.