Las mujeres en Asia: Las últimas en ser contratadas, las primeras en ser despedidas.

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Manila, Filipinas - Actualmente, en toda Asia son legión las mujeres cuyas historias reflejan que han sufrido el latigazo de la crisis financiera asiática.

A modo de ejemplo, mencionemos a una mujer filipina que trabajaba como secretaria en una empresa de alquiler de automóviles y que aguardaba esperanzada un futuro brillante junto a su marido y sus cinco hijos antes de que el peso filipino se derrumbara en 1997.

Hoy, en paro y recientemente enviudada, recorre los bloques de oficinas vendiendo galletas, con una ganancia de 150 pesos (menos de cuatro dólares) por paquete. Su mercado está limitado a las grandes oficinas, ya que en ellas la gente puede permitirse estos pequeños lujos. A veces consigue algún trabajo administrativo que le permite aumentar sus ingresos. Confía en poder conseguir algún día "un trabajo estable con unos ingresos fijos para poder mantener a mi familia, ya que ahora estoy sola".

Mientras tanto, en los suburbios de Bangkok, en expansión constante, Ratchanee M. se prepara para pasar otra larga jornada en su automóvil. Si consigue vender una póliza de seguro, ganará la comisión que mantendrá a flote a su familia durante otro mes. En caso contrario, además de otra jornada frustrante de trabajo, la situación será aún más grave. Antes de la crisis, Ratchanee y su marido tenían dos casas y dos fuentes de ingresos, y formaban parte de la clase media en ascenso de Tailandia.

Actualmente, la empresa de su marido no tiene personal ni contratos. La anterior empresa de Ratchanee cerró sus puertas, su nuevo trabajo apenas tiene un salario simbólico y sus dos casas están en venta. La devolución de los créditos sobre las casas y el negocio de su marido se ha tragado los ahorros familiares, afirma Ratchanee: "Gasté todo lo que tenía en la familia".

Infrarremuneradas, subestimadas y subempleadas

Estas mujeres, y muchas más, han soportado el azote de la crisis financiera asiática. Los cierres de empresas y la tasa de desempleo sin precedentes se han cobrado muchas víctimas entre las mujeres, más que entre los hombres. Un nuevo informe de la Oficina Regional de la OIT para Asia y el Pacífico señala que las desventajas y la discriminación que padecen las mujeres en el mercado laboral las hacen más vulnerables a acontecimientos tales como la crisis financiera regional. A medida que las empresas caían o quebraban, las mujeres se tambaleaban bajo la carga combinada del recorte de gastos, la disminución de ingresos y la desaparición de mercados, al tiempo que luchaban por cubrir las necesidades básicas de sus familias.

Incluso en los países que eludieron la crisis, la pobreza es de base femenina. Sobrerrepresentadas en la agricultura, donde los niveles de ingresos son menores, y aprendiendo apenas lo justo para cubrir sus necesidades personales en el sector no estructurado, las mujeres están desproporcionadamente representadas en el panorama de la pobreza.

En una reciente consulta regional mantenida por la Oficina Regional de la OIT para Asia y el Pacífico para examinar los avances realizados desde la Cuarta Conferencia sobre la Mujer en Beijing, los representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores de más de veinte países tomaron nota de que, pese a que se han conseguido algunos avances, todavía hay un inmenso abismo que separa a las mujeres de esta región de la verdadera igualdad.

La reducción de empleo y las tragedias familiares

La crisis financiera ha arruinado las vidas de millones de personas en la región asiática. En el caso de las mujeres, ha hecho aún más pesada la carga de satisfacer las necesidades básicas de sus familias. "Con unos ingresos domésticos en disminución, y con la reducción de los gastos estatales en infraestructuras sanitarias y sociales, la enorme responsabilidad de las mujeres a la hora de cubrir las necesidades básicas familiares ha pasado a ser particularmente penosa" señala el nuevo informe de la OIT. La pérdida de empleos, según el informe, ha empujado a muchas mujeres "a volverse hacia el sector no estructurado o a los ingresos procedentes del campo, con lo que tienen que hacer frente a un menor nivel de renta y a mayores cargas para sí mismas, sus hijos y sus padres, y muchas veces para sus maridos, que han perdido su empleo en el sector estructurado".

La crisis ha enfrentado a las mujeres con el desempleo y con el empeoramiento de las condiciones de trabajo. Aunque es posible que la tasa de desempleo femenino no haya sobrepasado drásticamente la de los hombres a consecuencia de la crisis, en algunos países, como Filipinas, el desempleo femenino experimentó un ascenso de hasta el 15% en comparación con el 12% de los hombres. En la República de Corea, aunque el desempleo femenino es menor que el masculino (5,8% comparado con el 8,5%), la tasa de participación de las mujeres en la mano de obra descendió al 4,4%, mientras que la de los hombres permaneció prácticamente constante. En el trabajo regular, el empleo femenino descendió un 20%, frente a un 6% masculino. En Indonesia, aunque la tasa de desempleo femenino aumentó en menor medida (14%) que la masculina (27%), los ingresos de las mujeres descendieron más que los de los hombres, un 6% frente a un 4%.

Y, como señala el informe, la crisis puede haber sido aún más dura para las mujeres cuyas historias no se reflejan en los datos: las que trabajan en el sector no estructurado. "Aunque que el empleo y los salarios del sector no estructurado se han visto negativamente afectados por la crisis, probablemente ha resultado más afectada aún la demanda de producción, si bien no puede evaluarse. Es muy probable que la crisis financiera haya afectado particularmente a una gran mayoría de las mujeres de los países en desarrollo de la región, entre ellas, las que se dedican a trabajos agrícolas, artesanía tradicional, telares, ventas y trabajo doméstico en las zonas urbanas". El impacto de la crisis en los más vulnerables también ha alcanzado a los trabajadores migrantes y a las niñas. Al obligar a los niños y niñas a abandonar la escuela para ponerse a trabajar, en Filipinas el impacto parece haber sido mayor para las niñas que para los niños y, en Indonesia, el descenso de las tasas de matriculación escolar de las niñas ha sido superior que el correspondiente a los niños.

Incluso en los países que escaparon de la crisis, la vida de las mujeres es dura. Los niveles de ingresos son menores en la agricultura y otras actividades afines, donde las mujeres están sobrerrepresentadas. En 1995, en Pakistán, el 67% de las mujeres trabajaban en la agricultura, frente al 44% de los hombres; en Camboya, la cifra era del 79% en comparación con el 71%; en Nepal, el 91% frente al 75% y en Bangladesh, el 78% frente al 54%.

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PRINCIPIOS COMUNES:

CONCLUSIONES DE LA CONSULTA REGIONAL ASIÁTICA

La mejora de los datos, medidas para ayudar a los trabajadores migrantes y a las niñas, redes de seguridad social y un mejor acceso a la formación y los servicios fueron algunas de las necesidades destacadas por los participantes en una declaración general de principios comunes que orientará el trabajo en curso de la OIT en la región. Entre los aspectos planteados cabe citar:

• promover la igualdad de oportunidades de empleo;

• ratificar y aplicar las normas internacionales de trabajo;

• elaborar datos sobre las diferencias de género y las nuevas oportunidades de empleo;

• acceso de la mujer a la escolarización, la formación, los créditos, los recursos y los mercados;

• cuidado de los hijos y condiciones de trabajo flexibles;

• medidas para ayudar a los trabajadores migrantes, incluidos "hogares de acogida" y acuerdos bilaterales;

• ampliar la legislación laboral para que incluya a los trabajadores domésticos;

• evaluación monetaria del trabajo no remunerado;

• conversaciones con instituciones financieras internacionales para proteger a las mujeres de la carga del ajuste estructural;

• concienciación sobre la igualdad de género como formación impartida al personal de la OIT y otros organismos y participación de las mujeres en todas las etapas del trabajo de cooperación técnica;

• redes de seguridad social y organización de las mujeres en el sector no estructurado;

• cambio de actitud con respecto a las cuestiones de género;

• legislación para luchar contra la violencia en el lugar de trabajo;

• acceso equitativo a las prestaciones de la seguridad social;

• garantizar que la legislación proteccionista no perjudique a las mujeres;

• apoyar a los empleadores que tienen en cuenta las situaciones familiares y animarles a fomentar la igualdad; y

• apoyar la representación de las mujeres en la estructura tripartita y otros órganos de decisión.

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¿Está mejorando la situación?

Pese al sombrío panorama de la pobreza de la mujer y su vulnerabilidad en tiempos de crisis, en la reunión de Manila se señaló que hay signos de que la situación está mejorando, aunque lentamente. Por ejemplo, entre 1990 y 1997 el desnivel en la participación en la mano de obra por géneros se redujo en un 2% en Indonesia, República de Corea, Malasia, Filipinas y Singapur; en un 3% en Australia y Hong Kong, China. El informe señala la importancia de las medidas económicas y sociales para alcanzar la igualdad en este terreno.

"Por sí solo, el crecimiento económico orientado al mercado parece insuficiente para alcanzar la igualdad de género en el mundo del trabajo, debido a que los factores culturales predominantes impiden avanzar hacia la igualdad y debido a la necesidad de aplicar políticas para transformar el potencial económico en un reparto equitativo de los beneficios", señala el informe. A falta de políticas de apoyo, serán los hombres, más que las mujeres, los que se beneficiarán del crecimiento económico.

En lo que respecta a la legislación, el informe observa que se han producido avances en una serie de países, incluida la nueva normativa sobre el acoso sexual y una tendencia gradual a apartarse de una legislación proteccionista y a encaminarse hacia otra que promueva la igualdad de oportunidades de empleo.

En un mensaje leído en la sesión inaugural, el Director General de la OIT, Juan Somavia, señaló que, de acuerdo con el informe, se han realizado avances a escala regional hacia la emancipación económica de las mujeres.

"Pero es importante subrayar que crear más empleo para la mujer no debe comprometer la calidad y que, para garantizar la igualdad de género, el crecimiento económico debe ir mano a mano con la mejora laboral", afirmó, señalando que se tomaría especialmente en consideración este aspecto en el periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas previsto para junio del año que viene. En este periodo de sesiones se examinarán los progresos realizados en los cinco años transcurridos desde Beijing (proceso que se conoce como "Beijing + 5").

"Todavía estamos a años luz de los objetivos que nos hemos fijado", señala la Secretaria de Vivienda del Gobierno filipino, Karina Constantino-David. "La situación general es que las mujeres siguen marginadas y discriminadas en todas las partes del mundo".

Al describir la plataforma de acción de Beijing adoptada en la Conferencia como "una brújula que nos señala la dirección de una sociedad mucho más equitativa", la Directora Regional de la OIT para Asia y el Pacífico, Mitsuko Horiuchi, instó a los participantes en la consulta regional a adoptar estrategias que permitan alcanzar estos objetivos: proteger los derechos humanos de las mujeres y las niñas, erradicar la pobreza femenina, eliminar la violencia contra las mujeres, fomentar la autonomía económica y suprimir los obstáculos a las funciones desempeñadas por la mujer en la vida pública.

"En realidad, la igualdad de género es otra formar de denominar a la justicia", señaló Horiuchi. "La discriminación por razón de sexo es injusta, es inaceptable y se produce por la única y exclusiva razón de haber nacido mujer". Citó algunas de las mejoras obtenidas en la región -entre ellas, los empleos generados por el crecimiento económico y un creciente reconocimiento de que el acoso sexual en el lugar de trabajo constituye una violación de los derechos humanos de la mujer- y, no obstante, afirmó que la crisis financiera asiática ha revelado el lado oscuro de la mundialización y el riesgo especial que corren las mujeres.

Los preparativos del periodo extraordinario de sesiones de Beijing + 5 nos recuerdan la necesidad de redoblar los esfuerzos para aplicar la plataforma de acción de Beijing, señala la ex senadora filipina Leticia Ramos Shahani. "No obstante, pese a nuestros esfuerzos más ímprobos, a veces nos sentimos desbordadas por la ingente labor que aún queda por hacer en el ámbito de los derechos de la mujer y de los problemas asociados de pobreza, desempleo y discriminación." Incluso en ese caso, según señaló la Sra. Shahani, no debemos perder la esperanza y debemos recordar que los cambios de actitud y las reformas estructurales avanzan con lentitud.

Penelope Ferguson, OIT Bangkok e informes OIT.

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(*) "Hacia la igualdad de género en el mundo del trabajo en Asia y el Pacífico", informe técnico para debate en el proceso de consulta regional asiática sobre el seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujeres, Manila, 6-8 de octubre de 1999, Oficina Internacional del Trabajo, Oficina Regional para Asia y el Pacífico ISBN 92-2-111854-1, Bangkok, septiembre de 1999.