El reposicionamiento de América del Sur en el mundo globalizado

AutorFélix Vacas Fernández - Juan Manuel Rodríguez Barrigón
Páginas43-76
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El fin de la Guerra Fría marca el inicio de una etapa nueva en la
que, por comparación a las largas décadas precedentes, se produce
una transformación fundamental derivada del hecho de que Latino-
américa pierda su gran relevancia geoestratégica para la política
exterior de los Estados Unidos. No cabe duda de que esta situación
reconforma en buena medida las condiciones en las que los Estados
buscarán un acomodo en el contexto internacional que se renueva
con la desaparición de un esquema fundamentado sobre dos grandes
bloques político-militares. Sin embargo, ha contribuido en buena
medida a la necesidad de buscar elementos de cooperación e inte-
gración que reanimen procesos de construcción regional que de
forma general se identifican como latinoamericanos.
Ciertamente, son variados los factores que han contribuido a la
identificación de América Latina como un área regional dentro del
Continente, pero en la comparación de etapas anteriores sobresale
entre ellos el creciente desinterés de los Estados Unidos por un es-
pacio sobre el que históricamente ha manifestado numerosos inte-
reses estratégicos. Exceptuando de forma particular de este plantea-
miento a México y a los Estados Centroamericanos, el resto de
Latinoamérica se ha visto inmersa en transformaciones de orden
político y económico que han impulsado una evolución destacada en
los últimos años del siglo XX, y que empieza a orientar resultados en
estos primeros años del siglo XXI.
Desde una perspectiva económica, se constata en estos momen-
tos el agotamiento del modelo que desde los años 30 venía propug-
nándose de forma general hasta la década de los 80 y que, como se
Capítulo 2
El reposicionamiento de América
del Sur en el mundo globalizado
LAS RELACIONES EXTERIORES DE LA COMUNIDAD IBEROAMERICANA DE NACIONES
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sabe, se fundamenta en la sustitución de las importaciones por la
industrialización. Sobre estas bases se guiaron los procesos de inte-
gración que se pusieron en marcha, que pretendieron estimular el
desarrollo mediante el estímulo del comercio entre los Estados que
participaban en los mismos y el aprovechamiento a su vez las eco-
nomías de escala, las economías externas y la especialización de la
producción 1. En estas condiciones, se hacía imprescindible realizar
reformas sustanciales que posibilitasen una mejor inserción de las
economías latinoamericanas en los escenarios internacionales.
La generalización del modelo de economía de mercado entre los
Estados latinoamericanos se consolida de forma paralela a las trans-
formaciones de los regímenes políticos hacia sistemas democráticos.
Esto facilita la impulsión de un sistema económico basado en la
apertura y la liberalización que tiene su formulación más depurada
en el llamado «Consenso de Washingon» destinado a impulsar el
crecimiento económico en América Latina 2. Sin embargo, ya en la
década de los 90 se ponen de manifiesto severas deficiencias en el
mismo, fundamentalmente por el impacto negativo que las medidas
contempladas estaban produciendo en la distribución de la riqueza,
lo que obligaba en buena medida a repensar un modelo que debe
incorporar necesariamente objetivos como la lucha contra la pobre-
za, la educación o la modernización del Estado 3. En esta línea, la
atención de estos problemas no queda encorsetada en el marco
estatal, sino que precisa de una acción colectiva que pasa necesaria-
1 CEPAL, Integración y cooperación regionales en los años ochenta, Santiago,
CEPAL, 1982.
2 Como se sabe, bajo esta denominación se conocen las tesis formuladas por el
economista John Williamson en 1989 que se concretaron en un listado de medidas de
carácter económico que habrían de inspirar las políticas desarrolladas por los Estados
latinoamericanos, así como a instituciones financieras como el Fondo Monetario Inter-
nacional, el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo. De forma sintética,
estas medidas deberían basarse en la disciplina fiscal, el establecimiento de prioridades
en el gasto público, la reforma del sistema impositivo, la liberalización de los tipos de
interés, adecuar los tipos de cambio, la liberalización del comercio, la supresión de las
restricciones a las inversiones extranjeras, la privatización de empresas públicas, la des-
regulación de los mercados y la protección de la propiedad privada (puede verse en
http://www.iie.com/publications/papers/paper.cfm?ResearchID=486).
3 Puede verse el análisis más amplio en esta perspectiva de CASILDA BÉJAR, R.,
«América Latina y el Consenso de Washington», Boletín económico de ICE, Información
Comercial Española, nº 2803, 2004, pp. 19-38.
EL REPOSICIONAMIENTO DE AMÉRICA DEL SUR EN EL MUNDO GLOBALIZADO
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mente por la reactivación de los procesos de regionales o subregio-
nales, imprescindibles para facilitar una mejor posición negociadora
con otras regiones del planeta. Bajo ese impulso se han apreciado
nuevas características que obligan a reformular el regionalismo para
acomodarlo a los nuevos contextos internacionales, tal y como se
analizará seguidamente.
Pero tampoco escapa a esta influencia transformadora una ma-
teria tan relevante en las relaciones interamericanas como son la se-
guridad y la defensa. El final de la Guerra Fría constituye un punto de
inflexión crítico para la reformulación de estos componentes en el
ámbito latinoamericano, con importantes consecuciones pacificado-
ras, especialmente en Centroamérica. Sin embargo, también se plan-
tean exigencias nuevas que no sólo deben ser contempladas por su
relación con las nuevas amenazas y riesgos para la seguridad, sino
también por la introducción de una concepción multidimensional de
alcance amplio. Ciertamente, no es una percepción aislada, sino que
se encuentra vinculada a la progresiva consolidación de modelos de
organización política de carácter democrático, lo que ha tenido im-
portantes consecuencias sobre las estructuras organizativas de las
defensas para su sumisión al poder civil 4. Afrontar de forma colectiva
estos desafíos ha generado una progresiva securitización de objetivos
en los diferentes marcos de cooperación e integración que existen en
América, con la consiguiente pérdida relativa de interés por una se-
guridad hemisférica, de modo que esta se observa de forma muy
diferente por los Estados por la diversidad de planteamientos sobre
las amenazas y riesgos en que se pueden ver envueltos. Aun así, y a
pesar de la reconducción de elementos de la seguridad a campos
tradicionalmente comprendidos en el campo del desarrollo o de la
gobernabilidad, en los que la participación de estructuras civiles es
fundamental, lo cierto es que existe un peligro latente de someter a
modelos militares la solución de problemas específicos como la lucha
contra el terrorismo o el narcotráfico, del que existen claros exponen-
tes en Colombia o México, e incluso en los Estados Unidos.
Si la seguridad fue un componente fundamental de la construc-
ción hemisférica, junto a ciertos inevitables aspectos económicos, la
4 RIAL ROADE, J. y BARRACHINA, C., «Los Ministerios de Defensa en América
Latina y las consecuencias de la multidimensionalidad de las amenazas», América Latina
hoy: Revista de ciencias sociales, Vol. 42, 2006, pp. 131-159.

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