América Latina y México: la migración en el contexto de la globalización

Autor:Yolanda Correa Castro
Páginas:79-135
 
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Introducción

Hasta aquí hemos presentado la propuesta teórico-metodológica que guiará la exposición. A nivel macrosocial retomamos el análisis de la dinámica de la globalización neoliberal que ha subsumido a la economía mundial para, posteriormente, presentar la teoría migratoria que nos acercará a la complejidad de este fenómeno social en el contexto global, ?nalmente expusimos el debate al interior del posfeminismo y la academia respecto a la categoría de género.

Ahora nos interesa desarrollar el estudio de la migración en el marco de las transformaciones actuales de la organización social latinoamericana. En este capítulo abordaremos el estudio de la migración en México como un fenómeno histórico, multicausal y dinámico, en tanto participan en su conformación factores económicos, políticos, culturales, sociales, históricos, regionales y, sobre todo, de género. El estudio de la migración es complejo pues varía en el tiempo y el espacio y por ello es heterogéneo. Así, analizaremos las tendencias que tiene la fuerza de trabajo femenina y particularmente los cambios que se dan en las relaciones de género entre mujeres y hombres que deciden migrar.

Desde la globalización planteamos cómo se ha transformado la composición del espacio en México y América Latina, cómo se ha generado una nueva dinámica económica, geopolítica y cultural, también, la metamorfosis del Estado y sus relaciones con la sociedad, las visiones sobre el desarrollo y en particular la vida de las mujeres. Si en América Latina en la década de los setenta el desarrollo se había promovido para hacerlo factible para la mayoría de la población, en la siguiente década hay un cambio sustancial: la equidad y la inclusión quedaron olvidadas en la reestructuración económica del mundo.

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El capitalismo, al impulsar e imponer la uni?cación del mercado mundial, ha sometido a Latinoamérica a su dinámica territorial de desarrollo desigual y de inclusión-exclusión. Los analistas a?rman que por primera vez en la historia dicho modelo económico avanza de manera separada a la construcción e integración de la nación. Este nuevo capitalismo neoliberal debilita y desarticula a las instituciones que inicialmente favorecieron su formación y consolidación para per?lar ahora diferentes estrategias económicas y políticas que respondan a las nuevas condiciones del mercado mundial. Atrás quedaron los planteamientos de un desarrollo económico-social incluyente y equilibrado.

Se trata de considerar el fenómeno de la migración dentro de la dinámica socio-cultural, así como los cambios cuantitativos y cualitativos que están ocurriendo en el conjunto de la sociedad, simultáneamente a la internacionalización y transnacionalización de las relaciones sociales y culturales, articuladas a las condiciones de trabajo y a la propia vida cotidiana que se expresan en diversas formas glocales. La revolución en la comunicación y la intensi?cación de los intercambios ha permitido vincular y estrechar las conexiones entre los migrantes y sus localidades, originando verdaderos espacios sociales transnacionales. Personas, objetos, mensajes, símbolos y tradiciones se han internacionalizado para dar paso a la presencia de la multiculturalidad en la familia, la escuela, el trabajo, la iglesia, así como en diversas expresiones reales y virtuales de la vida diaria que se mani?estan en formas híbridas y complejas des/reterritorializadas.

Espacialmente las ciudades y las regiones van tendiendo a articularse al intercambio comercial, social y cultural sin la mediación del Estado. En el mercado global la competencia está llevando a las naciones vecinas a regionalizarse por medio de bloques comerciales vinculados básicamente a la exportación y a la liberación comercial. Es importante señalar que la consolidación de los bloques comerciales se per?la más allá del intercambio comercial para proyectarse, como en el caso de la Unión Europea, en la libre circulación de personas y una ciudadanía común, situación que no está ocurriendo en América Latina ni tan siquiera a través del Tratado de Libre Comercio ?rmado por México, Estados Unidos y Canadá.

Lo anterior apunta a un nuevo orden mundial que exige reformas globales económicas, culturales, políticas y laborales. Dicho análisis nos plantea interrogantes respecto a México y América Latina, por ejemplo: ¿qué implican para América Latina estos cambios?, ¿qué tipo de cambios culturales se están dando?, ¿qué estrategias políticas y económicas están realizando los diversos gobiernos para enfrentar o entrar a esta nueva dinámica mundial?, ¿qué implica para los trabajadores y los sectores populares?, ¿qué papel juega la migración internacional en esta novedosa estructura mundial?; y, ¿qué consecuencias traen para las mujeres pobres y trabajadoras estos cambios?

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En el presente capítulo analizamos las respuestas que México ha dado a los procesos de la globalización en el marco de la regionalización de América Latina. Para ello, tomamos ciertos indicativos que nos permitan observar y analizar la experiencia latinoamericana, como los cambios culturales las reformas económicas y políticas seguidas por estos países para integrarse y competir en el terreno de la economía global, así como la nueva división internacional del trabajo. Ante estos cambios estructurales es importante considerar las condiciones de vida de la mayoría de la población.

Hay que aclarar que por la diversidad y heterogeneidad de esta región es prácticamente imposible hablar de cada una de las experiencias, por lo que en esta exposición presentaremos algunos efectos, medidas y estrategias que comparten varios países de Latinoamérica, aclarando que estos rasgos adquieren sentido solamente en el contexto socioeconómico y político de cada país, el cual a su vez está in?uido por los cambios globales. Después nos centraremos en la experiencia mexicana, en sus transformaciones socioeconómicas, en los efectos sobre la población y en particular sobre las mujeres, para ?nalizar exponiendo la situación de éstas en los movimientos poblacionales nacionales e internacionales.

Regionalización y globalización

El modelo de desarrollo alcanzado en el mundo en el periodo de la posguerra estuvo concluido a mediados de la década de los setenta. La economía mundial, inmersa en crisis cíclicas y globales, se caracterizó por la inestabilidad y recesión en todos los ámbitos, resultado del debilitamiento de las condiciones económicas, tecnológicas y sociales. Respecto a América Latina, en los años ochenta se experimentó un crecimiento lento y pobre, producto del agotamiento del modelo de desarrollo de la industrialización por sustitución de importaciones, algunos economistas e historiadores llamaron a este periodo “la década perdida” de América Latina debido al estancamiento de las condiciones económicas, políticas y sociales. Y en particular al compararla con la fuerza que expresaba la economía asiática inclinada a la exportación, especialmente la de los llamados “Tigres asiáticos” (Japón, China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Malasia).

América Latina durante cuatro décadas impulsó un modelo de desarrollo cimentado en la industrialización por sustitución de importaciones sustentada en un mercado oligopólico cerrado, protegido y regulado nacional y regionalmente. Esta visión de desarrollo reforzó la centralización de los sistemas políticos en gobiernos rectores estrechamente articulados al desarrollo económico y bienestar social. El estancamiento

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económico y social de los años ochenta se acompañó de fuertes in?aciones, de rezago en el Producto Interno Bruto (PIB), escasez de la inversión, alarmantes índices de desempleo, declinamiento y baja salarial y un grave crecimiento de la deuda externa, llegando inclusive a la bancarrota virtual del Estado en algunos países.

En los años ochenta, con la crisis de América Latina, se agota este modelo de desarrollo relativamente cerrado a la presencia internacional, promovido por la gestión de un Estado centralista y burocrático encargado de transferir parte del excedente social para la promoción del modelo de industrialización sustitutivo, para con ello canalizar gran parte de sus recursos sociales. Es indudable que en su momento el Estado sirvió como elemento estructurante del capitalismo. Efectivamente, con la depresión de los años treinta y la Segunda Guerra Mundial países como Brasil, México, Argentina, Chile y Uruguay, que contaban con una infraestructura productiva, procedieron a orientar su economía hacia las actividades industriales dirigidas a cubrir el mercado interior. Esto fue posible gracias a un Estado promotor, protector y rector del desarrollo industrial, un Estado centralista que ponía las reglas y formas de dirigir la sociedad y la economía.

Para ?nes de los años ochenta y principios de los noventa América Latina lleva a cabo la liberalización de sus economías y replantea sus vínculos con los sistemas del comercio multilateral. La primera medida implicó dos cosas: quitar la intervención del Estado y realizar reformas en materia ?scal, ?nanciera, laboral y en la inversión extranjera. Se buscaba la ?exibilización de las operaciones comerciales y disminuir el proteccionismo de tipo nacionalista para favorecer el intercambio. Se trató de favorecer cambios estructurales internos y regionales, pues a su vez se esperaba permitieran que los capitalistas nacionales superaran sus visiones de producción y comercialización tradicionales y así compitieran en el ámbito internacional.

Se pretendió en teoría, según Puyana (2003), promover un proceso de desarrollo industrial con mayores niveles de productividad, propiciar un ambiente adecuado para la inversión nacional y extranjera, elevar la tasa de formación de capital, reducir el desempleo y a?anzar la estabilidad económica. De acuerdo con el análisis de Bustos (1994), los Estados nacionales y...

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