Allanar el camino para que salgan de la pobreza las personas con discapacidad intelectual

RESUMEN

Millones de personas con discapacidad intelectual y sus familias resultan afectadas, de forma desproporcionada, por la pobreza y la exclusión económica y social. En marzo de 2010, el Programa de Cooperación OIT-Irish Aid reunió en Lusaka a representantes de varios países de África oriental, Australia y el Reino Unido en una conferencia de tres días dedicada a examinar las oportunidades de formación y empleo para las personas con discapacidad intelectual que buscan trabajo, al igual que para los trabajadores no discapacitados, en sus comunidades, y con ello allanar el camino para salir de la pobreza.

 
CONTENIDO

LUSAKA – Jacqueline Minchin trabaja de auxiliar administrativo a tiempo parcial en las oficinas del instituto Penglais en Aberystwyth, Gales. “Me encanta ir a trabajar. No faltaría ni un día. Me agrada la diversidad de tareas que tengo que hacer y saber que las hago bien”, afirma. Además del trabajo, acude como voluntaria una mañana por semana a una guardería local para jugar con niños en edad preescolar.

Jacqueline es también una atleta con síndrome de Down. Practica sobre todo la natación. Ha participado en los Juegos Paralímpicos en los últimos veintitrés años. El pasado otoño, Jacqueline ganó las medallas de oro, plata y bronce en los Campeonatos Europeos de Natación, celebrados en Mallorca (España), como representante del equipo de Gran Bretaña.

Quincy Mwiya, de Livingston (Zambia), tiene también una discapacidad intelectual. Es miembro del Consejo de Inclusión Internacional (Inclusion International), una federación internacional de organizaciones de base familiar que defienden los derechos de las personas con discapacidad intelectual y a sus familiares. También es miembro, con auto representación, de la red africana para las discapacidades del desarrollo (ANDD) y miembro de la asociación de Zambia para niños y adultos con trastornos del desarrollo (ZACALD).

Tanto Jacqueline como Quincy deseaban viajar a Lusaka para compartir sus experiencias sobre el papel primordial que desempeña el trabajo en sus vidas y para garantizar que las voces de otras personas con discapacidad intelectual se escuchen. Y lo hicieron cuando se dirigieron a los casi 80 asistentes a la conferencia. Con demasiada frecuencia las personas con discapacidad intelectual son invisibles y sus historias no influyen en las decisiones que afectan a sus vidas.

“Mi sueño es ver que las personas con discapacidad intelectual forman parte de la solución a los muchos problemas a los que se enfrentan, y que no se deja a nadie fuera”, dice Quincy.

Con sus historias, Jacqueline y Quincy instaron a que los demás los reconocieran en primer lugar como personas (como hijas, hijos, vecinos, compañeros de trabajo) y en segundo lugar como personas con intereses (deporte, baile y activismo comunitario).

También pidieron que se reconociera que, aunque tal vez ellos aprenden de forma diferente, pueden hacer sus propias aportaciones exclusivas a sus familias y comunidades. Lo más importante es que quieren lo mismo que los demás.

Pobreza y exclusión - una historia mundial

Las personas con discapacidad intelectual y sus familias suman 130 millones en todo el mundo. En África hay entre 10 y 15 millones de personas –de una población de más de 800 millones– con discapacidad intelectual. Debido a la estigmatización y la discriminación, la mayoría de los afectados vive en la pobreza y el aislamiento.

Durante décadas, incluso en los países desarrollados, los esfuerzos para promover la inclusión y las oportunidades de las personas con discapacidad intelectual en todos los aspectos de la vida de la comunidad han encontrado numerosas barreras, algunas muy resistentes al cambio. A escala mundial, las personas con discapacidad intelectual –más que cualquier otro grupo, incluidas las personas con otros tipos de discapacidad– presentan tasas de desempleo superiores y están excluidas de la educación, el empleo, la asistencia sanitaria y otros servicios generales, así como de la integración en sus comunidades.

Las familias suelen prestar el apoyo principal a estas personas, ya sean adultos, niños o adolescentes.

El cuidado de los miembros de la familia con discapacidad intelectual por adultos productivos significa que uno o ambos progenitores no pueden acceder a un empleo remunerado o deben trabajar menos horas o renunciar a la promoción profesional.

Esto propicia el círculo vicioso de la pobreza y la exclusión.

"Los servicios de apoyo dirigidos al desarrollo de cualificaciones para el trabajo y las oportunidades de empleo para esta población son excesivamente escasos en numerosos países de África”, explica Gerry Finnegan, director y representante de la OIT en Malawi, Mozambique y Zambia. “Todos los días nos llegan noticias de la lucha que mantienen las personas con discapacidad intelectual o sus familias para integrarse, conseguir los apoyos que necesitan, encontrar un lugar en la escuela o conseguir un puesto de trabajo”.

“Tener acceso al lugar de trabajo, en particular, plantea un importante reto para las personas con discapacidad intelectual”, sostiene Barbara Murray, especialista en temas de discapacidad de la OIT.

“Nos queda mucho camino por recorrer”, añade.

"El miedo, la actitud y los conceptos erróneos de los empleadores, entre otros, sobre las personas con discapacidad continúan presentando barreras a su plena participación en todos los ámbitos de la sociedad. Llevará muchos años acabar con este modo de pensar”.

El camino adelante

No obstante, las cosas están cambiando poco a poco. Hay razones para el optimismo. La entrada en vigor de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CRPD) en 2008, que muchos países africanos han ratificado o suscrito, marcó el comienzo de una nueva era de oportunidades. Junto con el Convenio de la OIT núm. 159 sobre la readaptación profesional y el empleo (personas inválidas) y otras iniciativas internacionales, regionales y nacionales, hay instrumentos para conseguir mejoras significativas en las vidas de las personas con discapacidad intelectual y sus familias.

La Convención de las Naciones Unidas señala un cambio drástico con respecto a las prácticas del pasado, al incluir varias disposiciones relativas al trabajo y el empleo que exigen a los países que ofrezcan oportunidades de formación y empleo a las personas con discapacidad que buscan trabajo al igual que a los trabajadores sin discapacidad. Las personas con discapacidad intelectual tienen derecho a beneficiarse de las disposiciones de la CRPD al igual que las personas con otros tipos de discapacidad.

No obstante, a menudo no se encuentran en una buena posición para beneficiarse de la prioridad que concede la CRPD a la inclusión. El objetivo de la conferencia de tres días era cambiar esta situación reuniendo a gobiernos, interlocutores sociales, organizaciones de la sociedad civil y organizaciones internacionales para que examinaran cuestiones comunes, en particular, la formación para personas con discapacidad intelectual y su preparación para el trabajo.

Un resultado de particular éxito fue la Declaración de Lusaka sobre Personas con Discapacidad Intelectual: Lograr de Participación Plena en la Formación y el Empleo. La Declaración es una recopilación de las ideas y sugerencias de los participantes en la conferencia y los defensores de las personas con discapacidades para respaldar conjuntamente la visión y los valores de las personas con discapacidad intelectual. En ella se reconocen además los principales desafíos y se ofrecen recomendaciones para su aplicación. El conjunto de recomendaciones especifican acciones concretas que deben emprender los gobiernos, los empleadores y sus organizaciones, los sindicatos, las ONGs y los grupos de padres en el ámbito de la discapacidad.

La Declaración proporcionará un marco para la acción en esta materia en los próximos años.

"El intercambio de experiencias personales, el análisis de las buenas prácticas en el apoyo a las personas con discapacidad intelectual en entornos de trabajo integrados, así como la participación de las ONGs y de los representantes de los empleadores no sólo contribuyeron a animar y motivar a hombres y mujeres con discapacidad intelectual, sino que también ofrecieron oportunidades para una cooperación duradera", asegura la señora Murray.

“La visión a largo plazo del Programa de cooperación OIT-Irish Aid consiste en ayudar a promover las oportunidades de trabajo decente para las personas con cualquier tipo de discapacidad en el mercado de trabajo abierto”, señala Murray. “Sabemos por experiencia que con una formación adecuada y unos puestos de trabajo apropiados para sus cualificaciones, intereses y capacidades, las personas con discapacidad pueden contribuir positivamente al lugar de trabajo. El trabajo no sólo les ayuda, a ellos y a sus familias, a contar con medios para cubrir sus necesidades básicas, sino que también desarrolla su dignidad y amor propio”.

Acerca del programa de cooperación OIT-IRISH AID

Es una iniciativa que financia proyectos específicos sobre discapacidad en determinados países de África meridional y oriental. Uno de los proyectos, “Promover la Empleabilidad y el Empleo de las Personas con Discapacidad mediante una Legislación Eficaz” (PEPDEL por sus siglas en inglés), examina la legislación y las políticas en materia de formación y empleo con el objeto de aplicarlas de manera eficaz. El proyecto “Promover el Trabajo Decente para Personas con Discapacidad a través de un Servicio para la Inclusión de la Discapacidad” (INCLUDE) fomenta la plena participación de personas con discapacidad en los programas y servicios principales de formación profesional, desarrollo empresarial, empleo y microfinanciación.

Historias de éxito

Cada una de las historias que describen las personas que figuran a continuación es un vivo ejemplo de que tener una discapacidad no impide participar plenamente en las comunidades a las que pertenecen. En la actualidad, gracias a su denodado esfuerzo y confianza, no sólo se defienden por sí solas, sino que también sirven de modelo para otros hombres y mujeres con discapacidad intelectual.

“Soy una atleta”

Jacqueline Minchin, 33 años

Reino Unido (Reino Unido) - Gales

Jacqueline trabaja a tiempo parcial como auxiliar administrativo en las oficinas de un instituto. Además del trabajo, acude como voluntaria una mañana por semana a una guardería local para jugar con niños en edad preescolar.

Es también una atleta especializada en natación.

El pasado otoño, Jacqueline ganó las medallas de oro, plata y bronce en los Campeonatos Europeos de Natación, celebrados en Mallorca, España, como representante del equipo de Gran Bretaña.

“Soy un defensor de nuestra causa”

Quincy Mwiya, 34 años

Zambia

Quincy es miembro del Consejo de Inclusión Internacional.

Representa a la región correspondiente a África y el Océano Índico. También es miembro, con auto representación, de la red africana para las discapacidades del desarrollo (ANDD) y miembro de la asociación de Zambia para de niños y adultos con trastornos del desarrollo (ZACALD).

Con la ayuda de ZACALD, ANDD, la Asociación noruega para las personas con discapacidades (NFU), Inclusión Internacional y el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (DESA), Quincy ha podido asistir a la reunión del Comité AD HOC sobre la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en Nueva York. Su presencia en el proceso como participante con auto representación fue decisiva, en particular para África.

“Soy oficinista”

Rajab Bakar Simba, 39 años

República Unida de Tanzania

Rajab trabaja temporalmente en la Asociación de Zanzíbar para Personas con Trastornos del Desarrollo (ZAPDD), en la que realiza tareas de jardinería, limpieza y, a veces, fotocopias. Es miembro de ZAPDD desde 2004. Su pertenencia a ZAPDD le ha ayudado a conocer sus derechos humanos y las destrezas para afrontar las actividades de la vida diaria, conocimientos que transmite ahora a otras personas con discapacidad.

Rajab está muy interesado en tener un puesto de trabajo permanente que le permita ganar lo suficiente para contribuir a la economía familiar. En la actualidad, vive en las casas de sus hermanos y hermanas, a pesar de que algún día le gustaría casarse y tener su propia familia.