La actividad aseguradora

Autor:Darío A. Sandoval Shaik
Páginas:31-54
 
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CAPÍTULO I
ASPECTOS GENERALES DE LA ACTIVIDAD
ASEGURADORA
I. La actividad aseguradora
1. Dimensión socio–histórica
A) Perspectiva histórica
El contrato de seguro como es conocido en la actualidad se origina
como fenómeno relacionado a las nuevas condiciones de vida de los
países industrializados, a lo largo de los últimos doscientos años. La
combinación de factores demográficos, sociales, financieros, culturales
y filosóficos favorecieron la búsqueda y la creación de nuevos
instrumentos de protección, tanto para la atención de necesidades
inmediatas, como para reparar los perjuicios económicos producidos a
las personas por sucesos inexorables, aunque predecibles, y por ello,
asegurables12. Desde la aparición del hombre sobre la tierra, el ser
humano ha buscado, además de su sustento, la protección de sus bienes
y de su entorno familiar y social, por tanto, la noción de seguridad es
consustancial a la de ser humano.
El seguro es una actividad que reduce el temor del hombre ante la
incertidumbre e inseguridad que rodean su integridad personal y sus
12Y. LAMBERT–FAIVRE, Droit des assurances, 9ª. ed., París, Dalloz, 1995, p. 3
LAS CONDICIONES GENERALES DE CONTRATO DE SEGURO Y SU CONTROL
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bienes (riesgos sobre los que no tienen control, que le amenazan y –de
producirse– le originarán gastos y/o pérdidas patrimoniales). El origen
y evolución del seguro son paralelos a la evolución de la historia y al
desarrollo del comercio. La mayoría de las modalidades del seguro
nacieron como mecanismos de protección de las actividades
comerciales y, con el desarrollo de la sociedad, surgió la necesidad de
proteger la vida creando productos de seguro destinados a la cobertura
de riesgos tales como: enfermedad, invalidez, accidentes, vejez, muerte
etc. La historia del seguro se remonta a las antiguas civilizaciones
donde ya se realizaban actos que representaron los orígenes del sistema
actual sistema de Seguros. Babilonios e hindúes fueron probablemente
quienes practicaron las formas más arcaicas de seguros. Estos primeros
acuerdos eran reconocidos con la denominación de Contratos a la
Gruesa y principalmente se efectuaban, entre los banqueros y los
propietarios de los barcos. Usualmente, el dueño de un barco tomaría
prestados los fondos necesarios para comprar carga y financiar un viaje.
El contrato de préstamo a la gruesa declaraba que si la carga o el barco
se perdía durante el viaje, el préstamo se entendería como cancelado.
Lógicamente, era muy elevado el costo de este contrato; no obstante, si
el banquero financiaba a propietarios cuyas pérdidas resultaban más
altas que las estimadas, este podía perder dinero. Los primeros rastros
del seguro de vida se encuentran en antiguas civilizaciones, tal como
Roma, donde era habitual por parte de las asociaciones religiosas,
recaudar y repartir fondos entre sus miembros en caso de muerte de
alguno de ellos. Con el desarrollo del comercio durante la Edad Media
tanto en Europa como en el Cercano Oriente, se hizo ineludible
garantizar la solvencia económica en el evento de que se produjese un
desastre de navegación. Los seguros generales (seguros sobre la
propiedad y patrimoniales), comenzaron a desarrollarse desde el siglo
XIV con el auge del seguro marítimo13, en el que se protegía a los
13 Como pusiera de relieve R. URÍA, “el seguro marítimo es más antiguo que

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