12 de junio. Día mundial contra el trabajo infantil

Páginas:25-29
RESUMEN

En el Día mundial contra el trabajo infantil que se celebra este año se hará hincapié en el trabajo infantil peligroso y el trabajo seguro para los jóvenes cuya edad les permite trabajar legalmente. Casi la mitad de los 152 millones de víctimas de trabajo infantil, a saber, 73 millones, realizan un trabajo arduo y peligroso. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, en particular su Meta 8.7, no se alcanzarán a menos que se desplieguen mayores esfuerzos para luchar contra la esclavitud moderna y el trabajo infantil. Jean-Luc Martinage proporciona a continuación información relativa a un proyecto de la OIT en Madagascar

 
CONTENIDO
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revista TRABAJO
NÚMERO ESPECIAL DE 2018
DÍA MUNDIAL
CONTRA
EL TRABAJO
INFANTIL
Niños que realizan trabajo doméstico
casi en condiciones de esclavitud
En el Día mundial contra el trabajo infantil que se celebra este año se hará hincapié en el trabajo
infantil peligroso y el trabajo seguro para los jóvenes cuya edad les permite trabajar legalmente.
Casi la mitad de los 152 millones de víctimas de trabajo infantil, a saber, 73millones, realizan
un trabajo arduo y peligroso. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas,
en particular su Meta 8.7, no se alcanzarán a menos que se desplieguen mayores esfuerzos
para luchar contra la esclavitud moderna y el trabajo infantil. Jean-Luc Martinage proporciona a
continuación información relativa a un proyecto de la OIT en Madagascar.
Fotografías: Marcel Crozet
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Madagascar
SYLVIE, 10 AÑOS DE EDAD:
“PREFERIRÍA IR A LA ESCUELA”
Salvo por su privilegiada ubicación, no valía la pena
volver a dirigir la mirada hacia la fábrica de ladrillos
que habíamos visitado. La fábrica se encuentra a
las afueras de Antsirabe, junto a la carretera N7,
una de las arterias de comunicación que unen
el sur de la isla con la capital de Madagascar. Al
regresar a Antananarivo divisamos pequeñas guras
que transportaban ladrillos sobre su cabeza. Al
acercarnos, constatamos que eran niños.
Centramos la atención en una niña de 10 años
llamada Sylvie. Trabajaba con su madre y su hermana
mayor cinco días a la semana, de 6 de la mañana
a 5 de la tarde, transportando cargas promedio de
ocho ladrillos. Al pesar un ladrillo comprobamos que
pesaba 2,6 kg. Es decir, el cuello de Sylvie sopor taba
un peso total de más de 20 kg. Su madre armó
que los niños transportaban 200 ladrillos diarios, al
tiempo que los adultos cargaban 500. Se les pagaba
9 ariary (0,0028 USD) por cada ladrillo.
La madre señaló a otros dos hijos pequeños que tenía,
mientras permanecían encaramados a una roca bajo
el sol en mitad de la fábrica de ladrillos. Armó que no
estaba satisfecha con la situación, pero la familia es
tan pobre que no tenía otra opción. Ocialmente, sus
hijos van a la escuela. Pero en realidad, hablamos con
ellos en un día laborable en horario escolar.
Esperábamos ser expulsados en cualquier momento
por un capataz. Pero no vino nadie, como si la
situación fuera absolutamente normal para todo
el mundo. Charlamos también con otros niños de
tan solo 6 años de edad, que realizaban a la vista
del público las peores formas de trabajo infantil,
expuestos a un elevado nivel de riesgo.
Sylvie nalmente conó en nosotros. Señalando
su cuello, dijo al intérprete que “llevar todos estos
ladrillos a veces duele”.
También reconoció algo que lo resume todo: “En
realidad, preferiría ir a la escuela”.
ANTSIRABE, Madagascar – Se llama Nivo.
Tiene 16 años. Era muy joven cuando abandonó
a su familia, asolada por la pobreza, para ir a
trabajar como empleada doméstica en Antsirabe,
localidad de aproximadamente 200.000
habitantes situada en Hautes Terres, a 170km al
sur de la capital malgache.
Desde el amanecer hasta el anochecer, Nivo
realiza todas las tareas domésticas (lava platos,
hace la colada, cocina y limpia) y cuida del ganado.
Percibe únicamente 40.000 ariary (12USD) por
mes, aunque solo se queda con 5.000 (1,50USD),
puesto que remite el resto del dinero a su familia,
a la que no ve desde su llegada a Antsirabe. Nivo
arma que jamás ha ido a la escuela.
Cuando hablamos con ella sobre su futuro,
Nivo se muestra escéptica. “Quién sabe lo
que ocurrirá. No tengo ninguna oportunidad
porque no sé leer ni escribir”, dice con tristeza.
Señala que la tratan bien, aunque para ella sería
difícil armar lo contrario con sus empleadores
escuchando nuestra conversación a tan solo
varios metros de distancia.
Con objeto de evitar situaciones como la
de Nivo, la OIT puso en marcha en Antsirabe
un programa para mejorar la situación de los
trabajadores infantiles domésticos y brindarles
Nivo
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acceso a programas de formación vocacional. Lalaina
Razanapera, Directora de la ONG “Sarobidy” (“preciado”,
en malgache), encargada de la implantación del proyecto,
ha impartido formación vocacional a 190niños y ha
sensibilizado a 2.000, y ha contribuido a que 2.500 dejen
de realizar las peores formas de trabajo infantil.
En el proyecto participan las autoridades locales e
inspectores de trabajo. Según un estudio realizado por
la Inspección Laboral en 2015 y 2016, en la zona de
Antsirabe se registraron 500casos de trabajo infantil,
incluidos 250casos de trabajo doméstico.
“Ello obedece a muchos factores”, s eñala Dera
Randrianarivony, inspector de trabajo responsable
de cuestiones relativas al trabajo infantil, y destaca
la pobreza, la mentalidad local y, sobre todo, las
costumbres locales. La tradición cultural “el regreso
de los huesos” obliga frecuentemente a las familias de
la región a celebrar ceremonias cuyo costo no siempre
pueden sufragar, de ahí que decidan enviar a sus hijos
a trabajar para otras personas. “En ocasiones, ello se
convierte en una forma de trabajo en condiciones de
servidumbre”,añade.
El único medio con el que parece contar el Sr.
Randrianarivony es su buena voluntad, casi sin medios
para su llevar a cabo misión. Carece de vehículo y
para desplazarse tiene que llamar a la policía, que le
exige que abone el costo del combustible. En los casos
especícos de trabajo doméstico tiene que hacer frente
a otros obstáculos de índole jurídica. Por ejemplo, no
tiene autorización para acceder a hogares particulares
por no ser ocial de policía facultado para realizar
investigaciones.
Le seguimos mientras se dirige a un gargote, una
pequeña tienda de comida rápida situada cerca de la
estación de tren, tras haber recibido la denuncia de que
en ella hay una niña trabajando. A su llegada, la niña
huye a la parte posterior de la tienda, llorando de pánico.
Se llama Simone. Tiene 12años de edad. Su historia
es, lamentablemente, demasiado habitual en la región.
Sus padres viven en el país pero son tan pobres que la
enviaron a la ciudad para que trabajara para su cuñada.
Simone arma tajantemente que asiste a la escuela
y que solo “ayuda” en la tienda. Pero su relato se ve
desmentido por el hecho de que no es capaz de facilitar
el nombre de su profesor cuando se le pregunta por él, y
porque sus pies están demasiado sucios para una niña en
edadescolar.
No hay mucho que el inspector pueda hacer, salvo
recordar la legislación vigente a los propietarios de
la tienda. Condenar a prisión a sus empleadores o a
sus padres probablemente empeoraría la situación de
Simone, que podría quedarse sin hogar por no existir
ningún centro público que acoja a menores en caso
dedicultad.
Sylvie (a la izquierda)
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La historia de Hortensia, por otro lado, tiene un
nal más feliz. Hortensia tiene actualmente 17años de
edad, y nos relata el inerno que padeció en una casa a
la que la habían enviado para trabajar como empleada
doméstica. Durante dos años realizó todas las tareas
domésticas. Desde las 5 de la mañana hasta las 10 de
la noche limpiaba, cocinaba, iba al mercado y hacía la
colada, y siempre era la última en acostarse. Al ponerse
enferma no recibió ningún tratamiento médico, y de
su exiguo salario mensual de 20.000 ariary (7USD) se
retenía una cuantía por cada error que cometía. Fue
rescatada de tal situación por personal del programa de
formación profesional, con el apoyo de la OIT. Ello le
permitió aprender técnicas fundamentales de ganadería y
agricultura, y actualmente arrienda una pequeña parcela
de terreno en la que cultiva patatas, zanahorias, ajo,
puerros, berzas, maíz y alubias. También cría un lechón
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que se le facilitó en el marco del proyecto al nal de su
fase de formación. Su familia está muy orgullosa de ella.
Lauréat Rasolofoniainarison, Administrador Nacional
de Proyectos en la Ocina de la OIT en Antananarivo,
arma que es fundamental conversar con la familia del
niño. “Los padres nos dicen a menudo que envían a sus
hijos a trabajar, y no a la escuela, debido a su situación
de pobreza. No obstante, el mensaje que deseamos
transmitirles es que, en realidad, son pobres por enviar a
sus hijos a trabajar. Perpetúan un ciclo que no fomenta la
enseñanza ni facilita la mejora de la situación personal”.
Hortensia
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Hay que facilitar el acceso de los jóvenes a la formación y
mejorar la gobernanza de la política de empleo con objeto
de implantar políticas laborales ecaces.
En ese contexto de pobreza, se sigue produciendo
la explotación sexual de niños, que es la peor
forma de trabajo infantil. ¿Qué medidas pueden
adoptarse para evitar que Madagascar sea un
centro de turismo sexual infantil?
Madagascar ha raticado los Convenios núm. 138 y 182
sobre las peores formas de trabajo infantil. Y cuenta con
un plan de acción nacional. Sin embargo, lamentablemente
la legislación solo se cumple en contadas ocasiones y no
se asignan fondos públicos a programas de lucha contra
el trabajo infantil. En primer lugar, es necesario aplicar la
legislación en vigor, con objeto de que la lucha contra las
peores formas de trabajo infantil constituya una prioridad
a nivel nacional. La OIT brindó asistencia al Gobierno
para formular el plan de acción nacional y proporcionó
programas de formación destinados a las principales
partes públicas interesadas, así como a los interlocutores
sociales y a la sociedad. Durante más de diez años la OIT ha
implantado proyectos de cooperación en varias esferas que
sirven de modelo a diversas regiones del país, especialmente
para luchar contra la explotación sexual comercial de niños,
el trabajo infantil doméstico y el trabajo infantil en minas
y en la cadena de suministro de la vainilla. No obstante,
la OIT no puede reemplazar la acción de las autoridades
nacionales o locales, ni la labor de los tribunales.
¿Es aceptable el trabajo infantil en un país como
Madagascar?
No. Seamos francos. Tras el trabajo infantil subyacen
intereses y dinero, así como personas y grupos que se
enriquecen con él. Hay más de dos millones de niños que
trabajan en Madagascar. Muchos de ellos realizan trabajos
que entrañan un grave riesgo a su edad. Eso es inaceptable.
El contexto cultural no lo justica. Se trata únicamente
de una excusa. La labor debe proseguir, con medidas más
ecaces del Gobierno y actividades mejor estructuradas y
más diversicadas a nivel local.
Christian Ntsay
Director de la Ocina Nacional
de la OIT en Madagascar
ENTREVISTA
Christian Ntsay: “La reducción de la pobreza sigue
constituyendo una prioridad para Madagascar”
Sr. Christian Ntsay, usted desempeña el cargo
de Director de la Ocina Nacional de la OIT en
Madagascar, que abarca asimismo las Comoras,
Mauricio y las Seychelles. ¿Qué opina de la
situación socioeconómica de Madagascar?
La reducción de la pobreza sigue constituyendo una
prioridad para Madagascar. A tal efecto, cabe destacar
únicamente dos datos, a saber, que el 92% de la población
del país vive en situación de pobreza, y que uno de cada
dos jóvenes está desempleado. El nivel de inversión es muy
bajo. Todo ello contribuye a perpetuar el ciclo de pobreza.
¿Cómo pueden mejorarse las perspectivas
laborales de los jóvenes?
El 93% de la población trabaja en el sector informal.
Únicamente del 6 al 7% del empleo puede considerarse
“trabajo decente”. Es necesario alcanzar el 10 o el 15% a lo
largo de los próximos diez años. La creación de empleo
exige un tejido económico dinámico y amplias inversiones,
en particular en sectores estratégicos como la industria
agroalimentaria, la minería, el turismo y la construcción.